María José Naudón: “Frente a la controversia de que no había plan en seguridad, el discurso de Kast recuperó credibilidad”

La decana de la Escuela de Gobierno de la UAI analiza la cuenta pública del Presidente Kast. “El cambio estuvo en el tono. Kast habló de emergencia, pero no convirtió el discurso en una narrativa confrontacional”. Además, frente al plan de seguridad, señala que “el desafío no está solo en anunciar un diseño. Está en ejecutarlo. Ahí se jugará la evaluación ciudadana”.


-¿Fue un discurso moderado, convocante y a la vez realista y doctrinario? ¿Muy distinto al Kast que prometía expulsar a todos los migrantes irregulares y visitaba a Bukele?

-Diría que fue un discurso correcto, medido, sin grandes vuelos retóricos, pero con una identidad nítida. Familia, mérito, libertad, subsidiariedad, orden y autoridad fueron ejes, expresos o tácitos, reconocibles en el texto.

El cambio estuvo en el tono. Kast habló de emergencia, pero no convirtió el discurso en una narrativa confrontacional. No apuntó explícitamente a la administración saliente, aunque la lectura era bastante clara: si Chile “tiene que levantarse”, es porque el diagnóstico de partida lo sitúa en el suelo. Aún así, más que un ajuste de cuentas, fijó un punto de partida: “La emergencia no es el lugar donde Chile se queda. Es el lugar desde donde Chile se levanta”.

-¿Cuál dirías que fue el elemento más destacado del discurso?

-Creo que lo más destacable fue la voluntad de recuperar el orden en sentido amplio: ordenar el relato, las prioridades, las cuentas fiscales y el funcionamiento institucional. La idea de emergencia le sirvió para jerarquizar la acción del Estado y darle al discurso una arquitectura: seguridad como condición habilitante, reconstrucción institucional frente al deterioro y economía y empleo como prioridad social.

Kast hizo dos movimientos políticos simultáneos. Por una parte, buscó inscribirse en la tradición amplia de la derecha chilena, con el reconocimiento al presidente Piñera como señal de continuidad. Por otra, fijó el segundo gobierno de Bachelet como punto cero del deterioro nacional.

-La seguridad fue el corazón del discurso. ¿Crees que efectivamente las medidas anunciadas conforman un plan meditado, hecho con anticipación, o improvisado?

-Frente a la controversia de que no había plan en seguridad, el discurso recuperó credibilidad. Las medidas anunciadas tienen coherencia entre sí: fuerzas de tarea, control fronterizo, intervención de barrios críticos, cárceles de alta seguridad, trazabilidad en puertos, tecnología, patrullaje y respaldo policial. Pero el desafío no está solo en anunciar un diseño. Está en ejecutarlo. Ahí se jugará la evaluación ciudadana.

La gran incógnita es qué ocurrió con la ministra Steiner; por qué no logró instalar este relato, ni mostrar un diseño de seguridad con claridad.

-Kast anunció que perseguirá a vándalos que tiren molotov o realicen incivilidades y los castigará quitándoles beneficios sociales como gratuidad o PGU. Habiendo leyes o normas que establecen estos delitos o faltas, ¿es necesario agregar nuevos protocolos?

-Depende. Si la pregunta es penal, muchas de esas conductas ya están sancionadas. Pero el eje de Kast parece ser distinto: autoridad y responsabilidad social.

Cuando dice que quien quema un bus no solo debe recibir una sanción penal, sino también una sanción de la sociedad, está apelando a una valoración de lo común. Un bus, una plaza, un monumento o un edificio público son bienes de todos. Por eso la idea de que quien destruye lo común no pueda beneficiarse sin más “del trabajo de todos los chilenos” busca instalar una responsabilidad moral y social, además de jurídica.

-También hizo anuncios sociales, como los $30 mil por cada niño de 0 a 13 años en familias vulnerables o fortalecer un plan oncológico. ¿Esto es reflejo de un cambio o aprendizaje de parte de Kast?

-Hay aprendizaje. Kast no abandona su sello; lo ajusta. El bono por niño y el plan oncológico admiten que el orden y la emergencia, por sí solos, no alcanzan para construir legitimidad. También hay que hablarle a la vida concreta de las personas: el costo de criar hijos, la enfermedad, la espera, la angustia económica.

En esa línea, el bono por niño refuerza la familia y opera como política social focalizada, directa y asociada a la emergencia. Lo mismo ocurre con el plan oncológico: apunta a un problema sensible, transversal y difícil de ideologizar.

-No hubo especiales anuncios en cultura aunque mencionó a Mistral, habló del patrimonio, de limpiar las murallas de Valparaíso de los rayados. Y realizó un homenaje al ministro de Cultura que fue abucheado en una sala de teatro. ¿Cuál es la mirada del Presidente a la actividad creativa?

-Las referencias culturales no fueron centrales, pero sí revelan un enfoque: cultura entendida como patrimonio, símbolos comunes y respeto por el espacio público. Kast no la abordó desde la creación artística o la diversidad cultural, sino desde la valoración de lo común. Monumentos, bienes públicos y espacios compartidos aparecen así vinculados a una agenda de orden y autoridad.

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