A principios de junio su vicepresidente señaló que la Convención Constituyente estaba en “caída libre”, acusando -sin ningún fundamento- al gobierno de sabotaje por negarle los medios materiales y tecnológicos para su funcionamiento. Pienso que Jaime Bassa nunca imaginó que su temeraria frase se haría realidad a solo dos meses después y menos por causas solo imputables a la conducción y conducta de la propia convención.
La Convención Constituyente está viviendo momentos aciagos. Partió mal desde el primer día cuando un sector de los convencionales llamo a rodear la sede de la convención a sabiendas de que ello llevaría a un enfrentamiento con Carabineros, que fue justamente lo que ocurrió, provocando la suspensión de la sesión en medio de gritos e insultos; y desde ese momento el triste espectáculo no ha parado.
- El desarrollo de la convención se ha dado en un clima de descalificaciones y funas; intentos de privar arbitrariamente a un convencional de su legítimo derecho a participar en comisiones, ignorando el marco jurídico que regula su funcionamiento, como por ejemplo emitir pronunciamientos sobre política contingente pidiendo indultos para supuestos presos políticos.
- Debates inconducentes políticamente motivados, como por ejemplo su presunto carácter “soberano” y de “poder del estado” que llevan al desconocimiento de las normas de constitucionales que la regulan; lo que la esta transformado en un campo de batalla ideológico que exacerba las diferencias y obstaculiza la búsqueda del consenso.
- La convención hace noticia por asuntos que irritan a la opinión pública tales como peleas con el gobierno, rechazo a Catalina Parot, exigencias de plata, incrementos sustantivos de las asignaciones, libre disposición de recursos para convencionales, negativa a fijar competencias profesionales mínimas para los asesores; o la revelación, gracias a un medio de prensa, de que uno de sus vice presidentes, había engañado a la ciudadanía inventándose una enfermedad que no tenía, falsificando su declaración de patrimonio con deudas presuntamente contraídas para financiar su tratamiento, con fotos falsas que lo muestran hospitalizado usadas durante su campaña.
La civilidad no existe en la Convención. Sin ir más lejos, Este jueves en el marco de reclamos y gritos por la adopción de quorum de 2/3 en el reglamento se produjeron graves incidentes entre los propios convencionales que obligaron a Elisa Loncon a suspender la sesión por falta de condiciones para continuar debatiendo, llegando a decir que con esas conductas se ponía en riesgo la “legitimidad de la convención”.
- Hay un clima de supresión de las opiniones que no se conforman con las de la mayoría, que se refleja en la adopción de normas reglamentarias represivas como la que censura el “negacionismo” aplicable a los constituyentes, concepto que fue desechado por el Tribunal Constitucional por ser contrario a la libertad de expresión. Se ha pretendido imponer una forma de expresarse “políticamente correcta”, una forma de “reeducar” a los convencionales que no pertenecen a los grupos dominantes.
- Este estado de cosas se está traduciendo en un aumento significativo de las personas que desaprueban el desempeño de la Convención. Según algunas encuestas solo el 30% aprueba. Una caída impresionante en tan poco tiempo.
- Ello es grave y tremendamente perjudicial, no solo para la convención, sino que para el país ya que puede afectar la legitimidad del texto de la nueva constitución que deberá someterse a plebiscito. La estabilidad política y social requiere que la Convención culmine con éxito su misión de dotar a Chile de una nueva constitución que pueda ser aprobada por una amplia mayoría.
- En medio de este cuadro frustrante, hay que recordar que La Convención recién está partiendo y solo lleva 18 sesiones en dos meses de funcionamiento; que los debates de fondo aún no empiezan por lo que los constituyentes están a tiempo de superar el mal momento.
La prueba de fuego será la aprobación del Reglamento cuyo texto opta, en general, por respetar las reglas que regulan la convención (buena noticia) consagrando, entre otras cosas, el quorum de los dos tercios y rechazando los plebiscitos dirimentes.
- Sin embargo, solo fue aprobado por mayoría en la Comisión pertinente compuesta por 30 miembros y existe una fuerte oposición a muchas de sus disposiciones que podrían no sobrevivir en el plenario. Hay presiones de convencionales de izquierda que esta molestos por lo que califican de “entreguismo” de algunos de sus correligionarios.
- Desgraciadamente la extrema izquierda que domina la convención y sus máximas autoridades están en estado de “negacionismo”. En vez de reconocer, corregir y enmendar los errores y las malas prácticas, rechazan las críticas como parte de una campaña de la derecha y sectores que siempre fueron hostiles a la idea de una asamblea constituyente; o bien recurren a viejo expediente de culpar a los medios de comunicación por las malas noticias.
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