-Esta es la primera baja del gabinete. ¿Es suficiente?
-La salida de la ministra es un intento desesperado por ponerle fin a una de las mayores crisis políticas que ha enfrentado este Gobierno.
-¿Su renuncia no acaba con la crisis?
-No. Ahora, la pregunta que queda es quién del comité político validó esta conversación. ¿O nadie sabía? ¿Qué otro ministro del comité político visó esta acción; o tenemos una ministra que no le dijo a nadie?
-También es una posibilidad, ¿o no?
-Es una posibilidad, pero ella va a tener que responder muchas interrogantes que quedan en el aire.
-¿Reaccionó rapido el Gobierno?
-No, hizo lo que tenía que hacer. Si esto era un desastre, se iba al suelo si no lo hacía.
-Decías que podía haber una división en el gobierno con la detención de Llaitul. ¿Qué consecuencias puede tener este escándalo de la ministra Vega?
-Lo peor que le puede pasar a un gobierno es traer un problema complejo al corazón de La Moneda. Ella tenía oficina en palacio. En el fondo este era un problema que estaba pasando en la Araucanía, en donde estaba el poder judicial actuando, y el Gobierno era como un garante. Pero ahora aparece involucrado, a través de una gestión de una ministra, una ministra que funcionaba en La Moneda. El caso Llaitul ha girado de algo neutro para el Gobierno a algo muy negativo, con mucha fuerza. No había otra opción que la ministra renunciara.
-Pocos días despues del telefonazo a Llaitul, la ministra salió diciendo que no había presos políticos mapuche en Chile. ¿Eso quizá es lo más complejo?
-Claro. Pasó de ser una opinión política, a ser parte posiblemente de una negociación. Eso es mucho más grave porque involucra políticamente al Gobierno. Y hay que saber qué nivel de autonomía tenía la ministra para tomar esas decisiones.
-Muchos se preguntan: ¿habrá sabido el comité político o el Presidente?
-Al menos el comité político tiene que haber sabido. Veo muy difícil que un ministro que no está en el comité político realice una acción política de esta envergadura sin permiso. Es casi imposible suponer eso.
Ella, por lo demás, lo llamaba después de unas declaraciones de Llaitul donde le declara la guerra al estado de Chile. Son declaraciones gravísimas, que generaron una conmoción y la solicitud de una querella por parte del Gobierno. ¿Cuánto influyó el contacto de la ministra en que no se presentaran esas querellas?
-¿En qué posición queda el presidente Boric?
-La renuncia era una manera de acotar los daños. Si esto evolucionaba mal puede que no sea la única ministra complicada en el gabinete.
-¿Por qué?
-Porque es casi imposible que lo haya hecho de manera autónoma, sin haberlo conversado al menos con la ministra del Interior o con el equipo político. ¿Vamos a tener un desfile de ministros que van a salir a decir que no sabían nada y que por lo tanto esta era una acción individual de la ministra? Los que sabían tendrían que renunciar.
-¿No es normal que un gobierno converse incluso con grupos que están en posiciones extremas?
-Está en un área gris y lamentablemente lo que le pasó a la ex ministra es que esa área gris que decidió traspasar la dejó vinculada a una persona que ya fue formalizada y que está en prisión preventiva.
-Habías dicho que este caso iba a provocar una tensión en el Gobierno. Y ya provocó un quiebre.
-De todas maneras. Porque además la figura de Llaitul recibió mucho apoyo de distintos grupos, no solo del Frente Amplio sino del Partido Comunista. Un apoyo político: lo tenían visualizado como un luchador social. Resulta que ahora no solo es una persona que está perseguida por la justicia, sino que está formalizado y nada menos que por Ley de Seguridad del Estado.
-¿Está es la peor crisis del Gobierno?
-Es la crisis política más grande del Gobierno, por lo que se juega y por los efectos que puede producir no solo en el Gobierno, sino impactar incluso en el resultado del plebiscito.
-¿Y como puede influir en el plebiscito?
-Está acreditado que la evaluación del Gobierno va de la mano con la evaluación del Apruebo. Hoy esa vinculación le está jugando en contra al Apruebo.
Esto es una crisis política y la administración del tiempo es clave. Si esto se hubiese prolongado más de 48 horas, la crisis escala. La renuncia de la ministra permite de cierta forma que no siga escalando. Lo que sigue es ir a preguntar a los ministros: ¿ustede sabía? ¿Nadie sabía? ¿Acaso se mandaba sola? ¿Hacía acciones políticas sin preguntarle a nadie?
-¿El Presidente puede haber sabido?
-Es que es mas difícil llegar tan arriba. Ese es el tema. Ella no es tan cercana al Presidente, le doy ese punto a Boric. Era la ministra del PPD, no estaba en el comité político y por eso, ella tiene que haberse coordinado con alguien de ese comité, para realizar las acciones que realizó.
Una pregunta muy simple: ¿a quién le pidió el teléfono la asesora? ¿Quién tenía el teléfono de Llaitul? Que es una gran sorpresa, ¿no? No es fácil tener ese número, ella sabía dónde preguntar y lo obtuvo. La transcripción dice que alguien de La Araucanía se lo dio, habría que preguntarle quién fue. Lo que va a pasar es que va a ser citada a declarar, primero la asesora y después la ex ministra. ¿El Gobierno quería verse involucrado en una causa judicial como la de Llaitul, ya no en calidad de querellante sino de testigo implicado? Obviamente no.
–Se dio vuelta la tortilla.
-Esto actúa como un bumerang. Superar esta crisis política pasaba por la salida de la ministra. El Gobierno actuó, pero aún quedan preguntas.
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