Con sus disparos, el sicario apuntó a dos pájaros de un tiro: Asesinó a su víctima y, de paso, complicó la candidatura de Jeannette Jara, pues queda en la incómoda posición de representar a un gobierno y coalición que ha sido incapaces de frenar la expansión del delito y el deterioro del orden público.
Miedo, anomia y humillación. Fue Mao Zedong quien dijo que “si la temperatura es la correcta, la llama de un fósforo es capaz de incendiar un bosque. Eso es precisamente lo que ocurrió con el asesinato por encargo del denominado “Rey de Meiggs”. Un crimen que, más allá de su brutalidad, encendió una tormenta política que desnudó de forma brutal la impotencia del Estado, ya no para prevenir el delito, sino para impedir la fuga del sicario.
- El crimen del “Rey de Meiggs” y la fuga de su sicario no solo son un síntoma de la fragilidad de nuestras instituciones, sino también una metáfora del Estado que se nos escapa de las manos.
- Es la fotografía de una sociedad que se desliza hacia un abismo de anomia, donde el crimen no solo mata, sino que humilla. Humilla a los ciudadanos que cumplen la ley y pagan impuestos, a los policías que arriesgan su vida por detener a delincuentes que luego son liberados por “errores de procedimiento”, y a los gobernantes que no logran recuperar el control del territorio.
- Fueron tres sicarios venezolanos indocumentados, uno de los cuales fue inexplicablemente dejado en libertad tras una comedia de “equivocaciones”. Las autoridades hablaron de un “error de procedimiento”, pero para la ciudadanía huele a algo más profundo: corrupción, desidia, y penetración del crimen organizado en las instituciones involucradas.
- Justo en momentos en que el oficialismo intentaba, con cierto éxito, instalar una agenda centrada en educación, derechos sociales, reactivación económica y los peligros que para la democracia supondría el triunfo de Republicanos, el crimen y sus circunstancias kafkianas reinstalaron con inusitada fuerza el tema de la inseguridad y el miedo como ejes dominantes del debate público y de la campaña presidencial.
Giro en la opinión pública. En consecuencia, el partido se jugará ahora en una cancha más favorable para la derecha, que ha hecho de la seguridad su principal bandera. Dentro del oficialismo, algunos comienzan a endurecer el tono, conscientes de que la ambigüedad cuesta cara cuando la sangre corre. La narrativa progresista queda desplazada por una urgencia que no da tregua.
- Según la encuesta Cadem publicada tras el crimen, la delincuencia volvió a posicionarse con holgura como la principal preocupación ciudadana, con un 61% de menciones espontáneas, muy por encima de la economía o la salud.
- Es una señal clara de que la opinión pública ha girado hacia el orden, y que seguir hablando de reformas estructurales sin abordar de forma creíble la inseguridad es una forma de autismo político.
- Por primera vez la ciudadanía pudo ser testigo “presencial” de la fuga de un reo -asesino e indocumentado- seguir sus pasos casi en tiempo real por las cámaras de vigilancia a lo largo del territorio nacional.
- Tras salir de la cárcel, lo vio caminar acompañado de dos sujetos que lo esperaban, ingresar a un edificio en Estación Central, tomar un taxi, llegar a su destino en el norte, pasearse por la ciudad, ingresar al hostal a reponer energías, casi como un turista. El caso del “sicario” impactó a la gente pues sintetiza maravillosamente por qué los chilenos se sientes desamparados, están con miedo e indignados.
Frontera desguarnecida. Con sus disparos, el sicario apuntó a dos pájaros de un tiro: Asesinó a su víctima y, de paso, complicó la candidatura de Jeannette Jara, pues queda en la incómoda posición de representar a un gobierno y coalición que ha sido incapaces de frenar la expansión del delito y el deterioro del orden público.
- Eso se ve agravado por el hecho de pertenecer a un partido que solo ha puesto piedras en el camino, oponiéndose vehementemente a las principales leyes y medidas que impulsó el gobierno para combatir el terrorismo y el crimen organizado.
- Para que un sicario opere con esa soltura, ingrese al país ilegalmente, evada la prisión preventiva, se mueva por Santiago, contrate un taxi para viajar 1.000 kilómetros, lo pague en dinero efectivo (2.500.000) tiene que existir una red de protección sofisticada y experimentada.
- Tal vez sea la misma que ayudó a escapar a los asesinos del teniente Ojeda y quizá a cuantos más. Fue la confirmación de que la “sensación de inseguridad” no es una ilusión ni una construcción mediática de los medios de comunicación como sugieren algunos.
- Pese a que se han dictado más de 60 leyes para combatir el crimen organizado y se ha movilizado a militares, las fronteras siguen siendo un colador, como lo describió con lujo de detalles el gobernador de Arica y Parinacota en una extensa entrevista en televisión nacional, explicando cómo cientos de personas entran y salen, todos los días, por pasos fronterizos no habilitados; y también por los habilitados después de las 11pm, hora en que los funcionarios de aduana se van a dormir y no queda nadie.
Punto de quiebre. Los tribunales operan con lentitud y formalismos excesivos; los imputados son muchas veces imposible de identificar pues no portan documentos e inventan nombres falsos, por lo que el juez no sabe si tienen antecedentes penales.
- Las policías, aunque avanzan, arrastran déficits estructurales; y lo más grave es que se acumulan denuncias concretas de penetración del narco en el Ministerio Público, la judicatura, el Ejército, la Fuerza Aérea, Gendarmería, Carabineros y guardias municipales.
- Frente a este escenario, la narrativa oficialista —el equilibrio entre seguridad y derechos humanos— pierde eficacia. No porque sea moralmente errada, sino porque no responde a la urgencia del momento ni al estado de ánimo de la población.
- Es un punto de quiebre. Un catalizador que evidencia la desconexión entre la agenda de la izquierda y las prioridades de la ciudadanía. Nos recuerda que, sin seguridad, todas las demás promesas políticas pierden sentido; que cuando el Estado es incapaz de derrotar a quienes instalan el terror, se rompe el pacto básico de convivencia social. Que el peligro para la democracia son las bandas criminales internacionales, no la “extrema derecha”, ya que si no se toman medidas drásticas la democracia se verá amenazada sea quien sea quien gobierne.
LEA TAMBIÉN:
El mayor reto de Chile es el combate contra el crimen organizado. Por Sergio Muñoz Riveros
Ver esta publicación en Instagram
