Matthei está atrapada: si se modera demasiado, arriesga no llegar; si se endurece para disputar la base republicana, pierde su única ventaja frente a Kast: ser la candidata capaz de sumar más allá de la derecha. Por eso, el voto útil no es solo una estrategia: es su única esperanza. Si la elección se transforma en un plebiscito emocional entre “orden o caos”, Kast se quedará con la bandera de la seguridad, y ella reducida a una versión tibia del mismo relato. Pero si logra instalar la idea de que solo una figura moderada puede gobernar con estabilidad y sin retrocesos democráticos, podría atraer a ese electorado indeciso que teme tanto a Kast como al continuismo del oficialismo.
Candidatura estancada y “voto útil”. A solo semanas de la primera vuelta a Evelyn Matthei se le está acabando el tiempo. Las encuestas muestran que su candidatura está estancada, peleando estrechamente con Johannes Kaiser por el tercer lugar.
- Aunque Kast ha perdido respaldo y se mantiene en torno al 23%, esos votos se han trasladado a Kaiser y, en menor medida, a Parisi. En este escenario, Matthei enfrenta una encrucijada muy compleja: Aceptar que solo el “voto útil” puede salvarla.
- El “voto útil”, a primera vista parece una noción pragmática, casi técnica, pero en el fondo es el reflejo de una democracia tensionada entre la razón, la adhesión genuina y el temor ante el adversario.
- En Chile ha sido decisivo en elecciones de “alto riesgo”, como ocurrió en 1964, cuando el Partido Radical sacrificó a su abanderado Julio Durán en favor de Frei Montalva, para impedir el triunfo de Salvador Allende; volvió a ocurrir en 2021, cuando la izquierda concertacionista votó por Gabriel Boric a regañadientes para frenar a José Antonio Kast.
- El principio es simple: En lugar de votar por quien más representa tus ideas, eliges a quien tiene más posibilidades de impedir el triunfo de alguien que consideras peor. Es un cálculo frío que nace del miedo a una alternativa percibida como peligrosa.
“Ni tan cerca que me queme, ni tan lejos que me enfríe”. En un país donde la derecha se divide entre el orden autoritario de Kast y el reformismo prudente de Matthei, su destino depende de que una masa crítica de votantes independientes, de centro y de centroizquierda, incluso de Jara, decida, que ella es la única opción razonable.
- Pero seducir a ese mundo no es sencillo. Para buena parte del progresismo, la derecha sigue siendo un adversario estructural; aunque entienden que Matthei podría ser “el mal menor”, votar por ella se vive casi como una renuncia moral. Aun así, en un contexto donde los extremos avanzan, Jara por la izquierda y Kast y Kaiser en la derecha, el espacio para una alternativa moderada podría resurgir si se impone el pragmatismo.
- Matthei necesita acercarse lo suficiente al progresismo para captar el voto útil de quienes temen un avance de la extrema derecha, pero sin alejarse tanto de su propio sector como para provocar una fuga de electores de derecha, que la deje donde mismo.
- Su discurso debe equilibrar empatía social con firmeza en seguridad, desafío casi imposible en un país donde cada matiz se interpreta como una traición ideológica. “Ni tan cerca que me queme, ni tan lejos que me enfríe”; acercarse lo justo al centro sin perder la autoridad ante la derecha que aún desconfía de su pragmatismo.
La identidad y la razón. Al comienzo de la campaña, Matthei era la carta mejor posicionada de la derecha tradicional. En Chile Vamos nadie dudaba de que sería la candidata capaz de recuperar La Moneda. Pero en los últimos meses, algo cambió. Kast consolidó su voto fiel y disciplinado, el Partido Republicano demostró músculo territorial y la agenda pública se desplazó hacia su terreno: seguridad, migración y orden.
- En un país angustiado por el crimen organizado particularmente de origen extranjero, el tono inflexible de Kast conecta mejor con una ciudadanía que percibe que el Estado perdió el control.
- En este clima, la apuesta de Matthei por la sensatez y la gobernabilidad empieza a parecer como un lujo para tiempos más tranquilos. Debe mostrarse distinta de Kast sin parecer débil, y convencer a votantes que no la sienten como propia, pero que podrían verla como el mejor camino para evitar un escenario que ellos consideran extremo.
- Para atraerlos, Matthei tiene que enviar señales claras, hablar de derechos sociales, cuidar su tono frente a las minorías, desmarcarse del negacionismo republicano y subrayar su compromiso con las instituciones. Pero cada paso en esa dirección es visto por la derecha como una claudicación ideológica. Y en una campaña dominada por la identidad más que por la razón, eso puede ser letal.
- Kast no enfrenta ese dilema. Su votante lo sigue por convicción, no por cálculo. Puede radicalizar su mensaje, confiado en que si llega a la segunda vuelta tendrá espacio para moderarse. Matthei, en cambio, está atrapada: si se modera demasiado, arriesga no llegar; si se endurece para disputar la base republicana, pierde su única ventaja frente a Kast: ser la candidata capaz de sumar más allá de la derecha.
Única esperanza. Por eso, el voto útil no es solo una estrategia: es su única esperanza. Si la elección se transforma en un plebiscito emocional entre “orden o caos”, Kast se quedará con la bandera de la seguridad, y ella reducida a una versión tibia del mismo relato. Pero si logra instalar la idea de que solo una figura moderada puede gobernar con estabilidad y sin retrocesos democráticos, podría atraer a ese electorado indeciso que teme tanto a Kast como al continuismo del oficialismo.
- El voto útil, sin embargo, no se activa solo. Requiere señales, encuestas que muestren una posibilidad razonable de que Matthei está lo suficientemente competitiva como para tener una mínima opción de pasar a la segunda vuelta; pues nadie sacrifica sus convicciones por pragmatismo por una candidatura sin destino. Hasta el momento de “entrar en prensa”, esos indicios, si nos atenemos a las encuestas, lamentablemente no existen y queda muy poco tiempo para repuntar.
- En un país donde la inseguridad y el temor a la delincuencia, se ubican por encima de los temas económicos y sociales entre las prioridades de los ciudadanos, que buscan soluciones drásticas y expeditas, no es la “moderación” lo que vende. Sino la promesa de mano dura, la idea de un gobierno de “emergencia”, aún cuando no sepamos que significa.
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Debate presidencial: mucho ruido, poco cambio. Por Jorge Ramírez (@j_ramirezr).https://t.co/lO5qwLMzLO
— Ex-Ante (@exantecl) October 27, 2025
