Lo determinante serán los frutos que consiga este gobierno

¿Qué espera del gobierno la mayoría de los chilenos? Algo muy básico: que mejore las cosas.  O sea, que se empeñe a fondo en la batalla por la seguridad y enfrente a la delincuencia con todos los recursos del Estado. Que imponga el respeto a la ley en todo el territorio, de lo cual los operativos policiales con apoyo militar en Temucuicui son un ejemplo alentador. Que aliente la reactivación económica, para lo cual la aprobación del proyecto de Reconstrucción puede ser un gran estímulo.


A propósito del ajuste ministerial efectuado por Kast a 69 días de haber llegado a La Moneda, se han cuestionado los criterios con que él constituyó el gabinete. Sin embargo, es aventurado tratar de establecer un paradigma respecto de cómo debe formarse un equipo de gobierno. Se ha dicho que es mejor que los ministros sean cuadros políticos, que tengan experiencia anterior en el Estado, que sean elocuentes comunicadores, que estén permanentemente en terreno y muestren cercanía con la gente, etc.

Pero, en realidad, no existe un principio de eficiencia garantizada. Un biólogo de excelencia puede resultar un deficiente ministro de Ciencias, un especialista en Kant un ministro de Educación incompetente, un ingeniero de éxito un mal ministro de Obras Públicas. Respecto de los diplomas, está claro que son solo una referencia. Y la experiencia muestra que algunas personas que no poseían un diploma llamativo, han realizado una gestión provechosa.

La política es un terreno abrupto, lleno de riesgos. Se dice que es el arte de gobernar, pero lo que más exige es artesanía. Sobrevivir allí requiere no solo inteligencia, sino sentido de realidad, instinto, maña, incluso capacidad de disimulo y, de manera especial, cuero de elefante, como dijo una vez Frei Montalva. Es un campo de competencia, pero también de contienda abierta, en el que abundan las malas artes.

El reto de Kast es conseguir que su diseño de gestión, que ha provocado duras críticas, se valide por los resultados. Si estos son significativos para el progreso del país, se perdonarán las insuficiencias en la labor de los ministros y de él mismo. Obras son amores. Precisamente por eso, es crucial que el gobierno actúe con una línea coherente, y que no haya confusión respecto del proceso de toma de decisiones.

Al parecer, Claudio Alvarado, ministro del interior y ahora también secretario general de gobierno, no será propiamente vocero de La Moneda, tarea que recaerá en el subsecretario del Interior. Algunos dirigentes oficialistas, sin embargo, interpretaron el ajuste ministerial como un reforzamiento del poder de Alvarado, y han sugerido que ahora las comunicaciones responderán a una sola pauta, la del jefe de gabinete, y no a ese raro entramado que es el Segundo Piso, que ha estado en el centro de las polémicas durante la instalación del gobierno.

¿Hay una pugna soterrada en La Moneda? ¿Se convirtió el Segundo Piso en un factor de poder que compite con el gabinete? La ambigüedad puede provocar cortocircuitos. El mandatario debería estar consciente, en todo caso, que la estructura de su gobierno debe facilitar las exigentes tareas que hay por delante, no generar ruido o conflicto. En ese ámbito estará a prueba también su propio liderazgo.

Aunque algunos analistas creen conocer hasta las intenciones de Kast, la mayoría de los chilenos recién lo estamos conociendo. Es deseable que no cometa errores graves en estos 4 años y que haga respetable la Presidencia. Al respecto, es lógico que establezcamos comparaciones. El escritor peruano Jaime Bayly presentó hace pocos días su última novela en Buenos Aires, y al ser entrevistado en la TV, dijo lo siguiente sobre Javier Milei: “Uno lo ve tan sobreexcitado, hiperventilado y sobreactuado, que termina pensando: si no sabe gobernar su vida, sus palabras y sus silencios, tampoco sabe gobernar el país”.

El experimento anarco-capitalista en Argentina, que en algún momento entusiasmó visiblemente a un sector de la derecha en Chile, no es ejemplo de nada valedero para el gobierno de Kast. Esperemos que, a estas alturas, eso esté fuera de dudas.

¿Qué espera del gobierno la mayoría de los chilenos? Algo muy básico: que mejore las cosas.  O sea, que se empeñe a fondo en la batalla por la seguridad y enfrente a la delincuencia con todos los recursos del Estado. Que imponga el respeto a la ley en todo el territorio, de lo cual los operativos policiales con apoyo militar en Temucuicui son un ejemplo alentador. Que aliente la reactivación económica, para lo cual la aprobación del proyecto de Reconstrucción puede ser un gran estímulo.

Chile puede progresar en los años que vienen, y eso es lo más relevante. Hay una oportunidad que no puede desaprovecharse. En la centroizquierda, sin embargo, no terminan de decantarse los puntos cardinales. Simplemente, no saben dónde está el Norte, y tienden a sacar cuentas menguadas respecto de qué es lo que puede favorecer sus intereses. Parecen temer que el gobierno de derecha tenga éxito, y que eso los perjudique. Con tal visión, deducen que, si Kast fracasa, se verán beneficiados. Se equivocan si creen que dicha manera de razonar será premiada por los ciudadanos.

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