El presidente tenía en la mano estados como Florida, Texas, Ohio y Carolina del Norte, aunque ninguno de las cadenas de televisión o de los principales diarios estadounidenses se animaba a dárselos al republicano. El candidato demócrata, Joe Biden, no lograba ganar en ninguno de los estados en los que perdió Hillary Clinton en 2016, quizá con la excepción de Arizona.
Conteo desfasado: Los analistas consideraban que el escrutinio final podría extenderse por algunos días debido a que algunos estados “bisagra”, como Pennsylvania, Iowa y Michigan, aún no comienzan a contar los votos por correo.
- En estos comicios, celebrados en medio de la pandemia del Covid-19, más de 100 millones de ciudadanos ejercieron su derecho al voto de manera anticipada ya sea en persona o por correo, una cifra que supone el 72% de todo el voto emitido hace cuatro años.
El recuerdo del 2000: Esta dilatación hacía temer la aparición del fantasma de una elección con un resultado incierto, tal como ocurrió en los comicios de 2000 (Al Gore versus George W. Bush) cuando incluso la decisión de un recuento en el estado de Florida debió saldarlo la justicia.
El factor Supremo: La diferencia con esa elección es que esta vez hay un incumbente en competencia, es decir, Trump, quien además acaba de impulsar el nombramiento de una nueva integrante de la Corte Suprema, con lo que ha inclinado a favor del bando conservador el alto tribunal, lo cual podría ser determinante en una judicialización del proceso electoral.
En términos históricos. Desde 1964 todos los candidatos presidenciales, sean demócratas o republicanos, que ganaron el estado de Ohio llegaron a la Casa Blanca.
- Florida: Desde 1996 ese estado ha votado en cada elección por el mismo candidato que terminó quedándose con la Casa Blanca.
- Texas: Desde 1980 todos los candidatos republicanos han ganado en ese estado del sur.
- Carolina del Norte: En los últimos 50 años, ese estado siempre votó por el candidato republicano, salvo en 1976 y 2008, cuando se inclinó por Jimmy Carter y por Barack Obama, respectivamente.
La batalla por el Congreso. Las cadenas de televisión sí se animaron a adelantar que los demócratas mantendrán el control de la Cámara de Representantes. La lucha por el Senado, en tanto, no estaba definida.
