No puede cambiar de pasión, ¿o sí? Por Natalia Aránguiz

Tal como lo hacen los jugadores de Colo Colo y Universidad de Chile cuando se sacan sus camisetas para ponerse “La Roja” es hora de que los actores políticos dejen de lado sus pasiones y agendas personales, y trabajen juntos para mejorar un sistema de pensiones que requiere de mayor sostenibilidad, funcionalidad y justicia. El bienestar de millones de chilenos, hoy y a futuro, depende de ello.


“¿Te das cuenta, Benjamín? El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia… Pero hay una cosa que no puede cambiar, Benjamín, no puede cambiar de pasión”, dice el personaje de Guillermo Francella en “El secreto de sus ojos” (2009). Refiriéndose a la pasión que sentía el criminal que andaban buscando por el estadio de Racing de Avellaneda. En Chile, se observa también entre las barras bravas de Colo Colo y la Universidad de Chile, en un súper clásico, el ardor por el equipo propio y el rencor ancestral por el adversario. ¿Ponerlos de acuerdo? Ni por asomo.

La célebre cita sobre el fervor incondicional que tiene una persona por algo – que en general se da por la religión, el fútbol o la política – emerge varias veces cuando escucho el sin número de voces que critican los consensos a los que, con una dificultad mastodóntica, han llegado senadores de centro-derecha con el Ministro de Hacienda con el propósito de materializar una necesaria y urgente reforma de pensiones.

Y es que algunos estadistas buscan un fin mayor –que en términos muy generales– apunta a encontrar una forma sostenible y eficiente de garantizar un ingreso económico a las personas una vez que se retiren del mercado laboral. Los esfuerzos se dirigen a que este ingreso sea lo más parecido al salario al que el trabajador estaba acostumbrado. También se pueden realizar otras bajadas de este objetivo mayor, por ejemplo, el propósito de universalizar el derecho a la protección social y de esta forma, minimizar el riesgo de la pobreza en la vejez. Este último punto fue abordado con bastante éxito por la PGU.

Actualmente, como todos sabemos, el sistema de pensiones no logra alcanzar el fin mayor. Las razones y diagnósticos llevan siendo documentados por más de 20 años y han sido publicados en investigaciones académicas, en las comisiones Marcel (2006), Bravo (2014) y recientemente por otros grupos técnicos que han apoyado a la comisión de Trabajo y Previsión Social del Senado.

Los diagnósticos derivados de dos décadas de estudios al fin están ad-portas de conocer la elaboración de un plan que, con voluntad de los centros y no tan centros, podría llegar a implementarse en el corto plazo.

Pero la pasión que algunos sienten por su ideal político -o por sus agendas particulares- podría impedir llegar a un acuerdo en una reforma previsional que es imperativa. Es que la vehemencia de algunos por sus propias creencias está a punto de frustrar el fin mayor y sabotear los cimientos del bienestar social para el presente y el futuro. Ciertamente el pacto no será perfecto. Probablemente carecerá de medidas como aumento en la edad de jubilación o incentivos pro-competencia , entre otras muchas variables. Sin embargo, al menos existirá y será para el bien común.

Tal como lo hacen los jugadores de Colo Colo y Universidad de Chile cuando se sacan sus camisetas para ponerse “La Roja” es hora de que los actores políticos dejen de lado sus pasiones y agendas personales, y trabajen juntos para mejorar un sistema de pensiones que requiere de mayor sostenibilidad, funcionalidad y justicia. El bienestar de millones de chilenos, hoy y a futuro, depende de ello.

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