De la emergencia fiscal al modo crecimiento. Por Patricio Arrau

Identificadas las verdaderas cifras, el problema de la deuda y déficit fiscal es abordable. La solución es el control de gastos espurios, cobrar el CAE, controlar la evasión del Transantiago, liquidar inmuebles del Estado que no tiene sentido mantener y principalmente el crecimiento económico. De ahí la importancia del proyecto de ley que se enviará al Congreso en abril, con 40 medidas de diverso tipo.


El 7 de abril pasado, en el seminario “Nuevos Vientos de la Economía 2026” -que tradicionalmente realizan SOFOFA y la Universidad del Desarrollo en esta fecha-, el ministro Jorge Quiroz fue muy claro: entregó valiosos antecedentes del estado en que recibió la hacienda pública por parte del gobierno anterior; dejó muy claro que el deterioro fiscal mucho peor al estimado previamente es solucionable, y relanzó el debate con el foco en el tema de fondo que es el crecimiento económico, que por lo demás es la solución al deterioro fiscal.

En efecto, al menos es vergonzoso el tipo de artilugios que se utilizaron para un cierre financiero de 2025 que no refleja la realidad: US$ 800 millones en mayor deuda de proveedores, principalmente educación, salud y OO.PP, relativo a la deuda de proveedores recibida el año 2021; y US$ 4.000 millones menos de capital de trabajo del Tesoro, principalmente en menor caja.

Todavía está pendiente de identificar las facturas de proveedores que se impidió facturar en diciembre. -lo que es de dudosa legalidad-, que no solo tiene efecto en el nivel de deuda bruta real al cierre de 2025, sino también se manipuló de este modo el cierre del balance estructural de 2025.  Un cálculo rápido lleva a que la deuda bruta ajustada o “sincerada” al cierre de 2025 fue de 43% del PIB y no de 41,7%.  Asimismo está por conocerse cuál fue el real cierre del déficit estructural, probablemente más del 3,7% del PIB en lugar del 3,6% anunciado.

Hay quienes sostienen que el ministro de Hacienda ha “exagerado” o planteado temas “absurdos” o sin importancia, pero a mi me parece que es de la máxima responsabilidad de su cargo dar a conocer todas estas artimañas y sincerar el real estado de la hacienda pública.  Se trata de una discusión ética fundamental para recupera la credibilidad, pues nadie duda que Chile no tiene problemas de caja para sus operaciones, pero sí de transparencia y credibilidad en el manejo de las finanzas públicas.

Identificadas las verdaderas cifras, el problema de la deuda y déficit fiscal es abordable. La solución es el control de gastos espurios, cobrar el CAE, controlar la evasión del Transantiago, liquidar inmuebles del Estado que no tiene sentido mantener – notable lo del refugio de La Parva-, y principalmente el crecimiento económico.  De ahí la importancia del proyecto de ley que se enviará al Congreso en abril, con 40 medidas de diverso tipo, incluidas la rebaja tributaria de las empresa de 27% a 23% y la reintegración del sistema tributario.

El sector más radical de la oposición, que incluye al Frente Amplio y al Partido Comunista, ya anunció su total oposición a “rebajar el impuesto a los ricos”, que es como entienden el impuesto corporativo a las empresas y la reintegración del sistema tributario.  Ello denota una severa ignorancia, como se explica a continuación.

  • En primer lugar, el impuesto corporativo es un impuesto final a la inversión que realizan las empresas, que a su vez incrementa el stock de capital del país, y no es el impuesto a los accionistas de las empresas. La inversión de las empresas genera más empleo, mayor productividad del trabajo y mejores salarios reales. Para que la economía crezca permanentemente al 4% se requiere llevar la actual tasa de inversión del 25% del PIB a un 29% o 30% del PIB.  No hay solución a los problemas fiscales, de deuda, de empleo y de crecimiento si la tasa corporativa no se reduce al menos a 23%.
  • Una economía pequeña y abierta al exterior, como la economía chilena, no puede tener su tasa de impuesto corporativo por encima del resto del mundo y de países con los cuales intercambiamos inversiones. El incremento de la tasa de las empresas del 20% a 27% en 2014 -justo cuando los países desarrollados las bajaban desde 30% o más al rango de 20% a 25%-, explica buena parte de nuestro crecimiento potencial estancado en 2%. Reducir la tasa de las empresas al menos al 23% es una piedra angular para recuperar un crecimiento de 4%.
  • La reintegración del sistema tributario, esto es, que el impuesto corporativo que pagan las empresas sea un crédito completo a los retiros de los accionistas, es fundamentalmente un tema de equidad horizontal. No corresponde que para un mismo nivel de renta el impuesto personal a los dueños del capital sea mayor que el impuesto a los dueños del trabajo.
  • Pero el principal efecto de reintegrar será mejorar significativamente la economía política de los tributos. Con el sistema integrado, los políticos del sector más radical pierden un instrumento de su retórica: que pague el capital y no el trabajo.  Cuando todos los factores de producción tienen las mismas tasas para un mismo nivel de ingresos desaparece la lucha de clases tributaria, pues el capital y trabajo pagan la misma tasa efectiva.
  • Finalmente, el sistema semiintegrado actual disminuye la progresividad del sistema tributario para la rentas empresariales relativo a uno integrado, puesto que la tasa marginal personal se incrementa para todos los tramos en 9,45%, excepto para el tramo más alto que solo se incrementa en 4,45%.

Se inicia entonces el debate acerca del crecimiento, y los argumentos del sector radical para el componente tributario son efectistas, pero falsos. Además, es probable que el sector de izquierda moderada discrepe de la izquierda radical, puesto que muchos técnicos de izquierda y varios políticos de sector moderado no se prestarán para argumentos sofistas y falaces.

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