El que un proyecto de ley contemple diversas materias (tutti frutti, mega iniciativa, o como sea que se le llame), no contradice, no per se al menos, el concepto de ideas matrices. Ello en tanto se cumpla, en el entramado que teje y une a aquellas, con esa unidad sistémica definida por el constituyente y el Tribunal Constitucional, órgano llamado a determinar aquello, tras el eventual examen correspondiente. No es resorte del parlamento esa determinación.
Un “Tutti Frutti”. Así es como la presidenta del Partido Socialista calificó la reforma del gobierno para la reconstrucción nacional.
Con ello, busca dar a entender que la propuesta sería una mescolanza de temas inconexos, lo que está reñido con el ordenamiento jurídico que señala que las indicaciones a un proyecto de ley -y también las observaciones que presenta el presidente de la República- solo son admisibles si guardan relación directa con sus ideas matrices.
¿Es el proyecto planteado una amalgama incoherente?
Partamos por decir que la institución de las ideas matrices de los proyectos de ley fue introducida a nivel constitucional en 1970, buscando evitar las “leyes misceláneas”, esto es, las que contienen regulaciones, en los más variados campos, sin relación entre ellas, introducidas a través de nuevos preceptos, con nuevas materias y conceptos, extraños a los que se contienen en el Mensaje o Moción.
Así, el Mensaje o Moción resulta clave, pues debe fijar los bordes de la discusión. Como dice la doctrina, ahí se definen las ideas principales que generan aquellas otras que las desarrollan, complementan o que son una derivación de la fuerza generadora de las primeras.
Y esa definición no es baladí. Tal y como hice presente en una columna en enero pasado, en este mismo medio, es clave recordar la importancia del respeto por las ideas matrices y el rol de los mensajes o mociones al afecto. Además de los argumentos expresados en esa publicación, respetarlas es reconocer los límites al poder de Estado y la relevancia de la deliberación, lo que requiere determinar los ejes centrales que articularán el análisis de las normas.
Se trata, ni más ni menos, que de un principio esencial de una sociedad libre y que se sustenta en la certeza jurídica.
El Tribunal Constitucional ha señalado, en diversas sentencias, que la idea matriz es la representación intelectual del asunto que se quiere abordar; del problema que se desea resolver con el proyecto de ley. Así, cobran relevancia la exposición de los motivos y la esencia o sustancia del asunto que el legislador (autor) se ha propuesto encarar y someter al conocimiento, elaboración y aprobación final de los cuerpos colegisladores.
Además, en diversos fallos, dicha Magistratura ha señalado que las ideas matrices o fundamentales de un proyecto de ley son las contenidas, exclusivamente, en el Mensaje (o moción) y que es lo único que debe tomarse en consideración para determinar la constitucionalidad de las adiciones o correcciones que, durante la tramitación, se presenten.
De ello se desprende que el Mensaje o Moción configuran, con su respectivo articulado, un todo orgánico y armónico, donde cada precepto debe guardar absoluta consonancia con los principios rectores de la propuesta, encaminándose directamente a enfrentar el asunto substancial que dio origen a la iniciativa legislativa.
Debe ser un conjunto con unidad lógica. Aclarado aquello, volvamos al “tutti frutti”.
El que un proyecto de ley contemple diversas materias (tutti frutti, mega iniciativa, o como sea que se le llame), no contradice, no per se al menos, el concepto de ideas matrices. Ello en tanto se cumpla, en el entramado que teje y une a aquellas, con esa unidad sistémica definida por el constituyente y el Tribunal Constitucional, órgano llamado a determinar aquello, tras el eventual examen correspondiente. No es resorte del parlamento esa determinación “rechazando la idea de legislar” para hacer “cumplir la Constitución” como ha dicho recientemente la oposición.
Más aún si el presidente de la República, en el Mensaje, logra dibujar con precisión el marco de la discusión y explicar esa unidad lógica que conecta, coherentemente, las iniciativas contenidas en el proyecto, explicando cómo ellas se encaminan y potencian para dar solución al problema que se propone abordar.
De ser así, lo “mega” o “tutti” no es un problema, menos uno cuya decisión competa en definitiva al parlamento.
En realidad, esa justificación de la oposición para eventualmente rechazar esconde un propósito político: asestar un golpe al gobierno y a los chilenos al bloquear la posibilidad de progresar y generar empleos, con un afán de hacer crecer o al menos mantener a un Estado que rinde poca cuenta y que ha dado penosas, y bastante generalizadas, muestras de mal uso de los recursos de todos.
Lo anterior queda aún más claro si se considera la discusión que, hace tan solo unos meses atrás, se dio a propósito del reajuste del sector público presentado al Congreso Nacional por el exministro Grau. Ese proyecto era la antítesis de una iniciativa con unidad y coherencia lógica, y cuyos contornos, más que delimitados, estaban desbordados desde el propio Mensaje.
Pero ahí, donde el problema era burdo y manifiesto, nada dijo el socialismo democrático. Ahí, donde el tema principal de la iniciativa (reajuste de remuneraciones del sector público) terminó siendo un simple accesorio ante el salpicón de materias inconexas, y tantas otras hierbas, ellos guardaron silencio.
Hoy, en cambio y sin haber visto siquiera el proyecto de este gobierno sería un “tutti frutti”.
En el filme “Mi gran casamiento griego”, Toula -de origen griego- se enamora de Ian Miller -anglosajón protestante-. El padre de la novia, en el matrimonio, donde finalmente hace las paces con la idea de su yerno no griego- dice, en un sentido discurso: “Miller viene de la palabra griega “milo”, que significa manzana. Portokalos viene de la palabra griega “portokali” que significa naranja, de manera que esta noche estamos reunidos manzanas y naranjas. Todos somos diferentes, pero al final todos somos frutas”.
Recurriendo a la metáfora que tanto le gusta al socialismo democrático, las medidas de la iniciativa pueden ser diversas, pero si encuentran unidad de propósito explicito, expresado en el Mensaje, todas “serán fruta”.
Cuentan que la expresión final del título de la canción de Little Richard “Tutti Frutti, ohh rootie”, significaría “All right”. Contrario a lo que pretendía la timonel del Socialismo, puede ser que este tutti frutti empiece y termine igual: ¡All right!
