El consejero del Consejo Fiscal Autónomo (CFA), Joaquín Vial, advierte que Chile está cerca de un punto de inflexión en materia fiscal. En esta entrevista con Ex-Ante aborda los riesgos de completar un cuarto año consecutivo de déficit estructural, cuestiona el exceso de optimismo en las proyecciones de ingresos, defiende el límite prudente de deuda y plantea que el país necesita un acuerdo amplio para ordenar sus cuentas públicas.
-El Consejo Fiscal Autónomo advirtió que es probable que Chile complete este año cuatro años consecutivos de déficit estructural. ¿La principal razón son los malos cálculos de ingresos para 2026?
-Hay varias cosas ahí. Analizamos el Informe de Finanzas Públicas de marzo. En el documento hay proyecciones de ejecución del presupuesto 2026 y también de mediano plazo. En gasto no hay grandes sorpresas. Donde sí aparecen dudas es en los ingresos.
Lo primero es que en ese informe se reconoce algo que en el anterior no se sabía con esta magnitud: los ingresos del último trimestre de 2025 fueron bastante más bajos de lo proyectado por la Dipres. Nosotros ya habíamos advertido que había riesgos relevantes de que eso ocurriera, y al final terminó siendo bastante más bajo.
Eso dejó una base de ingresos más baja al cierre de 2025. Entonces, cuando uno mira la proyección para 2026, observa que la relación entre crecimiento de ingresos y crecimiento del PIB está muy por encima de sus patrones históricos. Hoy se proyecta que los ingresos crezcan más o menos el doble de lo que crecería el PIB, y eso es bastante excepcional. No parece una proyección particularmente realista.
-¿Dónde ve ese exceso de optimismo?
-Uno puede ir línea por línea y encontrar varias cosas. Por ejemplo, se sigue proyectando un ingreso importante por el lado de la ley de cumplimiento tributario. También hay factores que golpearon con fuerza el año pasado, como el adelantamiento de impuestos, que probablemente este año vuelvan a influir. Entonces, diría que es muy probable que esa proyección esté más bien por el lado optimista y que terminemos con ingresos menores.
-El CFA también ha advertido sobre gastos comprometidos que no siempre aparecen bien reflejados.
-Eso no es tanto un problema del presupuesto de este año, porque ese gasto ya está dentro del presupuesto aprobado. Probablemente habrá ajustes, se ha hablado de recortes y eso está todavía por verse. Pero donde sí vemos otro riesgo es en la proyección de mediano plazo, ya que
Ahí, por un lado, puede haber sobreestimación de ingresos. Y por otro, lo que se hace es repetir una lógica que viene de la programación financiera tradicional: proyectar los gastos ya comprometidos para determinar las holguras presupuestarias. Eso tiene sentido cuando uno parte de un presupuesto equilibrado o superavitario, como ocurría en los años 90. Pero es distinto cuando se parte desde una situación de déficit.
Si uno solo proyecta lo comprometido y deja fuera necesidades evidentes, como la mantención de infraestructura pública, por ejemplo, entonces la estrechez fiscal queda subestimada. Se genera la sensación de que la situación no está tan apretada como realmente está.
-Ustedes han hecho advertencias reiteradas, pero las correcciones han sido insuficientes. ¿Le falta más poder al CFA?
-No. El CFA es un consejo, como su nombre lo indica. La responsabilidad por la gestión es de las autoridades: del Ejecutivo y del Congreso. En esto se necesitan los dos. Nosotros podemos hacer advertencias, señalar riesgos, sugerir mejoras metodológicas, pero finalmente quienes tienen que actuar son las autoridades políticas.
Cada uno tiene que cumplir su rol. Nosotros advertimos, por ejemplo, que los recursos para el reajuste no estaban contemplados en la provisión del presupuesto, y la respuesta fue que lo faltante saldría de reasignaciones. Bueno, pero quien aprueba el presupuesto es el Congreso. Entonces la responsabilidad es compartida. Nuestras recomendaciones, además, no pueden ser demasiado específicas porque nosotros no ejecutamos la política fiscal.
-Mario Marcel ha dicho en su defensa que la caída de ingresos fue algo que nadie anticipó, y que incluso el propio Consejo Fiscal usó supuestos que después no se cumplieron.
-Nosotros no hacemos proyecciones propias de ingresos. No tenemos esa capacidad. Tenemos cuatro analistas y un gerente de estudios; eso no alcanza para replicar el trabajo detallado que hace la Dipres con acceso a la información tributaria y administrativa.
