Juan Pablo Lavín tras cambio de gabinete: “La vara que se le pone a Arrau como ministro de seguridad es altísima”

El gerente general de Panel Ciudadano-UDD señala que si bien el 66% apoya el ajuste ministerial, sólo un 32% cree que va a mejorar el funcionamiento del gobierno. “Cambiar caras no baja el precio de la luz ni la delincuencia en el barrio, que es lo que se anhela hoy”, explica. Afirma que en la cuenta publica, Kast debe presentar “una lista corta de compromisos verificables” más que hablar a su electorado cautivo.


-¿Cómo ves este cambio de gabinete para la imagen del gobierno y del Presidente Kast?

-Si uno mira solo los datos del cambio en sí, la lectura sería muy positiva para el gobierno. El 66% está de acuerdo con el cambio en su conjunto, con respaldo transversal: 64% en izquierda, 55% en centroizquierda y prácticamente toda la derecha. Las salidas de Steinert y Sedini suman aún más, 69% y 77% respectivamente, sin defensores en algún sector político. Son cifras que cualquier gobierno firmaría.

Pero ese respaldo al cambio no se traduce en alza de aprobación, y eso es lo interesante. La aprobación del Presidente queda en 35%, y solo un 32% cree que el gobierno va a funcionar mejor después del cambio. Esto radica en que la aprobación de Kast es funcional, no emocional. Se mueve por hechos, no por gestos ni discursos. La ciudadanía aplaude que se haya tomado la decisión de cambiar el gabinete, pero no espera que cambiar caras le baje el precio de la luz ni la delincuencia en el barrio, que es lo que se anhela hoy.

De todas formas, es importante mencionar que el cambio le muestra a la ciudadanía que el Presidente tiene capacidad de corregir

-¿Cómo crees que se explica el timing, era posible aplazar esta decisión?

-En decisiones multifactoriales como esta nunca se va a saber con certeza si era el mejor momento. Pero mirando los datos y el contexto, creo que el timing fue acertado. El costo de mantener ya era mayor que el costo de mover. Veníamos viendo desde hace semanas un deterioro sostenido en la evaluación de Steinert y Sedini, y el desgaste ya se había hecho estructural. Y en un gobierno blindado con opinión pública en vez de con partidos, el desgaste de los ministros le pega directo al Presidente, sin amortiguadores intermedios.

Hacerlo antes de la cuenta pública del 1 de junio, y no después, marca una diferencia importante: queda como apertura de un nuevo ciclo y no como reacción tardía a las críticas.

-En la ceremonia de cambio de gabinete, Kast dijo que el gobierno se atrevía a tomar decisiones impopulares  ¿Ese relato le hace sentido a la gente?

-A una parte sí, a otra no. Y esa distinción es lo importante. Al núcleo duro, el que votó por el Presidente en primera vuelta, el relato del “costo por hacer lo correcto” le hace todo el sentido y le refuerza la identificación. Pero donde el gobierno está perdiendo aprobación es en el votante obligado, y ahí ese relato conecta poco.

Para ese electorado pragmático, las decisiones no se evalúan por el costo político que tienen, se evalúan por el resultado que producen. Es un electorado que no premia la valentía como categoría política, premia la eficacia.

-¿Cómo ves la figura de Martín Arrau para Seguridad? ¿Qué espera la gente de ese ministerio?

-El ingreso de Arrau tiene un dato que conviene mirar: el 40% no sabe si está de acuerdo o no con su nombramiento. Y eso se explica por dos razones. Arrau no es una figura ampliamente conocida fuera del círculo político. Y el Ministerio de Seguridad es una cartera nueva, donde ni los más entendidos terminan de tener claro cuáles son exactamente sus atribuciones.

Pero ese desconocimiento contrasta con algo que la gente sí tiene perfectamente claro: la seguridad es la principal bandera de lucha de Kast desde la campaña, el corazón del relato de emergencia que lo llevó a La Moneda. Y eso significa que la vara que se le pone a Arrau es altísima.

A su favor juega un perfil de ejecutor. Es un ministro al que se le reconoce trabajo intenso y capacidad de gestión, y eso es justamente lo que esta cartera necesita ahora: resultados rápidos que se puedan ver y contar. Acá no se trata de construir relato, se trata de mostrar hechos.

-En materia de comunicaciones a tu juicio, ¿Qué es lo que estaba fallando, los problemas pasaban solo por la vocera Sedini o hay algo más de fondo?

-La salida de Sedini parecía inevitable, pero pensar que el problema comunicacional se resuelve solo con su salida es un error de diagnóstico. El problema es más de fondo.

A la exvocera le tocó dar la cara en situaciones muy complejas, como el alza de la bencina, donde prácticamente cualquier vocería iba a quedar mal parada. A eso se suma algo estructural: el gobierno se blindó con opinión pública en vez de con partidos, y esa apuesta tiene un costo escondido. Cualquier error comunicacional pesa el doble, porque no hay coalición que lo amortigüe.

El hecho de que sea el ministro del Interior quien asuma la vocería ya fuerza un cambio de diseño importante. Ahí, mensaje y poder político se concentran en la misma persona y eso obliga a que la estrategia se ordene desde el centro mismo del gobierno.

– ¿Qué debería hacer Kast para que la Cuenta Pública del 1 de junio le signifique un punto de inflexión en las encuestas, considerando que Boric solía subir tras estos discursos?

-Lo primero es no esperar que la cuenta pública por sí sola mueva la aguja. Kast formó su liderazgo y ganó la presidencia sobre la base de lo concreto, de la promesa de corregir lo que no estaba funcionando. No es un gobierno de visión de país, es un gobierno de ejecución. Se valida por desempeño. A ese tipo de apoyo, las cuentas públicas le rinden poco si no van acompañadas de hechos.

Hay cosas que conviene evitar. El lenguaje de campaña, sobre todo después del percance reciente con la metáfora y la hipérbole sobre las 300 mil expulsiones o los contrastes con el gobierno anterior, porque ahí ya están los públicos decididos. Y el crecimiento o la inversión en abstracto, porque ese mensaje le habla a un público que ya está cautivo.

Lo que sí pesa son medidas concretas que el ciudadano pueda ver o sentir en la semana, en el mes, en la próxima cuenta de la luz. Una lista corta de compromisos verificables, no una agenda larga de anuncios que después se diluyen.

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