Julio 16, 2022

La famosa entrevista de Boric: La desdramatización del Rechazo. Por Kenneth Bunker

Ex-Ante

Si ayer se buscaba instalar la idea de que el plebiscito era entre la constitución de Pinochet y una constitución escrita en democracia, hoy se entiende que ambas opciones no solo son legítimas, sino que viables. Con esto, el presidente le abrió las puertas al Rechazo. Lejos de subirle el costo a la opción de statu quo, la desdramatizó. Gente que ayer sentía que si ganaba el Rechazo el proceso se acababa, hoy tiene la garantía de que votar Rechazo también es votar por cambio.


Lo que dijo Gabriel Boric en el matinal de Chilevisión no da lo mismo. No fue una entrevista más. El solo hecho de hablar del Rechazo cambia todo. Por lo bajo, revela la fortaleza de la opción. Hasta ahora, el presidente, y por extensión el gobierno, se había negado a aceptar la cruda realidad que muestran las encuestas: si el plebiscito fuera hoy, los chilenos rechazarían el texto de los constituyentes. Desde ahora en adelante esto cambia. Boric no solo comunica que es legítimo votar Rechazo sino que es probable que gane también.

El impacto de la declaración de Boric se dejó sentir en todo el oficialismo. En particular, entre los exconstituyentes, que ingenuamente esperaban que el presidente los apoyara hasta el final. No por nada se comenzaron a llamar directamente a La Moneda después de la famosa entrevista para pedir explicaciones por lo ocurrido. Para los constituyentes, como para todos los demás en la izquierda, fue un balde de agua fría. Boric no solo los dejó aislados y atónitos, sino que además los dejó fuera de juego.

La primera pregunta que surge alrededor de lo ocurrido es sobre la intencionalidad de los sostenido. ¿Cuánto tuvo de planificado y cuánto tuvo de improvisado? Aquí hay dos, y solo dos grandes teorías posibles. La primera sostiene que sí fue algo planificado y que viene directamente desde el corazón de la presidencia. De hecho, según quienes simpatizan con esta visión, la estrategia tiene su origen en Giorgio Jackson, quien habría visualizado la importancia de referirse al Rechazo, pero no para fortalecerlo, sino que para debilitarlo.

La única otra teoría posible es que fue improvisado. En este escenario, a Boric se le escaparon las palabras. Así de simple, no le tomó el peso a la pregunta que le hicieron. Esta interpretación, más mundana, es consistente con la conducta del presidente, pues no sería la primera vez que el presidente improvisa en vivo. Quizás se puede explicar porque el tema ha sido tratado a fondo en La Moneda, pero eso no significa que la idea estaba lista para ser expuesta. En esta línea, las consecuencias políticas de los dichos probablemente sorprendieron hasta al mismo Boric.

Si suponemos que la primera de las dos teorías es la correcta, debemos también suponer que hubo un plan minucioso para ejecutarlo. Pues, si suponemos que es un plan, debemos también suponer que no solo se escogió el momento para comenzar a ejecutarlo, sino que también se identificaron las consecuencias que vendrían con ello. Por su puesto que esto incluiría anticipar el efecto negativo que le causaría a la izquierda en general y a los constituyentes en particular, así como también el potencial efecto adverso que podría tener sobre la intención de voto.

La idea de hablar del Rechazo, según esta primera teoría, habría sido subir el costo de no votar Apruebo. En otras palabras, lo que se habría buscado sería aumentar la probabilidad de votar a favor del texto constitucional. El cálculo del gobierno estaría basado sobre el hecho de que las personas no quieren un segundo proceso constituyente y que si se les “amenaza” con resetear todo, con todo lo que aquello implica (otro Rojas Vade, más constituyentes votando desde la ducha, etc.), el mal menor sería el Apruebo, y no el Rechazo.

¿Es posible? Sí. ¿Es plausible? No. El problema con la teoría de subirle el costo al Rechazo es que son demasiadas variables las que se deben manejar para conseguir un resultado muy específico. En teoría es ejecutable, en la práctica, no. Suponiendo que el gobierno actúa en base a las encuestas, es probable que no solo estén mirando la pregunta de intención de voto, sino que también otras preguntas, incluso más relevantes para tomar este tipo de decisiones, como la que sugiere que los chilenos prefieren conferir el poder a comisiones de expertos o al Congreso.

La segunda teoría, al ser más laxa, se hace cargo de este problema. Pues, más que un plan particular, que busca un objetivo específico, la teoría del exabrupto permite al menos concederle al gobierno que lo que hace, le permite posicionarse ante un debate que inevitablemente vendrá si gana el Rechazo: ¿quién redacta la nueva Constitución? En este escenario, el presidente más que haber buscado algo particular con sus palabras, habría simplemente manifestado la intención general del gobierno de moverse en una dirección general.

Entre las dos teorías, la segunda es más plausible. No necesariamente porque haya dudas que el gobierno pueda ejecutar la primera, sino que simplemente porque sería una irresponsabilidad tratar de mover tantas piezas para conseguir algo que, a todas luces, a esta altura, parece imposible. Esto significa que el gobierno hoy se embarca sobre un plan que hace 48 horas no existía. Gracias al presidente, el gobierno hoy se ve obligado a aceptar que el Rechazo no implica volver a la constitución de 1980, sino que profundizar el proceso constituyente.

Por lo bajo, el nuevo escenario le permite a Boric tomar algo de control sobre lo que viene. Mientras seguirá esperando que los artistas y el mundo de la cultura pueda hacer un milagro para reposicionar al Apruebo en el corazón de la gente, es claro que su principal preocupación es conducir el proceso constituyente hacia una nueva Convención Constitucional. Allí, el éxito del presidente pasa por su capacidad de evitar que el proceso sea capturado por el Congreso o una comisión de expertos.

En definitiva, tras los dichos del presidente el escenario queda removido de su posición original. Si ayer se buscaba instalar la idea de que el plebiscito era entre la constitución de Pinochet y una constitución escrita en democracia, hoy se entiende que ambas opciones no solo son legítimas, sino que viables. Con esto, el presidente le abrió las puertas al Rechazo. Lejos de subirle el costo a la opción de statu-quo, la desdramatizó. Gente que ayer sentía que si ganaba el Rechazo el proceso se acababa, hoy tiene la garantía de que votar Rechazo también es votar por cambio.

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