El futuro de la minería: propuestas presidenciales. Por Marcos Lima

Será el 6 de agosto de 2025 que conoceremos en el “Conversatorio Presidencial sobre el Futuro de la Minería en Chile”, evento organizado por el Departamento de Ingeniería de Minería PUC, en conjunto con el Centro de Estudiantes de Minería (CEM). qué piensan los candidatos que podrían dirigir el país a partir del 11 de marzo de 2026.


Esta semana se ha dado la partida a los foros presidenciales, enfrentándose las tres figuras que, por el momento, aparecen con mayores probabilidades de alcanzar la primera magistratura: Jeannette Jara, José Antonio Kast y Evelyn Matthei, en estricto orden alfabético. El encuentro ocurrió durante el Salmón Summit 2025, esperándose para el 6 de agosto de 2025 un “Conversatorio Presidencial sobre el Futuro de la Minería en Chile”, evento organizado por el Departamento de Ingeniería de Minería PUC, en conjunto con el Centro de Estudiantes de Minería (CEM) y diversas instituciones académicas y gremiales del país.

La minería ha sido un  motor en el desarrollo de Chile. Con el regreso de la democracia, pareció que bastaba con: hacer olvidar la nacionalización del cobre, unas reglas del juego estables (el famoso DL 600) y el atractivo geológico natural para que las grandes empresas globales hicieran fila para venir a explotar el potencial minero  chileno.

Así ocurrió en los noventa, donde la producción saltó desde 1,8 millones de toneladas de cobre fino (1990) a 5,6 millones, solo 15 años después. Sin embargo, nos fuimos quedando atrás. Las leyes del mineral cayeron, no se encontraron nuevos mega yacimientos del tipo Escondida y el alza del precio mermó los esfuerzos en productividad, tan necesarios en épocas de vacas flacas. Así empezaron a crecer otros países: República Democrática del Congo, Perú y China, entre los más destacados.

Hoy producimos lo mismo o algo menos que hace ¡¡¡20 años!!! Eso, mientras nuestra clase política estaba más preocupada de “lechar a la minería” por la vía de impuestos y royalties, de enfrascarse en las eternas discusiones acerca de la propiedad de Codelco y, en los últimos años, de levantar la acusación de extractivismo y bajo aporte minero a la generación de valor agregado.

Por supuesto, este escaso interés en la actividad se reflejó en el paupérrimo presupuesto del Ministerio de Minería y de las instituciones asociadas:  Cochilco y Sernageomin. Incluso Enami, una mezcla de empresa e institución de fomento minero, estuvo a punto de quebrar. Sin ánimo de minimizar el esfuerzo de los ministros de Minería de estos años, éstos no tuvieron eco en las prioridades gubernamentales.

El citado conversatorio, sin duda, es una gran oportunidad para la minería. Debemos saber si quienes postulan a dirigir el país o, en su defecto, sus equipos, entienden la situación actual de la misma y el tremendo potencial que posee para seguir tirando el carro del desarrollo de Chile. Eso es un mínimo.

El anuncio del 50% de arancel por parte de Trump y la histeria generada en el país ha desnudado la tremenda ignorancia de la prensa, de la opinión pública y de los políticos acerca del sector minero, sus mercados, las cifras involucradas y, en general, en relación a todo lo que ha rodeado dicha alza arancelaria (aún sin aplicarse). Resulta sorprendente ver a comentaristas expertos en política internacional  exigiendo desarrollar fundiciones, sin entender que hoy los cargos de tratamiento y refinación (TC/RC) son cercanos a cero o negativos, producto de la sobrecapacidad disponible.

Afortunadamente, un artículo de The Economist, traducido por El Mercurio como “La espectacular insensatez (disparate) de los aranceles de Donald Trump al cobre”, ha puesto paños fríos al tema, aún cuando no debemos minimizar  el efecto que una guerra comercial global puede tener sobre un país pequeño y abierto al exterior.

Ojalá quienes pretenden dirigir los destinos del país, a partir de marzo de 2026, den un nuevo impulso a la actividad minera. Aquí se presentan siete ideas para ello:

  • Generar un nuevo estatuto de inversiones (nacionales y/o extranjeras) que refuerce la certeza jurídica y asegure estabilidad en las reglas del juego, especialmente tributarias.
  • Corregir las trabas en permisos, medioambientales y de consultas indígenas, lo que permite impulsar la cartera de proyectos mineros 2024–2033, superior a US$83 mil millones.
  • Acercarse a los países mineros (Australia, Canadá, Sudáfrica y otros) para defender una política de mercados abiertos, evitando políticas mercantilistas.
  • Promover una diversificación de mercados que evite el poder casi monopsónico de China (60% del consumo global), avanzando en los mercados de India, Indonesia y Brasil, a través del ICA (International Copper Association) como brazo ejecutor.
  • Acumular conocimientos e inteligencia sobre la evolución actual y futura de los competidores del cobre: aluminio, fibra óptica y plásticos, incluyendo los mercados de la chatarra, reforzando los equipos profesionales en Cochilco, la Bolsa de Metales de Londres (LME), el International Council on Mining and Metals (ICMM) y otras instancias internacionales.
  • Aprovechar el incipiente desarrollo minero argentino con el cluster de proveedores y contratistas nacionales, neutralizando, por la vía diplomática y la negociación, el proteccionismo secular de nuestros vecinos.
  • Impulsar la minería distrital tanto entre grandes empresas mineras con faenas cercanas como en la mediana minería, ya que es una fuente de ahorro de recursos, productividad y disminución de los impactos medioambientales.

Para terminar una pregunta inquietante:

¿Qué habría pasado en el mercado del cobre si China (en vez de EE.UU.) hubiera sido quien tratara de asegurar su propio suministro y para ello instalará medidas arancelarias diferentes para favorecer su producción interna, ya sea en cobre de mina (produce 1,84 MM ton), cátodos (refina el 44% del total global) y usara, además, aquel metal proveniente de sus empresas en África (1,6 MM de ton)?

Las reservas chilenas de cobre a precio actual son US$ 1.842.500.000.000 (un billón, ochocientos cuarenta y dos mil quinientos millones). No desaprovechemos la oportunidad.

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