Banco Central: Chile avanza en el pago digital, pero el efectivo se niega a desaparecer

Un estudio del Banco Central muestra que, pese al avance de transferencias, tarjetas y otros medios digitales, el efectivo sigue cumpliendo un rol relevante en Chile. Su peso en las transacciones cotidianas cae, pero no desaparece como reserva de valor, y que se alteró con fuerza tras los retiros previsionales.


Lo nuevo. Chile paga cada vez más con tarjeta, transferencia o billetera digital. Pero eso no significa que el efectivo haya quedado obsoleto. Un nuevo Documento de Trabajo del Banco Central muestra que, aunque el circulante perdió espacio en algunos agregados monetarios, sigue cumpliendo un rol relevante en la economía chilena y mantiene su función como reserva de valor.

  • El estudio, elaborado por Nicolás Leiva y Carlos Medel, no busca describir directamente la conducta de los consumidores, sino mejorar la proyección de la demanda por circulante. Pero sus resultados permiten una lectura más amplia: el avance del pago digital no ha desplazado completamente al efectivo, que sigue operando como reserva de valor y como respaldo en episodios de incertidumbre.
  • Consultados por Ex-Ante, los autores señalan que el principal cambio en los hábitos de pago ha sido la consolidación de los medios digitales, en particular la tarjeta de débito, como el instrumento preferido para las transacciones cotidianas.

La paradoja del circulante. La primera señal del cambio aparece en M1, el agregado monetario que incluye billetes, monedas y depósitos a la vista. Allí, el peso relativo del circulante cayó desde un máximo de 39% en 1999 a 23% en 2024. Esa trayectoria es coherente con una economía donde las tarjetas, las transferencias y las cuentas vista fueron ganando espacio en las transacciones cotidianas.

  • Pero el dato más interesante del estudio está en lo que esa caída no significa. Cuando se mira el M3, un agregado monetario más amplio, la proporción del circulante se mantuvo en torno a un promedio de 4,2% entre 1996 y 2024. Su máximo fue 6,1% en 2022. A partir de eso, el estudio concluye que la mayor penetración de nuevos medios de pago no evidencia “un cambio sustantivo” en la función del dinero como reserva de valor.
  • Ahí está la paradoja que deja el documento. Chile paga más con débito, transferencias o billeteras digitales. Pero eso no implica que el efectivo se haya vuelto irrelevante.
  • Leiva y Medel plantean que no hay contradicción. Que el efectivo pierda peso dentro de M1 refleja que otros medios líquidos crecieron más rápido para fines transaccionales. Pero eso no significa que haya dejado de cumplir su rol como reserva de valor. Ese papel se vuelve más visible en contextos de incertidumbre o cuando se valora su liquidez inmediata.
  • El billete pierde protagonismo en ciertas transacciones, pero no desaparece como instrumento de liquidez inmediata, respaldo o refugio. De hecho, el estudio sostiene que la sustitución del efectivo ha ocurrido principalmente a través de depósitos a la vista y pagos con tarjetas de débito.
  • Más que un reemplazo completo, lo que observan los autores es una reconfiguración del sistema de pagos. Distintos instrumentos coexisten. Y cumplen funciones complementarias según el tipo de transacción, el monto y las características de los usuarios.

La huella de los retiros. Si hubo un momento en que esa convivencia entre digitalización y efectivo se tensionó al máximo, fue entre 2020 y 2021. En medio de los retiros extraordinarios de fondos previsionales aprobados durante la pandemia, la demanda por circulante se alteró con fuerza y rompió varios de sus patrones históricos.

  • El valor de billetes y monedas en circulación equivalió, en promedio, al 85% de la base monetaria entre 1996 y 2024. Sin embargo, esa relación cayó hasta un mínimo histórico de 57% en 2020, en pleno shock de liquidez asociado a los retiros previsionales, que en conjunto representaron cerca de 20% del PIB.
  • Al mismo tiempo, el stock de circulante vivió un salto explosivo entre 2019 y 2023. Según el estudio, alcanzó un máximo de $18.666 miles de millones en el cuarto trimestre de 2021. La proporción del circulante respecto del PIB pasó desde un promedio de 15% antes de los retiros a 32% en el tercer trimestre de 2021, mientras que respecto del consumo privado saltó desde un promedio de 26% a 50% en el segundo trimestre de 2021. Después volvió a moderarse.
  • Ese proceso dejó además otra marca: alteró la estacionalidad del efectivo. Hasta antes de 2020, el circulante tendía a subir en el cuarto trimestre por Navidad y Año Nuevo, para luego caer en el primero. Ese patrón se quebró, complicando la proyección de la demanda por billetes y monedas y mostrando hasta qué punto un shock extraordinario puede desordenar conductas estables.
  • Los autores sostienen que el episodio tuvo un componente excepcional, ligado a la pandemia, la alta incertidumbre y la liquidez extraordinaria, pero dejó una lección más permanente: la demanda por efectivo puede reaccionar con fuerza frente a shocks inusuales y su modelación debe considerar escenarios de alta volatilidad.

Por qué esto importa. El punto menos visible, pero más relevante, es que este no es solo un estudio sobre hábitos de pago. También es una señal operativa para el Banco Central. La institución necesita anticipar cuantos billetes y monedas habrá que fabricar, reponer, transportar y custodiar. Chile realiza licitaciones plurianuales para adquirir circulante y la oferta de efectivo es cuasifija en el corto plazo. Una mala estimación puede traducirse en mayores costos logísticos e incluso en riesgos de desabastecimiento.

  • Los autores agregan que el efectivo sigue siendo un medio de pago muy relevante. Lo es, sobre todo, en compras de bajo monto, ferias, transporte y pequeños comercios. También mantiene presencia entre adultos mayores, personas de menores ingresos, con baja bancarización o que viven en zonas apartadas.
  • Eso le da una dimensión más concreta al debate. En una economía donde los pagos digitales avanzan con rapidez, el efectivo sigue siendo una infraestructura silenciosa. Es menos dominante que antes, pero todavía necesario.
  • Por eso, la pregunta de fondo ya no es si Chile usa más o menos efectivo que hace veinte años. La pregunta es cuánto circulante sigue siendo indispensable en una economía crecientemente digitalizada. Y la respuesta del estudio es clara: el efectivo ya no domina, pero el sistema no puede prescindir de él.

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