Ciencia: Por qué los temporales que azotan a Chile se intensificarán y como debe prepararse el país

El actual temporal es parte de un patrón —sequía prolongada y lluvias cada vez más extremas — que la ciencia climática prevee que se intensifique, y que exige a Chile pasar de una gestión de emergencia reactiva a una infraestructura pensada para la variabilidad extrema como nueva normalidad.


El mecanismo: Lo que golpea hoy al país es la superposición de varios fenómenos, pero sobre todo El Niño. Primero, un río atmosférico: una franja angosta en la atmósfera que transporta vapor de agua desde el Pacífico tropical como si fuera una autopista, y que en esta ocasión alcanzó la categoría 5, la máxima de la escala.

  • Segundo, tres sistemas frontales que llegaron de forma consecutiva desde el sur.
  • Tercero -y más importante- El Niño, el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial, que genera sistemas frontales intensos, vientos fuertes y lluvias continuas en plazos cortos.
  • En términos simples, El Niño calienta el agua del océano, que funciona como el combustible que alimenta las tormentas. Cuando se combina con un río atmosférico potente, el resultado es lluvia extrema en pocas horas.

Por qué se alternan sequías largas con fuertes temporales. Esta dinámica —una “megasequía” de más de una década interrumpida por eventos de lluvia extrema— es lo que documenta la ciencia climática chilena desde hace años. El Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) describe desde 2019 la megasequía que afecta a Chile central como un evento sin precedentes en al menos mil años de registro.

  • Eso es resultado de una combinación de variabilidad natural (fases frías del Pacífico, tipo La Niña) y una tendencia de fondo de calentamiento antropogénico (generado por la quema de combustibles fósiles -carbón, petróleo, gas-, que crea gases de efecto invernadero.
  • Sobre esa base seca, cada episodio de El Niño —como el actual— actúa como un gatillo que puede producir precipitaciones desproporcionadamente intensas.
  • Por cada grado Celsius de calentamiento, la atmósfera puede contener alrededor de un 7% más de humedad, lo que los científicos identifican como uno de los mecanismos centrales detrás de la intensificación de las lluvias extremas a nivel global

¿Va a empeorar? La evidencia científica disponible apunta a que sí. Los períodos secos entre eventos de El Niño tienden a ser más largos e intensos, mientras que los eventos húmedos, cuando ocurren, tienden a ser más extremos.

  • El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) -organismo de la ONU encargado de analizar el calentamiento global, sus impactos y las opciones para frenarlo- proyecta para la zona central de Chile una disminución de las precipitaciones medias anuales junto con un aumento en la frecuencia de eventos de precipitación extrema.
  • La Dirección Meteorológica de Chile y la Comisión ENFEN (que monitorea El Niño/La Niña en el país) han advertido reiteradamente que la recurrencia de estos episodios, de entre dos y siete años, se está insertando sobre una línea de base cada vez más cálida y seca, lo que multiplica sus efectos respecto a décadas anteriores.

Qué debería hacer Chile: La literatura científica y los organismos técnicos coinciden en varios ejes:

  • Gestión hídrica dual: infraestructura capaz de capturar y almacenar el agua de los eventos extremos (embalses, recarga de acuíferos) para amortiguar los períodos secos, en vez de solo evacuarla como amenaza.
  • Ordenamiento territorial y alertas tempranas: restringir construcción en quebradas y zonas de aluvión, y fortalecer sistemas de alerta temprana, especialmente en zonas áridas no habituadas a la lluvia.
  • Infraestructura eléctrica y de emergencia resiliente: los cortes masivos de luz muestran una red vulnerable a vientos y caída de árboles, un punto que la Política Energética Nacional identifica como prioritario.
  • Adaptación agrícola: diversificación de cultivos y sistemas de riego tecnificado, dado que el sector exportador enfrenta simultáneamente el riesgo de sequía y el de destrucción de cosechas por lluvia extrema.
  • Mitigación de fondo: reducir emisiones de gases de efecto invernadero sigue siendo la única palanca que actúa sobre la causa estructural (el calentamiento global), no solo sobre sus síntomas.
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