Lo que queda del gobierno, resultados y reemplazo. Por Kenneth Bunker

El Frente Amplio, de la mano del Partido Comunista, ganó la batalla hegemónica en la izquierda. No solo absorbieron al Partido Socialista, instalando a personas clave en lugares específicos para neutralizar su potencial futuro, sino que además desplazaron al PPD, PRSD y DC como amenazas políticas. Si se considera que ninguno de los tres partidos ha logrado jugar un rol importante en los últimos años, es obvio que su curso institucional está en un lecho de muerte irreversible. El gobierno se acabó, pero logró remover a su principal competencia del mapa, que no solo quedó reducida a un fragmento de lo que era, sino además también marginada de la carrera presidencial de forma indefinida.


Con la renuncia paulatina de ministros, el Presidente poco a poco se va quedando solo. De los 23 que comenzaron en 2022, apenas cinco permanecen en sus cargos originales. Y aunque era previsible una renovación parcial del gabinete, sigue siendo impactante constatar en tiempo real que un Presidente con tan pocos logros para mostrar tenga tantas dificultades para asegurar el compromiso de sus principales aliados para que puedan acompañarlo hasta el final del mandato.

Ocurre que, durante los años que el Presidente Boric ha estado en el poder, el país simplemente no ha logrado levantar cabeza. La tendencia a la baja iniciada con el estallido social no se ha corregido, y los cambios realizados en la primera línea del gobierno solo han contribuido a profundizar el deterioro. Ha sido, en general, una administración desconectada y torpe, poco atenta a las urgencias reales de la ciudadanía, y que, naturalmente, por lo mismo, ha ido incluso perdiendo la confianza de los propios.

Así al menos se puede entender el movimiento de ministros en el último tiempo. No se van porque el Presidente desconfíe de su gestión o porque tenga un plan claro para corregir el rumbo, sino por rencillas políticas, cálculos electorales o compromisos ideológicos. Ni Valenzuela ni Marcel dejaron sus cargos porque hubiera un reemplazo mejor preparado en Agricultura o Hacienda; se fueron por diferencias con el propio Presidente o para dedicarse a otras cosas más importantes.

El asunto es que, con el inicio de la carrera presidencial, el gobierno pasa a ser lo menos relevante de lo importante. La ciudadanía ya dio vuelta la página, y buena parte de la clase política está más enfocada en lo que viene que en lo que queda por hacer. Salvo el FES, el proyecto que viene a reemplazar el CAE, y que viene con serios problemas según organismos técnicos, no hay nada muy relevante que se vislumbre en el horizonte legislativo como para pensar que se puedan revertir los malos resultados.

Para el Presidente, sin embargo, no pareciera haber mayor problema con aquello. Para él, que ha estado notoriamente ausente durante 2025 en comparación con años anteriores, no pareciera haber problema con que el gobierno se conforme con lo hecho, incluso sabiendo el efecto que eso tendrá sobre su legado.

Pero la complacencia no es irracional. Tiene sentido si se considera que el objetivo de Boric y su coalición no era el explícito, sino otro. En efecto, si se considera que el objetivo del gobierno era (o se transformó en) un reemplazo de la generación anterior y rival político directo, se entiende de forma perfecta. Al menos la tesis calza con los hechos. Salvo los pocos PS que están en ministerios, tras el paso de Apruebo Dignidad, no crecerá más nada donde estaban los ex partidos de la Concertación.

El Frente Amplio, de la mano del Partido Comunista, ganó la batalla hegemónica en la izquierda. No solo absorbieron al Partido Socialista, instalando a personas clave en lugares específicos para neutralizar su potencial futuro, sino que además desplazaron al PPD, PRSD y DC como amenazas políticas.

Si se considera que ninguno de los tres partidos ha logrado jugar un rol importante en los últimos años, es obvio que su curso institucional está en un lecho de muerte irreversible.

El gobierno se acabó, pero logró remover a su principal competencia del mapa, que no solo quedó reducida a un fragmento de lo que era, sino además también marginada de la carrera presidencial de forma indefinida. El PS, la facción socialdemócrata menos afectada por el reemplazo, y que no lleva un candidato propio desde 2006, tendrá que esperar al menos ocho años más para tener una nueva oportunidad. No solo porque no tiene figuras de recambio que puedan ser competitivas, sino porque es obvio que Boric vuelve en 2029.

Así, se entiende la calma que impera en el gobierno: a pesar de las múltiples crisis con las que dejará al país, parece estar tranquilo y satisfecho con lo realizado. Tiene sentido si se asume que su plan es pasar los próximos cuatro años como oposición. Desde ahí, se podrá rearticular, criticando lo que venga por delante, solo para preparar el regreso de Boric a la carrera presidencial de 2029, sin enfrentar mayor resistencia interna. Bajo esa lógica, todo encaja.

Para más columnas, clic aquí.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de Ex-Ante (@exantecl)

Leer a continuación