Hoy, empresas e inversionistas no están pensando sólo en la última línea, sino que están evaluando los costos y riesgos involucrados para llegar a ella. Por lo mismo, el indicador de ventas por empleado no es solo una medida que revela cuánto valor generan las personas que trabajan en ella, sino que muchas veces, lo que hace la diferencia en poder vender o no una empresa.
“Mientras menos empleados, mejor”. Lo he escucho cada vez más en procesos de M&A de empresas medianas. Suena brutal, pero tiene lógica: en Chile y Latinoamérica, la regulación laboral suele sentirse como una camisa de fuerza que se correlaciona con más riesgo operacional, mayor exposición a contingencias y menor flexibilidad para pivotear. En términos aún más mundanos, la legislación hace imposible despedir alguien por hacer mal su trabajo.
El riesgo se traduce en precio, y así, el indicador “ventas por empleado” se transforma en uno crucial a la hora de evaluar compañias para su adquisición. En buena medida, un indicador puro de productividad.
Los datos del Servicio de Impuestos Internos (SII) revelan la realidad de las empresas medianas chilenas: empresas en el rango de US$4,5 millones a US$9 millones facturaron en promedio US$70 mil por empleado en 2024, apenas un crecimiento de 6,3% versus 2023. Peor aún, el segmento de US$9 millones a US$27 millones mostró una caída de 1,1%, llegando a US$78 mil por empleado. Solo las empresas más grandes (> US$ 45 millones ) superan los US$470.000 por empleado (SII, 2024).
La números esconden la heterogeneidad de empresas e industrias, pero son un vistazo a la enorme diferencia de productividad entre tamaños de empresas, y su tendencia.
Volviendo al centro de la discusión ¿cuánta caja genera la compañía por cada puesto, qué tan fácil es escalar sin inflar la estructura y cuánto potencial tiene cada persona adicional? Esa es la pregunta que todo comprador se hace, y dónde la respuesta va asociada en buena medida a la madurez organizacional y tecnológica de las empresas.
Por lo mismo, llevamos 20 años hablando de digitalización para aumentar la productividad; pero hoy el tema es adopción de IA. Y la pregunta clave no es “¿usamos Chat GPT?”, sino ¿cuánta productividad capturamos?¿Cual es el retorno sobre la inversión en nuevas tecnologías? La evidencia es abundante en como nuevas herramientas y proceso modernizados impactan la productividad. Incluso McKinsey está evaluando las habilidades de sus candidatos en el manejo de herramientas IA para decidir si deben ser contratados o no.
El problema es que Chile suele liderar rankings en IA más por iniciativas destacadas que por adopción empresarial real. Según el Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial (ILIA) 2025, Chile encabeza la región, seguido por Brasil y Uruguay. Pero esta posición refleja principalmente infraestructura y políticas públicas, no necesariamente de adopción en el mid-market (US$5–50 millones).
Ahí la realidad suele ser otra: datos dispersos, procesos no estandarizados y dependencia de “personas clave” que llevan el negocio en su cabeza. Mientras tanto, el mercado laboral ya refleja el cambio: la demanda por habilidades de IA en avisos laborales llegó al 4% del total en 2024.
Por eso, la madurez digital y adopción de IA se está transformando en una vertical de evaluación, por que tiene una relación directo con la productividad y ventas por empleado. No porque la IA sea magia, sino porque lo que no está resuelto lo pagará el nuevo dueño: inversión en datos, ciberseguridad, rediseño de procesos, entrenamiento y cambio cultural. Es como comprar un restaurante con permisos atrasados: puedes ver el potencial, pero sabes que el día 1 trae costos y fricción para poder operar.
Hoy, empresas y inversionista no están pensando sólo en la última línea, sino que están evaluando el costos y riesgos involucrados para llegar a ella. Por lo mismo, el indicador de ventas por empleados no es solo un medida que revela cuanto valor generan las personas que trabajan en ella, sino que muchas veces, lo que hace la diferencia en poder vender o no una empresa.
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Ni el nuevo gobierno ni la inteligencia artificial: lo que realmente va a definir el empleo calificado en Chile. Por Constanza Ossa. https://t.co/X8sOBQY8lI
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