Sillas escasas, decisiones clave

Si uno mira con atención lo ocurrido en grupos como Santander, Falabella, Parque Arauco, Agrosuper, Bicecorp o Banco de Chile, aparece algo más profundo: una reorganización gradual de las capacidades y del poder dentro de las empresas chilenas.


En un mercado donde las sillas de director siguen siendo pocas y altamente observadas, los movimientos de esta temporada de juntas 2026 no parecen simples ajustes de nombres. Si uno mira con atención lo ocurrido en grupos como Santander, Falabella, Parque Arauco, Agrosuper, Bicecorp o Banco de Chile, aparece algo más profundo: una reorganización gradual de las capacidades y del poder dentro de las empresas chilenas.

En varios casos hubo cambios de presidencia, salida de directores históricos y renovación relevante de mesas. Pero más allá de quién entra o quién sale, lo interesante es otra cosa: qué tipo de perfiles están empezando a ganar espacio.

Hace algunos años, muchos directorios seguían funcionando principalmente como espacios de representación de propiedad o de confianza histórica. Eso no desaparece, pero sí empieza a convivir con otra lógica: la necesidad de incorporar experiencia concreta para enfrentar entornos más complejos, regulados y exigentes —con presión simultánea en IA, ciberseguridad, riesgos geopolíticos y sostenibilidad, como señala la agenda 2026 de los directorios (KPMG, 2026).

Por eso hoy vemos con más frecuencia la llegada de ex CEOs, ex autoridades económicas, ejecutivos con trayectoria internacional y perfiles con experiencia específica en finanzas, regulación, consumo masivo o gestión de grandes organizaciones. Los directorios comienzan a parecerse menos a un círculo tradicional de nombres conocidos y más a una combinación deliberada de capacidades técnicas y estratégicas.

También se observa una mayor presencia de directores independientes, impulsada tanto por inversionistas institucionales como por estándares regulatorios más exigentes. La nueva normativa de la CMF elevó las exigencias sobre independencia y obligó a muchas compañías a revisar con más cuidado sus procesos de nominación.

Eso no significa que el controlador haya perdido influencia. En Chile, sigue teniendo un peso determinante en la composición de las mesas. Pero sí se aprecia una transición hacia estructuras más mixtas, donde conviven representantes históricos, independientes y perfiles técnicos especializados.

En empresas familiares, ese cambio se nota especialmente. Varias están atravesando procesos de transición generacional y profesionalización de sus gobiernos corporativos. La discusión ya no pasa solo por quién representa a la familia, sino también por qué capacidades necesita realmente el directorio para acompañar el crecimiento de la compañía y manejar relaciones cada vez más complejas entre propiedad, gestión y estrategia.

Otro cambio relevante -aunque todavía lento- es el avance femenino en los directorios. La presencia de mujeres sigue creciendo, particularmente en bancos, retail y consumo, pero muchas compañías continúan funcionando con una lógica de “una mujer por mesa”. Un estudio del Centro de Gobierno Corporativo UC sobre las juntas 2026 ilustra bien esta tensión: de las 56 mujeres en directorios del IPSA, 50 ocupan un único cargo, lo que sugiere que el avance en cifras no siempre refleja una apertura real del pool de talento. Lejos todavía de estándares de diversidad más consolidados a nivel internacional.

Quizás lo más interesante de este ciclo de juntas es que los cambios relevantes no siempre aparecen explícitamente en los hechos esenciales ni en los comunicados oficiales. Lo que se está moviendo no son solo nombres: son criterios de selección, equilibrios internos y prioridades estratégicas.

Y eso probablemente explica por qué el recambio actual se siente distinto al de años anteriores. Porque las empresas chilenas parecen estar entendiendo, lentamente, que un directorio ya no se construye únicamente sobre confianza o trayectoria histórica. Se construye sobre capacidades.

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