Santiago de noche: la decadencia del Paseo Ahumada y la proliferación de indigentes y narcotráfico

El barrio cercano a La Moneda, donde se vino a vivir el Presidente Kast, experimenta un cambio después de las 10 de la noche: en vez de familias felices paseando a sus mascotas, comienza otra escena: la de los delincuentes e indigentes que ofrecen droga.


Qué mirar. Como dice Tolstoi al inicio de Ana Karenina, todas las familias felices se parecen, pero las desgraciadas lo son a su manera. Carlitos vive en la calle desde los 15 años. Se fue de la casa porque su padre le pegaba. Hoy vive en una carpa en el Paseo Ahumada.

  • Tiene 35 años, pero representa 60. La piel arrugada por el sol, las manos con costras de suciedad y tierra. Forma parte de un grupo de unas 6 carpas en pleno centro que por las noches adquiere un aire fantasmal.
  • Es cierto que hay señales positivas en el casco histórico de Santiago: emprendimientos privados como el de los hermanos Duch y otros, que han renovado edificios antiguos para ofrecer departamentos; incluso la llegada del Presidente Kast que decidió vivir en La Moneda; el turismo extranjero que regresa; las políticas del alcalde Desbordes para extirpar el comercial ilegal; todo eso le ha dado una buena cara al centro durante el día.
  • El problema comienza después de las 10 pm. El sector se vuelve un espectro: nada abierto, ningún restaurante donde comer. La gente camina apurada como escapando de un mal presagio.

La noche. Carlitos ofrece una bolsita pequeña de cocaína, quizás un tercio de un gramo, por 4.000 pesos. El tráfico de drogas se ha expandido por esta parte de la ciudad. Hay puntos como plaza Santa Ana, que se han convertido en un hervidero de traficantes y consumidores. El centro, por la noche, está invadido de indigentes, que dan vida a una ciudad paralela.

  • Algunos duermen en los asientos, sin siquiera una frazada encima, cuando el termómetro marca 6 grados. Otros han construido verdaderas fortalezas con cajas de cartón. Son como una especie de castillos de papel que evidencian la pobreza aplastante que todavía no se erradica del sector.
  • Los empleados municipales empiezan a barrer a las diez de la noche, pero no tocan a los indigentes, los dejan donde están. Un trabajador dice que la orden es no molestarlos, dejarlos ahí nomás. ¿La orden de quién? Del municipio, dicen.
  • Aunque no fuera su intención, la decisión de Kast de vivir en La Moneda fue una potente señal de la importancia de rescatar el centro. Dicen que el presidente, cuando no está en Palacio, generalmente llega a las nueve de la noche, pero es relativo.
  • Una mujer, Gabriela, sostiene que el barrio no ha cambiado nada, que sigue existiendo mucha droga, sobre todo en el sector de Plaza San Ana. “Al día siguiente me topo con papelillos con restos de cocaína, de tusi, en el suelo”.
  • El tusi es una mezcla de drogas sintéticas. Se le suele llamar “cocaína rosada”. Combina ketamina, MDMA, cafeína y otras sustancias, provocando efectos estimulantes y alucinógenos impredecibles. Los riesgos de sobredosis y paros cardíacos son altos. Es una droga muy peligrosa que se ha expandido entre los jóvenes.
  • Gabriela siempre viene con su perro a los pastos que hay en la parte parte norte de La Moneda. A las 8 se llena de vecinos que traen a sus mascotas a pasear. Parece un paisaje idílico, pero esconde otro tipo de vida, la de los delincuentes que acechan en la oscuridad. Por eso todos se van raudos a casa cuando el reloj pasa las 9.

Testimonio. Un policía, que prefiere no ser identificado, explica: “Los carabineros de la zona conocen quiénes son los delincuentes. Los han tomado presos una y otra vez. ¿Pero qué es lo que pasa? Que los toman detenidos y, al día siguiente, están sueltos. Porque la gente no denuncia o si denuncia no sigue los procesos que corresponden. Por lo tanto no hay denunciante, no hay demandante, no hay víctima. Queda la causa cerrada”.

  • Cuenta: “Hay delincuentes con 20 o 30 delitos, pero no hay denunciante, no siguen los procesos. Carabineros tiene que hacer todos los papeleos para que después los dejen sueltos y la persona no haga la denuncia”.
  • “Mientras que no corra sangre, no vamos a hacer nada porque al final es un trámite para nosotros y las leyes son muy ligeras. El derecho humano es de los delincuentes, no para nosotros. No existen derechos humanos de las víctimas, ninguno”.
  • De hecho cuenta un episodio personal. “Los cabros me apuñalaron en serio cuando tenía 20 años. Estuvieron a 1,1 cm. de perforarme un pulmón. Aquí, debajo de la axila”
  • Fue tal la exaltación que no sintió dolor. “Yo me vine a dar cuenta cuando estaba en la comisaría que había sido apuñalado. Fue hace 15 años. Las cosas siguen igual”.
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