Industria de asset management: cuando crecer no basta

En la nueva era financiera no necesariamente ganarán los más grandes, sino aquellos capaces de adaptarse con mayor rapidez a los cambios del mercado, la tecnología y, sobre todo, a las expectativas de los propios inversionistas.


La industria global de asset management está atravesando una de sus transformaciones más profundas en décadas, ya que el crecimiento del tamaño del mercado y de los activos bajo administración (AUM) ya no garantiza un aumento proporcional de la rentabilidad, en un contexto en que la Inteligencia Artificial (IA), la tokenización y los nuevos hábitos de inversión comienzan a redefinir por completo este negocio financiero.

El último estudio global de EY sobre la industria muestra una paradoja que explica buena parte de la tensión actual. Los activos bajo administración alcanzaron US$140 billones en 2024 y podrían llegar a US$209 billones hacia 2030. Sin embargo, ese crecimiento no se traduce automáticamente en mejores resultados. Entre 2020 y 2024, los ingresos de las mayores gestoras crecieron a una tasa anual de 4,6%, pero los márgenes operacionales permanecieron estancados, moviéndose entre 27% y 37%.

La razón es simple: administrar dinero es cada vez más caro y competitivo. Los costos regulatorios suben, la presión por bajar comisiones continúa y los clientes exigen mayor personalización, acceso digital y alternativas sofisticadas de inversión. Al mismo tiempo, las firmas deben invertir miles de millones en tecnología, datos e inteligencia artificial para no quedar rezagadas.

En paralelo, la industria se está polarizando aceleradamente. Los 20 mayores asset managers del mundo ya controlan 47% de los activos globales. La concentración genera ventajas enormes: más escala, tecnología más potente y mayor capacidad para absorber costos. Por otro lado, para los actores medianos, la amenaza es evidente. El riesgo ya no es solo crecer menos; es perder relevancia.

Pero el verdadero punto de inflexión es tecnológico. Más del 80% de los CFOs entrevistados por EY identifica la inteligencia artificial como prioridad estratégica. Y no se trata únicamente de automatizar procesos. La industria comienza a imaginar administradoras “AI-native”, donde algoritmos y sistemas autónomos participen desde el análisis financiero hasta la relación con clientes y la construcción de portafolios de inversión.

La pregunta ya no es si la IA transformará el negocio financiero, sino qué firmas sobrevivirán a esa transición. Varias compañías entienden que enfrentan un posible “momento Kodak”: ver venir el cambio, pero reaccionar demasiado tarde para capturar su valor.

A este escenario se suma la expansión de activos alternativos y la tokenización. El reporte proyecta que los mercados privados superarán los US$30 billones hacia 2030, mientras el private credit podría crecer desde US$1,7 billones actuales a US$4 billones. Además, 57% de los inversionistas consultados afirma tener interés en activos tokenizados.

En la misma línea, la democratización financiera también se acelera. Cerca de 30% de los clientes planea aumentar su exposición a inversiones alternativas y 61% considera prioritario discutir estos activos con sus asesores. Lo que antes estaba reservado para inversionistas institucionales o grandes fortunas comienza a expandirse al mercado masivo.

Chile no está ajeno a esta tendencia. La presión por digitalización, eficiencia y personalización ya impacta a bancos, AGF, corredoras y compañías de seguros. El desafío para la industria local será evitar competir únicamente por tamaño o costos y encontrar espacios reales de diferenciación. Donde la diferenciación ha dejado de ser sólo la experiencia digital, son los productos, la forma de ver al cliente en un horizonte temporal más amplio, cubrir necesidades de una forma más holística. Ver la segmentación, y la oferta en respuesta, de una forma dinámica.

En síntesis, en la nueva era financiera no necesariamente ganarán los más grandes, sino aquellos capaces de adaptarse con mayor rapidez a los cambios del mercado, la tecnología y, sobre todo, a las expectativas de los propios inversionistas.

En este contexto, la próxima etapa de desarrollo de la industria no dependerá únicamente de la capacidad para generar rentabilidad, sino de la habilidad de las administradoras para combinar innovación, eficiencia, cumplimiento regulatorio y una gestión robusta de riesgos en un entorno cada vez más complejo.

Aquellas entidades que logren integrar de manera efectiva estos elementos estarán mejor posicionadas para capturar nuevas oportunidades y fortalecer la confianza de los inversionistas.

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