Las dudas que persisten en la evaluación ambiental de la mayor desaladora en Chile

El megaproyecto de CRAMSA avanza lentamente en su tramitación, pero aún enfrenta observaciones clave: el SAG cuestiona la falta de estudios suficientes sobre la chinchilla lanigera y la flora asociada en la zona de influencia, mientras que el Ministerio del Medio Ambiente advierte riesgos ecológicos en la Bahía Bolfin por el movimiento de sedimentos y la presencia de metales.


Qué observar. El megaproyecto de desalación “Aguas Marítimas”, promovido por CRAMSA en la región de Antofagasta, busca convertirse en la mayor planta desalinizadora de Chile y una de las más grandes de Latinoamérica.

  • Tras más de tres años de tramitación ambiental, la iniciativa ha logrado resolver la mayoría de las observaciones presentadas por organismos públicos, pero aún enfrenta reparos técnicos relevantes.
  • El Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) y la Seremi del Ministerio del Medio Ambiente han mantenido objeciones centradas en impactos sobre ecosistemas sensibles y especies protegidas, particularmente la chinchilla lanigera, declarada “En Peligro (EN)” por el Ministerio del Medio Ambiente.

El proyecto y su cronograma. Ingresado a evaluación ambiental en marzo de 2022, el proyecto contempla una planta desalinizadora ubicada en el sector de Caleta Bolfin, a 12 kilómetros al sur de Caleta Coloso, fuera del límite urbano de Antofagasta.

  • La infraestructura considera un sistema de conducción de agua desalinizada de aproximadamente 480 kilómetros, 17 estaciones de bombeo, 350 kilómetros de líneas de transmisión eléctrica y 21 subestaciones.
  • La iniciativa tiene como objetivo abastecer con agua desalinizada a las comunas de Antofagasta, Calama y Sierra Gorda, con usos previstos en los sectores minero, agrícola, industrial y eventualmente también sanitario, mediante distribución a través de concesionarias de servicios básicos.
  • La inversión total estimada supera los US$ 4.000 millones y la empresa proyecta que en 2028 comenzará la entrega de agua, inicialmente con un volumen de 350.000 m³ diarios, que se incrementará a 700.000 m³ al completarse su construcción.
  • Durante su fase de edificación, se estima la generación de 8.500 empleos en su punto más alto.

El pronunciamiento del SAG. En su último oficio, el SAG cuestionó que el titular no haya presentado estudios actualizados ni específicos sobre la fauna silvestre en los sectores costeros de la región de Antofagasta donde se ha registrado presencia de chinchilla lanigera.

  • “Se desconoce el rango de movimiento de la especie, donde existe la probabilidad que su movimiento sea entre los cerros, utilizando el sector donde se intervendrá con el acueducto como zona de paso hacia sus guaridas o refugios”, señala el informe técnico.
  • El SAG advirtió que el propio titular reconoció la detección de chinchilla lanigera en el área del proyecto, y que esto demuestra que un mayor esfuerzo de muestreo permite identificar especies no registradas anteriormente, lo que pone en duda la suficiencia de los monitoreos realizados.
  • En consecuencia, exige una serie de medidas correctivas: ampliar los monitoreos a todas las estaciones del año utilizando técnicas no invasivas como fototrampeo; mantener cámaras activas al menos tres semanas consecutivas y sin uso de flash; determinar el rango de movimiento de la especie en el sector del acueducto y realizar análisis detallados del ruido que podría afectar a su comportamiento.
  • El organismo también solicitó establecer el tamaño de la población detectada en el área, identificar y caracterizar las guaridas o refugios existentes, y evaluar el riesgo de derrumbe por efecto de las obras.
  • Otro aspecto relevante es la relación con la flora del área: se confirmó que el proyecto afectará a 582 ejemplares del cactus Copiapoa boliviana (también clasificada como En Peligro), lo que llevó al SAG a exigir que se determine si esta cactácea forma parte de la dieta habitual de la chinchilla y cómo su eliminación podría afectar la disponibilidad de alimento.
  • Además, el servicio instó a desarrollar un estudio del ámbito de hogar de la especie y un modelamiento de nicho ecológico, y planteó la necesidad de analizar la posibilidad de modificar el trazado del acueducto para evitar que interfiera con zonas de desplazamiento o hábitat.
  • Advirtió, finalmente, que la ausencia de madrigueras detectadas no implica ausencia de uso, ya que los registros podrían corresponder a corredores de paso, lo que ampliaría el área de influencia del impacto más allá de lo estimado.

Observaciones del Ministerio del Medio Ambiente. La Seremi del Ministerio del Medio Ambiente también manifestó reparos.

  • A través de un oficio, solicitó la presentación de un plan de medidas de compensación por riesgo ecológico en el ecosistema marino de la Bahía Bolfin, en particular respecto a la presencia del analito cobre en la columna de agua y los sedimentos.
  • Según el ministerio, este elemento constituye “un factor de riesgo ecológico para el ecosistema de la bahía”, sobre todo en la fase de construcción, en la que el movimiento de sedimentos podría aumentar la biodisponibilidad de metales y metaloides.
  • En cuanto a la fauna terrestre, el Ministerio coincidió con el SAG al señalar que el impacto sobre Chinchilla lanigera estaría subestimado en los antecedentes presentados por el titular, y que se requiere información más robusta para una evaluación adecuada del riesgo que implican las obras.

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