La experiencia de los retiros previsionales demostró lo fácil que es desarmar, en pocos meses, el ahorro construido durante décadas.
A veces, para dimensionar el verdadero impacto de una política pública, se necesita una mirada objetiva y externa. El último informe Pensions at a Glance de la OCDE trae un dato que vale la pena destacar: las pensiones futuras en Chile subirán de manera importante y las tasas de reemplazo quedarán muy cerca del promedio de los países desarrollados. Se trata de una mejora relevante, derivada de la reforma aprobada en enero de este año, y que beneficiará especialmente a los jóvenes que hoy comienzan su vida laboral.
Esto ocurre porque seis de los siete puntos adicionales de cotización aprobados en la reforma se destinan a cuentas individuales, lo que incrementa el ahorro y, en consecuencia, las pensiones futuras. El efecto en la suficiencia de las pensiones es claro: en el informe anterior, un joven con ingreso promedio proyectaba una tasa de reemplazo bruta 13 puntos por debajo del promedio de la OCDE; hoy, esa brecha se reduce a solo 2 puntos. En el caso de las mujeres, la diferencia cae de 15 a 2 puntos.
Además, hay un avance clave en equidad de género. Gracias a un nuevo beneficio que compensa la mayor expectativa de vida femenina, el aumento en las tasas de reemplazo es mayor para las mujeres. Como resultado, para una joven de ingreso promedio la brecha en las tasas de reemplazo prácticamente desaparece. Y entre mujeres de ingresos altos, Chile pasa a ser el único país de la OCDE donde la tasa de reemplazo femenina supera a la masculina.
Sin embargo, es necesario matizar este optimismo. Las tasas de reemplazo que publica la OCDE asumen carreras laborales continuas y cotizaciones sin interrupciones, un escenario bastante alejado de la realidad chilena. Para un trabajador promedio, este supuesto se atenúa parcialmente porque la OCDE utiliza retornos de inversión conservadores, más bajos que los empleados en las simulaciones locales.
Pero para los trabajadores de menores ingresos –que en promedio cotizan solo un tercio de su vida laboral– la brecha entre el escenario teórico y el real sí se vuelve significativa. De hecho, utilizando las estimaciones de la Dipres y de la Superintendencia de Pensiones (2024), las tasas de reemplazo futuras para este grupo serían alrededor de 10 puntos más bajas que las reportadas por la OCDE.
Dado que avanzar hacia una mayor formalidad tomará tiempo –donde instrumentos como el impuesto negativo al ingreso, propuesto por algunas candidaturas, podrían jugar un papel relevante–, no es descabellado explorar alternativas que permitan ampliar el ahorro previsional sin depender exclusivamente del empleo formal. Una de ellas es destinar una fracción del consumo, de manera análoga al IVA, a cuentas personales de pensión. Este mecanismo permite ahorrar sin necesidad de contratos y además puede complementarse con mecanismos de solidaridad que beneficien a las personas de más bajos ingresos.
Las cifras de la OCDE confirman que el país tomó una decisión acertada al fortalecer el ahorro individual y mejorar la suficiencia de las pensiones futuras. Pero los desafíos hacia adelante siguen siendo significativos: junto con hacerse cargo de la informalidad laboral, será necesario asegurar la sostenibilidad fiscal de la PGU y elevar la edad de retiro, hoy una de las más bajas entre los países desarrollados. Y no menos importante, resulta imprescindible resguardar lo ya avanzado.
La experiencia de los retiros previsionales demostró lo fácil que es desarmar, en pocos meses, el ahorro construido durante décadas. De ello dependerá que las buenas noticias proyectadas hoy se conviertan en realidad para las próximas generaciones.
