En la carrera del batallón Germania por acompañar a Jara en la segunda vuelta, los números se han estrechado. El eventual apoyo de Frei a Matthei debe celebrarse como un hito simbólico, pero es dudoso que le sirva para desempatar en su favor. Sin descartar la existencia de un voto oculto concertacionista a favor de la candidata de Chile Vamos, la energía anti-política de la recta final parece favorecer más a Kaiser en la empresa de pillar a Kast.
El entorno de Evelyn Matthei realiza gestiones para asegurar el apoyo del expresidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, símbolo concertacionista y prócer demócratacristiano. Sería la guinda de la torta para una estrategia que, hasta ahora, ha resultado relativamente exitosa: incorporar figuras de la mítica coalición de centroizquierda que gobernó Chile durante veinte años ininterrumpidos.
Si bien no es la primera vez que la centroderecha tiende puentes e invita a antiguos adversarios a cruzar el río —basta recordar a Fernando Flores y Jorge Schaulsohn en la “Coalición por el Cambio”, y luego a Jaime Ravinet como ministro de Defensa de Sebastián Piñera—, contar con la adhesión explícita de un expresidente como Frei terminaría por romper definitivamente el clivaje democrático/autoritario del plebiscito de 1988.
Sin embargo, el golpe es extraordinariamente limitado para el propósito de arrebatarle a José Antonio Kast el paso a la segunda vuelta. Los segmentos más débiles de Matthei están entre los jóvenes y en los estratos populares. En esos grupos, Frei no calienta a nadie. Es cierto que la derecha que algún día despotricó contra Aylwin, Frei y Lagos hoy revisita esos tiempos con ojos nostálgicos, pero para un muchacho de 25 años en La Pintana eso es la prehistoria.
Algunos han sugerido que Matthei tendría un “voto oculto” en las huestes concertacionistas que se niegan a apoyar a una candidata comunista como Jeannette Jara. Aunque el programa de Jara se parece más a Bachelet 2005 que a Boric 2021 en términos de moderación, el mundo de Frei —que incluye a Amarillos y Demócratas— le tiene sangre en el ojo a todo lo que huela a este gobierno. Ya cruzaron el charco en el plebiscito de salida de 2022; votar por Matthei es simplemente la extensión lógica de ese paso.
Pero ese mundo es también un mundo en extinción. Los demócratacristianos que miraron embelesados a Frei Montalva en la Marcha de la Patria Joven van camino al cementerio. Es difícil que de ahí emerjan las fuerzas que permitan a Matthei acortar terreno en la recta final.
Por el contrario, los votos de los jóvenes populares son probablemente antiestablishment. El votante no habitual que metimos a la fuerza en el proceso constituyente no es de derecha: usa el sufragio para mandar a los políticos a la cresta. Es inverosímil pensar que Matthei encarne esa bronca. Ha sido diputada, senadora, ministra y alcaldesa. Pocas figuras representan mejor a la “casta” política enjuiciada.
Por cierto, tampoco es un voto que vaya a beneficiar a Jara, por mucho que haya nacido en cuna de mimbre o trabajado como temporera de una fruta de cuyo nombre no pudo acordarse. El voto antiestablishment, sencillamente, no favorece a quienes están en el poder —sin importar sus coordenadas ideológicas—, sino a quienes lo desafían.
Si se trata de mandar un mensaje rabioso contra los políticos, Johannes Kaiser o Franco Parisi son vehículos mucho más idóneos que Matthei o Jara. Ese voto oculto parece bastante más sustancioso que el viejo electorado concertacionista.
A Kaiser no se le puede sacar el ojo de encima. En algunas encuestas, el nacional-libertario ya supera a la candidata de Chile Vamos. Y va por Kast. De youtuber porro y matón pasó a convertirse en una voz solemne, algo brutal, pero elocuente y consistente. Entendió que su primera tarea era aumentar conocimiento, así que utiliza la franja para instalar el sonido rítmico de su nombre.
Kast, por su parte, debe estar reevaluando si fue tan buena idea dejarlo correr libremente. Parecía que sí: en lugar de enfrentar su crecimiento, le dieron la bienvenida a la lucha contra la “derechita cobarde” y así lo neutralizaron. Al apropiarse de la franja más radical de la derecha, Kaiser resultaba funcional al perfilamiento de Kast como líder moderado. Pero esa estrategia ha resultado riesgosa.
Ya sea porque leyó el proceso de secularización de la sociedad chilena o porque no le conviene si se trata de disminuir su rechazo, Kast abandonó la llamada “batalla cultural”. Le regaló a Kaiser a los antivacunas, negacionistas climáticos e incels en guerra contra la temida Agenda 2030.
Desde ahí, Kaiser comenzó a reconstruirse tras haber caído a las mazmorras en las encuestas. Su lúcida performance en el debate inoculó confianza entre sus huestes, y más de alguno se pasó de Kast a Kaiser acusando al primero de amarillo. Ahora Kast experimenta en carne propia el drama de las sábanas cortas: si se tapa el pecho, se destapa los pies.
En la carrera del batallón Germania por acompañar a Jara en la segunda vuelta, los números se han estrechado. El eventual apoyo de Frei a Matthei debe celebrarse como un hito simbólico, pero es dudoso que le sirva para desempatar en su favor. Sin descartar la existencia de un voto oculto concertacionista a favor de la candidata de Chile Vamos, la energía anti-política de la recta final parece favorecer más a Kaiser en la empresa de pillar a Kast.
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La derecha entre el orden y la coordinación. Por Kenneth Bunker (@kennethbunker).https://t.co/mizoxiiTHH
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