Crecimiento agregado y debilidad del empleo: una brecha que persiste

Si la economía no logra transformar su dinamismo en oportunidades laborales, especialmente para mujeres y jóvenes, seguirá existiendo una brecha relevante entre las cifras macroeconómicas y la experiencia cotidiana de muchos hogares. La pregunta clave no es solo cuánto crece el país, sino quiénes participan de ese crecimiento. Hoy esa distancia es demasiado amplia y permitir que siga aumentando sería un error.


El último Barómetro de la Economía Chilena del Instituto UNAB de Políticas Públicas muestra que la economía chilena se encuentra en terreno positivo, aunque acumuló su segundo retroceso consecutivo, cayendo 4,5 puntos hasta los 19,7. Esta caída, aunque considerablemente menor a la de mayo (-12,5 puntos), nos muestra un escenario desafiante para Chile.

Entre los factores positivos, encontramos que el IPSA de junio, siguiendo la tónica de todo este año, registró un crecimiento interanual de 31,5%. Al mismo tiempo las exportaciones mostraron un repunte importante. A esto se suma el último catastro de la Corporación de Bienes de Capital que elevó en 33% los montos previstos para grandes proyectos en el período 2026-2029, y el propio Banco Central corrigió al alza sus perspectivas de inversión.

No obstante, estas buenas noticias conviven con señales un poco menos alentadoras. La tasa de desempleo alcanzó su nivel más alto desde mediados de 2021 y supera el 8% desde hace más de tres años. El desempleo y el Índice de Avisos Laborales en Internet no solo se encuentran en terreno negativo, sino que continúan deteriorándose. En el trimestre febrero-abril de 2026, la desocupación llegó al 9,1%. La fuerza de trabajo creció 1%, la ocupación avanzó apenas 0,7%.

Cabe preguntarse entonces, ¿por qué ante la suma de factores positivos que mencionamos anteriormente el empleo no parece reaccionar? Para responder esto debemos mirar con mayor detención las cifras.

El aumento en las exportaciones está impulsado fuertemente por el alza del precio del cobre, que desde el 2020 ha ido al alza. Este aumento de precio ha estado acompañado de una disminución de las toneladas exportadas (ver gráfico). En otras palabras, pareciera que el aumento del precio no ha generado una expansión equivalente de la producción. Para que la minería genere más puestos de trabajo y desencadene un ciclo virtuoso en el resto de la economía, no basta con que aumente el precio del cobre. También deben desarrollarse nuevos proyectos y expandirse las operaciones existentes. Si la permisología, la incertidumbre regulatoria o la falta de exploración limitan la capacidad de respuesta del sector, el alza de precios no se traducirá en las oportunidades laborales que demanda la población.

Gráfico 1: Mercado del cobre en Chile

Fuente: Elaboración propia en base a datos del Banco Central de Chile.

Por otra parte, el impulso de la inversión difícilmente se sentirá en el empleo a corto plazo: los extensos procesos de permisos y la carga regulatoria dilatan el momento en que un proyecto aprobado se traduce en obras y contratación. No es que falte cartera de proyectos, sino que entre que un proyecto existe y empieza a demandar trabajadores media un rezago que el mercado laboral acusa hoy.

Los costos de esta situación no se distribuyen de manera uniforme. Los más expuestos son los grupos con mayores dificultades de inserción laboral. La desocupación femenina llegó a 10,5%, frente al 8% de los hombres, con una fuerza de trabajo femenina que se expandió 2,1%, muy por encima del 1,3% de la ocupación. Los jóvenes enfrentan un escenario similar, con una desocupación que bordea el 22,8% y alcanza cerca del 28% entre las mujeres jóvenes.

Existe, por tanto, una parte importante de la población que observa indicadores económicos positivos, pero que no logra participar plenamente de sus beneficios. Esto debe abordarse con cuidado: corre el riesgo de erosionar la confianza y aumentar la frustración de quienes ven deteriorarse su situación mientras escuchan mensajes optimistas sobre la economía. Las expectativas importan y tienen efectos concretos sobre las decisiones de las personas.

Si la economía no logra transformar su dinamismo en oportunidades laborales, especialmente para mujeres y jóvenes, seguirá existiendo una brecha relevante entre las cifras macroeconómicas y la experiencia cotidiana de muchos hogares. La pregunta clave no es solo cuánto crece el país, sino quiénes participan de ese crecimiento. Hoy esa distancia es demasiado amplia y permitir que siga aumentando sería un error.

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