El ánimo empresarial está mejor que en años, pero las señales objetivas todavía no justifican descorchar nada. La buena noticia es que Chile tiene una ventana única con la IA: tierra fértil, usuarios activos y empresas con ambición. La pregunta ya no es si tenemos la oportunidad, es que vamos a hacer con ella.
El Indicador Mensual de Confianza Empresarial (IMCE), realizado por ICARE en alianza con la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), llegó a 52,3 puntos en febrero. Es el nivel más alto en cuatro años y medio. Desde septiembre de 2021, para ser exactos, justo antes de que empezara el proceso constituyente y todo se fuera cuesta abajo. Que el indicador haya vuelto a zona optimista es noticia. Que lo haya hecho tras casi cuatro años consecutivos bajo los 50 puntos, es un punto de inflexión.
Pero ojo con los matices. Si sacamos a la minería del cálculo, el IMCE todavía está justo por debajo 50. El paciente mejoró, pero no todos los órganos funcionan igual de bien.
Y hay una tensión que vale la pena nombrar: las expectativas están por las nubes. El subíndice de expectativas sobre la economía llegó a 84,2 puntos en enero, subiendo 36,8 puntos en solo doce meses. Es un salto enorme. Pero la demanda actual sigue floja. Los empresarios creen que viene algo bueno, pero todavía no lo sienten en la caja. Y cuando uno mira las proyecciones de crecimiento, el entusiasmo se tempera rápido: el consenso del mercado para 2026 es un PIB de 2,5%. La inversión real crecería 4,1% según la última Encuesta de Expectativas del Banco Central, lo que es mejor que lo que se esperaba a fines del año pasado, pero tampoco es para celebrar.
Entonces, ¿de dónde va a venir el impulso real? ¿Qué puede mover la aguja de la productividad en un año que pinta correcto pero no espectacular?
Se está hablando de reformas tributarias y de destrabar inversión, ambas inicitivas deseables, pero que tomarán tiempo en materializarse y llegar a la economía real. Entonces, siendo concretos, si bien hay confianza en un nuevo gobierno ¿Que es lo que materialmente puede cambiar? Más allá de los titulares, permitanme que nos tomemos en serio la inteligencia artificial.
Chile es el segundo país del mundo en adopción de IA, según el AI Adoption Index de Cybernews. Solo nos gana Singapur. La tasa de adopción pasó de 19% en 2023 a 32% en 2024 a 60% en 2025. Se triplicó en dos años. Las descargas de aplicaciones de IA en Chile saltaron de 3,7 a 11,8 millones en el mismo período. Estamos al nivel de Reino Unido y Emiratos Árabes, liderando en Latinoamérica.
Ahora, la pregunta incómoda: ¿estamos convirtiendo eso en productividad, o simplemente descargando ChatGPT para no quedar mal en las reuniones? La respuesta probable es: a medias. El 78% de las empresas ya tiene IA integrada o en exploración, y el 93% cree que tendrá impacto positivo. Pero el 43% no tiene presupuesto dedicado, el 60% no tiene políticas internas de uso, y el 40% identifica la falta de capacitación como la barrera número uno. Hay entusiasmo. Lo que falta es planificación y capacidades.
Sin embargo, existe una la brecha preocupante. Mientras el 80% de las grandes empresas usa IA, solo el 24% de las microempresas lo hace. En regiones la adopción cae a 60% versus 80% en Santiago. Si no cerramos esa distancia, vamos a terminar con una economía de dos velocidades donde la IA amplifica las desigualdades en vez de reducirlas.
El desafío no es de pilotos ni de pruebas de concepto que mueren en un PowerPoint. Se trata de rediseñar procesos, cambiar cómo se toman decisiones, hacer más con los mismos recursos. De repensar modelos operacionales y de negocio. De crear nuevos servicios. En un año donde el crecimiento no va a regalar nada, la IA es probablemente la herramienta más concreta que tienen las empresas para mejorar sus números desde adentro, y transformar este potencial es mayores ventas y exportación.
El ánimo empresarial está mejor que en años, pero las señales objetivas todavía no justifican descorchar nada. La buena noticia es que Chile tiene una ventana única con la IA: tierra fértil, usuarios activos y empresas con ambición. La pregunta ya no es si tenemos la oportunidad, es que vamos a hacer con ella.
Para más noticias de After Office en Ex-Ante, clic aquí.
El conflicto como activo estratégico en la empresa. Por Macarena Letelier. https://t.co/WMbCmMY8E3
— Ex-Ante (@exantecl) March 26, 2026
