Mejorar productividad y sueldos es la forma sustentable y material hacía un mejor futuro. Sin empresas grandes de verdad, seguiremos hablando de grandeza desde la medianía.
En Chile llamamos empresas grandes a aquellas que vende apenas US$4 millones al año, mientras en Estados Unidos la categoría empieza recién sobre US$1.000 millones. Esa brecha conceptual importa porque condiciona políticas y aspiraciones: si la vara es baja, premiamos el conformismo. Además, distorsionamos el entendimiento de la realidad, comparando peras con manzanas. Hoy existen apenas poco más de cien firmas chilenas que son “grandes de verdad” (bajo la definición de EE.UU.), corporaciones que empleando solo al 3,6 % de la fuerza laboral formal generan el 47 % de las ventas del país.
Una diferencia de productividad brutal frente al resto de la economía que se traduce en pagar sueldos sustancialmente mayores. Una receta obviada frente a nuestros ojos; desarrollarnos pasa en buena medida por crear más empresas grandes.
Para hacerlo, necesitamos enfocarnos en lo que necesitan las empresas medianas de verdad –aquellas entre US$4 y US$50 millones– para dar un salto en órdenes de magnitud.
- Primero, el mercado laboral debe pasar de ser una camisa de fuerza a un acelerador. Para cualquier empresario mediano, contratar más personas lo hace pensar en abogados, multas y el fantasma de la inspección del trabajo.
- Entre 2019 y 2024, la actividad en torno a demandas laborales creció un 17 % mientras la productividad se mantiene estancada. Necesitamos un código laboral simplificado dónde contratar más no equivalga a más riesgos, y que sea posible despedir a alguien por mal desempeño. Un paso mínimo para construir culturas meritocráticas.
- Mayor flexibilidad con compensaciones adecuadas a todo evento, profundizando el seguro de desempleo, pero desanclando la seguridad social de las empresas y alocándola en el Estado dónde corresponde, es otro. Propiciar un mercado laboral meritocrático dónde tener un mejor trabajo depende del desempeño, no de la antigüedad, es el fondo del asunto.
- Segundo, fomentar creación de gobiernos corporativos robustos y empresas más productivas. Una herramienta que ha probado tener un impacto positivo en esta dirección, ha sido el uso stocks options, los que logran alinear los intereses de empleados con accionistas y crear culturas laborales enfocadas en el largo plazo. Ellos han demostrado ser efectivo para mejorar rendimientos de empresas y es ampliamente utilizado en EE.UU., mientras que en nuestro país es una costumbre incipiente, aunque al alza. Sería deseable crear beneficios tributarios y simplificar aspectos que terminan en doble tributación.
- Tercero, el capital de crecimiento sigue huérfano. CORFO dinamizó el venture capital temprano, pero las “gacelas” que facturan entre US$4 y 20 millones quedan en tierra de nadie: demasiado maduras para VC, demasiado riesgosas para la banca y demasiado chicas para emitir bonos.
- Se requieren fondos híbridos público‑privados capaces de invertir y prestar tickets de varios millones de dólares, ajustando los horizontes de inversión privados y subsidiando riesgo. Así el Estado comparte riesgo, no subsidios, y cataliza un mercado que terminará por ser más productivo, aumentar nuestras exportaciones y pagar mejores sueldos.
- Cuarto, ampliar los beneficios tributarios, más allá del umbral actual de 3,5 millones de dólares, con un régimen escalonado que ponga los incentivos a crecer pero que a su vez reconozca las dificultades de este segmento.
- La simplificación regulatoria y tributaria es fundamental para un segmento que no cuenta con grandes equipos de abogados, ni la holgura financiera para soportar la burocracia.
Crear más empresas grandes no es un juego de vanidades; es la base material del desarrollo. Las organizaciones de escala traen gerencias profesionales, mayor investigación, mejores procesos, creación de marcas, inversión en tecnología y planes de carrera más competitivos, para construir organizaciones capaces de exportar servicios y tecnología, no solo cobre, celulosa, fruta o salmón.
Una firma con ventas sobre mil millones de dólares tiene sueldos en promedio de al menos el doble que una empresa con ventas por US$5 millones. Mejorar productividad y sueldos es la forma sustentable y material hacía un mejor futuro. Sin empresas grandes de verdad, seguiremos hablando de grandeza desde la medianía.
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