Memorias de Sergio Muñoz Riveros: Su largo proceso de ruptura con el PC, su temprana decepción con Castro y flagelos en dictadura

Sergio Muñoz Riveros lanza el libro —en conversación con Paula Coddou— “En busca de tierra firme”,  que recorre su intensa historia, desde la pobreza de su infancia y la militancia temprana en las JJCC. El texto narra momentos dramáticos, como su detención en dictadura y sobre todo el proceso que lo llevó a romper con el Partido Comunista. Un título lleno de instantes notables.


Cortando caña con Fidel Castro. A comienzos de 1970, Sergio Muñoz era jefe de las JJCC de la U. de Chile y fue invitado a Cuba. Estuvo un mes y medio en la isla, que estaba tratando de lograr una zafra azucarera de 10 millones de toneladas. El joven estudiante experimentó el asombro y la decepción en La Habana. Una tarde fue a cortar caña con el propio Fidel Castro.

  • Al término de la jornada, Muñoz fue invitado a una cena con el comandante. “Debe haber empezado como a las 9 de noche y concluyó como a las 3 de la mañana”, recuerda en su libro En busca de tierra firme. “Asistimos a un largo monólogo de Castro, que saltó de un tema a otro, exuberante, dictando clase siempre”. Castro le preguntó a Muñoz sobre el alzamiento del regimiento Tacna en Chile, ocurrido meses antes.
  • Al llegar la noche, la conversación se volvió amarga. “Castro empezó a contar las desagradables experiencias vividas por la revolución cubana con diversos movimientos izquierdistas en varios países de América Latina, a los que les habían dado entrenamiento militar, y aportado pertrechos y dinero para iniciar la lucha armada”.
  • Fidel dijo sentirse estafado por estos grupos, que nunca hicieron la revolución. Eran unos “aventureros”. Los jóvenes invitados, de países como Uruguay, no podían creer la brutal franqueza de Castro. “Yo intentaba memorizar cada palabra y me preguntaba por qué él estaba exhibiendo tantos trapos sucios de las guerrillas latinoamericanas”.

Remezón. De vuelta a Chile, como disciplinado comunista, le contó el incidente a sus superiores. Fueron a Teatinos 416, al comité central del PC. Tras escuchar la historia, Luis Corvalán determinó que Muñoz debía ser entrevistado en El Siglo. Así se hizo y la crónica generó un remezón.  La Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba desmintió todo. Dijeron que el entrevistado era de la CIA y cosas por el estilo. El MIR pedía la cabeza de Muñoz.

  • “Lo pasé muy mal en aquellos días… En realidad, que a uno se le viniera encima la revolución cubana era como para no dormir tranquilo”. Finalmente Corvalán reculó y dijo: “Parece, compañeros, que aplaudimos antes de tiempo”. Al autor le quedó una sensación de desconfianza hacia el régimen cubano.

La visita interminable. Muñoz describe con crudeza la polémica visita de Fidel Castro a Chile en 1971. El PC chileno no era “fidelista”, pero recibió con entusiasmo al comandante.

  • Castro se quedó 24 días y recorrió el país como si fuera candidato. Muñoz pregunta: “¿Por qué Allende aceptó los desbordes de Castro y no le puso límites a su visita? En los hechos Allende fue humillado por el visitante frente a todos los chilenos… El balance de la visita fue desolador para el presidente chileno”.
  • Según el autor, Castro vino a Chile en plan de conquista. El caudillo habría actuado con la seguridad de tener secretos que podrían complicar a Allende, como el entrenamiento militar de su hija Beatriz y el grupo castrista del PS, la formación de la guardia personal del presidente y las platas para el MIR, entre otros.
  • Muñoz recuerda una frase del escritor cubano Norberto Fuentes, que fue castrista y luego exiliado de Cuba: “Castro se quedó tres semanas deliberadamente para joder a Allende”.

Tiempos violentos. El libro también registra los tiempos  de la dictadura, precarios y peligrosos. La realidad se hace espesa, dolorosa. En un instante Muñoz espera llegar a casa a tomarse un té y luego es detenido y se encuentra “desnudo, atado a una cama metálica, con electrodos en varias partes del cuerpo. Hay un instante en que caigo a una zona más oscura todavía”.

  • El texto va registrando de forma nítida, pero matizada, su rompimiento con el PC. Tras la tortura y más de un año detenido, recibe la acogida de Holanda, donde vuelve a experimentar la alegría de la libertad y reconoce los frutos del libre mercado, de una sociedad abierta, donde las oportunidades se abren. Termina sus estudios de Literatura en Amsterdam. Pero necesita volver.
  • En 1984 regresa a Chile, sigue militando en el PC pero el quiebre ya es inevitable. El partido se lanza a la lucha armada, lo cual le parece incomprensible.
  • En un momento es citado por el Comité Central a una reunión clandestina. “La conversación transcurrió en tono amable, hasta que asomó el verdadero interés de los convocantes: querían saber sobre mis contactos con Ernesto Ottone, quien había renunciado al PC en 1982 y al que sindicaban como cabeza de un intento fraccional… Les dije que no sabía de Ottone… que era mi amigo y me había visitado en Amsterdam.  Era un intento de rastrear al “enemigo interno”. Salí con el ánimo avinagrado”.
  • El alejamiento del PC comenzó el mismo 11 de septiembre de 1973 y se fue acentuando con episodios como el de Ottone, o cuando vio en la TV a Castro llamando escoria a quienes huían de la isla.

Revuelta. Otro punto del libro es su reflexión sobre el estallido. Su tesis es que hubo injerencia extranjera organizada. “En rigor, participación venezolana y cubana, que son indisociables… No se trata de que las dictaduras venezolana y cubana se hayan limitado a prestar apoyo a un movimiento interno en Chile, sino de que La Habana y Caracas tomaron la iniciativa y planificaron el ataque, fijaron el momento, en función de sus propios intereses. Sin ellos, la revuelta no se habría producido con las consecuencias devastadoras que tuvo”

Leer a continuación