Mayo 29, 2022

La batalla del Partido Comunista. Por Sergio Muñoz Riveros

Ex-Ante

El PC ha definido el plebiscito del 4 de septiembre como “la batalla de las batallas”, con lo que da la impresión de que se juega su propio futuro. Un compromiso tan marcado como el suyo genera anticuerpos en amplios sectores que tienden a razonar teniendo al PC como centro de orientación respecto de lo que hay que rechazar.

Nadie discute que el PC es el partido más disciplinado que existe en Chile. Tampoco está en duda su gran sentido táctico, que le permite aprovechar las alianzas para influir mucho más de lo que podría con sus solas fuerzas. Lo demostró en la Convención: con solo 6 convencionales propios, formó parte de la corriente más gravitante de la Convención, junto al octubrismo, los representantes indígenas y el Frente Amplio.

A ese polo, se fueron sumando blandamente los convencionales socialistas, pepedeístas e independientes “no neutrales”, lo que reunió los 2/3 en las votaciones finales.

Carlos Marx no alcanzó a imaginar el camino de Marcos Barraza hacia la revolución. Este consiste en producir primero los cambios en la superestructura de la sociedad (las leyes, las instituciones, las ideas), y después en la base material o infraestructura (la propiedad de los medios de producción).

El resultado está a la vista: no se trata propiamente de una Constitución, sino de un programa político de las izquierdas, caracterizado por un intento de debilitar la cohesión nacional, los fundamentos de la democracia liberal y las bases del progreso económico, a lo que se suman las desmesuradas concesiones al indigenismo, el feminismo de combate y el ecologismo. Una ruta borrosa hacia otra cosa.

Pero, ¿qué cosa, exactamente? ¿Con qué países como referentes? ¿Con qué consecuencias? Qué importa. Existe el derecho a experimentar.

El borrador de la Convención muestra las costuras de “una colcha con retazos de distintas telas, tanto en textura como en colores”, como dijo acertadamente Felipe Irarrázabal. Ello no parece preocupar a los dirigentes comunistas. Lo que sí les interesa es el sistema político, con un Congreso de Diputadas y Diputados que concentrará el poder y que sería elegido con el mismo sistema electoral que la Convención (con subsidio de escaños de raza para la izquierda).

El Poder Judicial dejaría de existir como poder del Estado. El Senado pasaría a mejor vida. Las FF.AA. verían mermadas sus funciones de resguardo de la seguridad nacional. Las policías tendrían jefatura civil. Y habría zonas autónomas, por doquier.

Las brigadas de propaganda del PC están rayando los muros a favor del Apruebo hace varias semanas. Es visible que el contenido del borrador identifica plenamente al partido, que lo ve como una gran oportunidad para corregir la ruta seguida por Chile a partir de 1990. Esa es la madre del cordero.

¿Qué es lo que más le molesta al PC de la Constitución vigente? La firma de Ricardo Lagos, por supuesto, porque Lagos encarna la transición que siempre desdeñó, y representa a los gobiernos de la Concertación que buscó desprestigiar con las peores artes. Tanto repitieron los dirigentes comunistas que aquellos gobiernos habían traicionado al pueblo, que consiguieron acomplejar al PS, al PPD, al PR e incluso a la DC.

El PC ha definido el plebiscito del 4 de septiembre como “la batalla de las batallas”, con lo que da la impresión de que se juega su propio futuro. Un compromiso tan marcado como el suyo genera anticuerpos en amplios sectores que tienden a razonar teniendo al PC como centro de orientación respecto de lo que hay que rechazar.

En la primaria presidencial del FA y el PC, en julio del año pasado, mucha gente votó “contra” Daniel Jadue, el candidato comunista, quien manifestó en abril pasado su fervorosa adhesión al régimen de Nicolás Maduro.

En el pleno reciente de su comité central, el PC describió así los primeros meses del gobierno: “La campaña de desestabilización y los ataques de la derecha le han impedido al gobierno del presidente Gabriel Boric desplegar con toda la fuerza que quisiera la agenda de cambios estructurales. Estas tempranas dificultades han generado cierta desafección, que por supuesto debemos combatir con convicción. Se busca generar un clima de caos e inestabilidad que a corto plazo derive en una crisis de legitimidad y eficacia del Estado, donde quede en cuestión la capacidad que tiene Apruebo Dignidad para conducir un proceso de transformación social”.

Es llamativo que el PC se preocupe por la creación de “un clima de caos e inestabilidad”, que fue exactamente lo que alentó en octubre de 2019. Entonces, sus dirigentes demostraron estar mucho mejor informados que el resto de los partidos opositores sobre el momento y las características que iba a tener la revuelta. En aquellos días, quedó claro su entusiasmo ante la posibilidad de derribar al gobierno del presidente Piñera.

¿Tiene el PC un plan para tomar el poder por la fuerza, como afirman algunos comentaristas? Sus pronunciamientos de 2019, y desde luego las proclamas de Jadue, dan base para pensarlo. Pero sus dirigentes sacarían muy mal las cuentas si se embarcaran en una aventura extrainstitucional.

Mal que mal, hoy tienen ministros, subsecretarios, diputados, senadores, embajadores, etc. Ahora bien, hay una ambigüedad estructural en su modo de actuar que justifica los recelos. Ello se ha hecho ostensible en las marchas y contramarchas del gobierno frente al terrorismo en la macrozona sur.

¿Podrá el PC seguir tomando la parte de la institucionalidad democrática que le acomoda, y dándole la espalda al resto? Equivale a jugar con fuego. Está en el gobierno, y tendrá que responder por lo que pase o no pase. ¿Cómo actuará si llegan tiempos tormentosos y el gobierno vacila respecto de sus deberes con el orden público? Los dirigentes comunistas se equivocarían trágicamente si creyeran que pueden mantener un pie en la legalidad, y el otro fuera. Esperemos que el país no se deslice hacia una crisis institucional bajo este gobierno. En los tiempos que vienen, la cuestión clave será la lealtad con la democracia,

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