Marzo 19, 2022

La apuesta del Presidente Boric y la movilización social. Por Cristián Valdivieso, director de Criteria

Ex-Ante

Por experiencia directa, Boric sabe que la calle es veleidosa y la movilización social desestructurada. Por lo mismo, las manifestaciones formarán una gran e inevitable ola que, o la surfea, o corre el riesgo de terminar revolcado como su antecesor.


El discurso inaugural del presidente Boric desde los balcones del Palacio de La Moneda mostró varias facetas, tanto de su persona como de la impronta fuertemente ciudadana que buscará darle a su gobierno.

Sobre lo primero, confirmamos su inteligencia emocional. Vimos a un presidente que no teme a sus emociones y que, si se contiene en la expresión pública de ellas, es sólo por el recato de su cargo. Reveló que es y será un presidente transparente, que no esconderá sus sentimientos y más bien se apoyará en ellos para comunicar.

Ese viernes 11 se le vio entusiasmado. Durante su discurso no hubo pausas y derrochó energía, más que por su juventud, por el compromiso y las ganas que tiene. Habló del proyecto de las 40 horas como forma de reforzar su apuesta por un trabajo compatible con la familia, distanciándose del 24/7 de Piñera. Pero al mismo tiempo, al expresar todos sus sueños de cambio y los desafíos que se impuso, dejó entrever que estos cuatro años trabajará full time.

Más que de un gobierno, se proyectó como conductor de un nuevo ciclo político respecto del cual no se desentenderá.  Como el mismo ha dicho, es obsesivo y en su arenga dejó en claro que su compromiso con este nuevo ciclo, y sus promesas de cambio, le estarán resonando como campanadas de deuda día y noche.

En cuanto a lo segundo, la impronta que buscar dar a su gobierno, su primera alocución refrendó la apuesta por garantizar derechos que configuren un piso mínimo de dignidad, según sus palabras. Pero por sobre eso, dejó ver el valor que le da a las demandas ciudadanas. “El pueblo de Chile es protagónico en este proceso, no estaríamos aquí sin las movilizaciones”, dijo de entrada. Y es un dato biográfico: el mismo se formó como líder en las marchas, al alero del movimiento estudiantil.

Consistente con su historia, el presidente nos notificó que no teme a los movimientos sociales cuyas principales reivindicaciones recogió en su programa y que para materializarlas necesitará que “la calle” sea parte y no oposición a su gobierno. Sobre la misma movilización que lo formó y llevó al poder intentará montarse para empujar y validar su agenda de cambios.

Es más, discursivamente puso a la movilización social en una suerte de presente continuo, un proceso en curso: “¿hacia dónde marchamos?”, se preguntó retóricamente al tiempo que validó políticamente la protesta ciudadana: “de las movilizaciones venimos, hoy estamos acá pero no nos olvidamos de dónde venimos”.

Por experiencia directa -fue escupido y “funado” por firmar el acuerdo del 15N-, Boric sabe que la calle es veleidosa y la movilización social desestructurada. Desde esa perspectiva parece una apuesta riesgosa, un búmeran potencial. Sin embargo, vista la historia de los gobiernos que lo anteceden, el presidente parece reconocer un valor estratégico en su jugada.

Sabe que desde el estallido social nada ha cambiado en la vida de las personas, que la olla a presión continua, sólo que ahora contenida con algo de esperanzas. Por lo mismo, las movilizaciones formarán una gran e inevitable ola que, o la surfea, o corre el riesgo de terminar revolcado como a su antecesor.

Como antecedente, en septiembre 2021, a dos años del estallido social y antes de la primera vuelta presidencial, en Criteria preguntamos por el valor de la movilización social para la ciudadanía. Al respecto, frente a una pregunta con tres opciones de respuesta, una mayoría de la población (61,2%) se identificó con la idea que “las movilizaciones sociales tienen consecuencias positivas y ayudan a que las cosas mejoren en el país”; un 25% que optó por “las movilizaciones sociales tienen consecuencias negativas y hacen que la situación del país empeore” y sólo un 13% señaló que “las movilizaciones sociales no sirven para nada, no ayudan a que las cosas mejoren ni a que empeoren”.

Complementariamente, frente a dos opciones, un 64% se identificó con que “el Estallido Social fue más bien positivo para el país” contra un 36% que se inclinó porque el “el Estallido Social fue más bien negativo para el país”.

Una adhesión mayoritaria a la movilización social y su potencial transformador que se mantuvo prácticamente igual cuando a pocos días de asumir el presidente Boric replicamos la misma encuesta.

La movilización social sigue latiendo y el presidente lo sabe. A la luz de su primer mensaje a la nación, todo indica que buscará acoplarse a ella para llevar a cabo su proyecto de gobierno.

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