Lo que sí hacemos es identificar debilidades o riesgos en las proyecciones oficiales. Pero quienes tienen la información detallada y la responsabilidad de proyectar son el Ministerio de Hacienda y la Dipres.
-¿No falta entonces en Chile un actor que haga un contrapeso técnico, como ocurre en Estados Unidos con la oficina presupuestaria del Congreso?
-Tendría mucho cuidado en tomar a Estados Unidos como modelo para nuestra institucionalidad fiscal. Chile tiene un sistema presidencial y la responsabilidad por la gestión del Estado recae en el Ejecutivo. El Congreso tiene un rol muy importante, por supuesto, pero las instituciones deben cumplir su función dentro del diseño que tenemos.
La gracia de tener un Consejo Fiscal Autónomo es precisamente contar con una opinión externa que diga: “ojo, aquí hay riesgos, por este lado puede haber problemas”. Y en algunos casos también hacer recomendaciones metodológicas más técnicas. Pero la gestión sigue siendo responsabilidad de las autoridades.
-El nuevo gobierno debe fijar su trayectoria fiscal. ¿Qué esperaría de esa definición?
-Más que decirle al gobierno lo que tiene que hacer, lo importante es que exista una senda de convergencia hacia un mayor equilibrio fiscal. Especialmente hoy, cuando estamos relativamente cerca del límite de deuda. Las necesidades de financiamiento tienen que ir ajustándose de manera tal que no sobrepasemos ese límite prudente.
El gobierno va a tener que calibrar sus metas considerando que probablemente encontró una situación más compleja de la prevista y, además, con el shock del petróleo encima. Pero lo que uno aspiraría es que las metas sean exigentes, porque ya estamos bastante cerca de los límites y no tenemos holguras.
-Hay economistas que cuestionan justamente ese límite de deuda, porque Chile está bastante por debajo del promedio de la OCDE.
-Creo que ese límite tiene fundamentos. Chile podrá estar en la OCDE, pero sigue siendo un país pequeño, abierto, con una moneda que no se transa internacionalmente. La mayoría de los países desarrollados que tienen deudas mucho más altas emiten monedas que sí son reserva o tienen mercados mucho más profundos.
Además, nuestras exportaciones están concentradas en pocos productos y sus precios son volátiles. Y el endeudamiento agregado de la economía chilena, sumando gobierno, empresas y hogares, ya es relativamente alto. En ese contexto, un límite de 45% del PIB para la deuda bruta me parece realista y prudente.
-¿Le preocupa que el debate político sobre un “Estado quebrado” dañe la imagen del país?
-No le levantaría el perfil más allá de lo que fue. Esa frase salió y fue rápidamente desmentida por el propio ministro de Hacienda y por el comité político. Fue una expresión desafortunada, pero no refleja la realidad del país.
El CFA nunca hemos dicho que Chile esté quebrado. Lo que hemos dicho es que se necesita un punto de inflexión. Estamos llegando a límites que nos pueden poner en riesgo. Y eso exige una corrección, pero no una corrección brutal de un día para otro. Lo importante es cambiar la trayectoria. No podemos seguir manteniendo déficits estructurales y efectivos como los que hemos tenido en los últimos años.
-¿Qué tan importante es reconstruir holguras?
-Es fundamental. El mensaje es que tenemos que reconstruir colchones. Chile tiene hoy menos espacio que antes: menos fondos soberanos, un mercado de capitales más pequeño tras los retiros previsionales y una deuda pública mucho más cerca de su límite prudente. En un contexto internacional incierto, con eventuales crisis financieras o restricciones para el financiamiento de economías emergentes, eso nos deja más vulnerables.
-Con su experiencia en la Dipres y ahora en el CFA, ¿qué se necesita para volver a confiar en el manejo fiscal?
-Se necesita un acuerdo amplio. Lo hemos dicho varias veces. Ese acuerdo tiene que incluir varios componentes: más crecimiento, mayor eficiencia del gasto, mejoras en el financiamiento y una base de proyecciones mucho más realista. Ahí tenemos un problema serio acumulado, especialmente en los cálculos de ingresos. Todavía no tenemos plena claridad de por qué se han producido desvíos tan persistentes en la recaudación.
Pero lo central es que el ajuste fiscal no puede descansar solo en una dimensión. Tiene que mirar ingresos y gastos, y construirse políticamente entre gobierno y Congreso. Sin ese acuerdo, va a ser muy difícil darle una senda creíble a las finanzas públicas.
