Es un tema que inquieta al mundo del patrimonio, pero hasta hora se mantiene en reserva. Se teme que la necesaria ampliación del MHN no se realice. Desde 2015 se han gastado 2.500 millones en cuidar las bodegas que resguardan las obras no exhibidas.
Qué observar. Da pena llegar a la Plaza de Armas y ver que los restaurantes inaugurados, con una gran inversión, hace un par de años, buscando que el sector levante, están totalmente vacíos.
- Y da pena también ver que uno de los mejores museos de Santiago, el Histórico Nacional, sobrevive a duras penas, pese a tener una colección magnífica, la mayor de la cual no puede exhibirse.
- Esto, que sería escándalo mundial en cualquier capital del continente, acá pasa desapercibido. El martes al mediodía visitamos el museo. Había unas cien personas, la mitad de ellas de un colegio (Pumahue). Los niños, aunque cansados, se veían fascinados con las historias que contaba el guía.
Muestra. El MHN tiene un acervo fenomenal, pero el problema es que un 0.8% de su catálogo puede recorrerse. En 2013 se realizó un concurso de arquitectura para ampliarlo, pero desde entonces ha sufrido todo tipo de vejámenes. “Cambios de prioridad, postergaciones políticas, pandemia, dificultades de planificación presupuestaria”, dice el arquitecto Carlos Maillet.
- Actualmente hay una muestra que se llama Ensayo general, de gran interés y que evidencia una interesante línea museográfica. Se presenta como el resultado de un largo proceso de diagnóstico, reflexión y análisis.
- “Los museos son instituciones dinámicas , que para responder las preguntas del presente cambian sus relatos con el paso del tiempo”, dicen los curadores. Hay un expresivo óleo de Monvoisin, de 1854 sobre “La captura de Caupolicán”.
- También se exhibe un extraordinario “Fémur de gonfoterio”, encontrado en Los Vilos. Debe medir un metro y medio. Se trata de un mastodonte sudamericano de enorme tamaño, que fue encontrado en el sitio arqueológico de Quebrada de Quereo.
- “Chile ha ido acumulando una preocupante geografía de obras detenidas, postergadas o derechamente vaciadas de sentido: el plinto de Baquedano (menos mal se solucionó a tiempo), la segunda etapa del GAM con la sala de arte escénicas, la Torre Villavicencio, la biblioteca del Congreso Nacional y varios otros inmuebles que permanecen en un limbo administrativo, técnico o financiero”, dice Maillet.
Tradición. La colección estable del MHN también tiene interés. Aunque recorre los hitos del siglo XX, hay apenas una frase sobre Pinochet. Los famosos anteojos rotos de Allende, que usaba cuando se suicidó en La Moneda el 11 de septiembre de 1973, no se exhiben. Un trabajador del museo dice que están en la bodega.
- Desde 2015 se han gastado 2.500 millones en el cuidado y resguardo de las obras que no tienen espacio para ser exhibidas. Los trabajadores del museo dicen que son miles de obras de gran valor.
- La importancia de un museo histórico no solo radica en sus obras, muchas de ellas invaluables. Logra algo esencial: que la gente haga suyo el relato nacional, incluyendo la conquista, la independencia y la república. Detrás de ellos están los valores que construyen una identidad.
- En una sala del Museo, los niños se sientan en el suelo y escuchan asombrados la historia de O ‘Higgins. “Era un huacho, ¿saben por qué?”, dice el especialista. Una niña contesta que sus padres se separaron. El guía corrige: “El papá abandonó a su hijo, aunque le pagó los estudios”.
- Luego muestra una pintura de Manuel Rodríguez, “que se disfrazaba de pordiosero para engañar a Marcó del Pont, enviado desde España. De hecho le tiró unas monedas”. En la sala está la impecable calesa del español. “Rodríguez le dijo que no quería su dinero sino la libertad”.
- Hay también preciosas maquetas de los inicios de Santiago y de Valparaíso. Como curiosidad está el perro embalsamado, un gran danés, de Arturo Alessandri. El perro se llamaba ULK. Hay un óleo impecable de Tomas Somerscales de 1889 sobre el Combate Naval de Angamos. Está la bitácora del Huáscar y un pico mesana (mástil de madera tallada) de La Esmeralda.
- La última vitrina muestra restos metálicos. La ficha cuenta: “El 11 de septiembre de 1973 dos aviones lanzaron veinte bombas sobre la Moneda. Dos días después, y como muchos otros curiosos, Héctor Banderas se acercó a los escombros apilados en los alrededores, y recogió estos herrajes, partes de un Palacio en ruinas”. Banderas los donó al MHN.
Para más crónicas en Ex-Ante, clic aquí.
Ver esta publicación en Instagram
