Abril 16, 2022

El amarillo y el mensaje de la vecina que lo increpó en Cerro Navia. Por Kenneth Bunker

Ex-Ante

La calle terminó doblándole la mano a Boric, y obligándolo a comprometer un nuevo retiro de fondos previsionales. ¿Cuál es la idea del presidente, si sabe que hacerlo solo contribuirá más a la ya alta inflación? No hay una idea. No hay nada. El proyecto se mandó solamente porque el gobierno quedó acorralado y a contrapié.

La candidez del presidente Gabriel Boric para responder a una señora que lo increpaba en Cerro Navia no debería sorprender a nadie. El “socia, quiere hablar, seguido del “entonces, váyase de acá” no es más que la personalidad del presidente.

Para algunos la forma en que respondió podrá ser inaceptable o las palabras que escogió para referirse a la vecina no estarán a la altura de su envestidura, pero lo que es indesmentible es que la actitud del presidente es genuina. Boric es, y siempre ha sido, tal como se muestra. Y si no fuera por esa personalidad, es probable que no hubiese arrimado a tantos seguidores a su alrededor, y como consecuencia de aquello, haber ganado la elección presidencial de 2021.

Ahora, lo realmente interesante del intercambio en Cerro Navia no fue lo que dijo Boric, fue lo que dijo la vecina. Pues, lo que gatilló la conversación fue el epíteto con lo que la señora se refirió al presidente: “amarillo”.

Como contexto, es importante subrayar que el concepto de “amarillo” se ha utilizado en política por décadas para referirse, muchas veces despectivamente, a la rebanada de personas que se ubica entre la izquierda y el centro del espectro ideológico, pero que finalmente son más serviles a la derecha que otra cosa. En ese marco, entonces, parece claro que a lo que apuntaba la señora, era acusar al presidente de haber abandonado a la izquierda.

El episodio de Cerro Navia ilumina varios aspectos sobre lo que Boric enfrentará en los próximos años. La primera, obviamente, tiene que ver con la identidad. ¿Es Boric de izquierda o es de centro?

Es una pregunta importante, pues el éxito del presidente es una función de las expectativas de las personas. Si lo que se anticipa es que Boric sea una especie de mesías del pueblo, pero acaba siendo visto como un representante del sistema, estará en graves problemas.
Por lo tanto, es importante entender hasta qué punto insistirá en empujar una agenda dura de izquierda, y hasta qué punto estará dispuesto a construir puentes con quienes piensan distinto a él.

Hasta cierto punto, parece evidente que será lo primero, pues, si se observa al Boric pre-presidente, es evidente que es un hombre de izquierda dura, conocedor y promotor de la iconología clásica revolucionaria latinoamericana, y defensor y rapsoda del proceso y avance marxista de los años sesenta que terminó con el ascenso de Salvador Allende.

Como diputado, lo probó, pues desde la Cámara de diputados no solo se mostró ser consistente en términos ideológicos, pero también un férreo opositor al modelo económico y social, a veces hasta cayendo en métodos políticos divisados por la extrema izquierda tan absurdos y dañinos, como el retiro de fondos de pensiones, solo para infligir daño a la derecha.

Por otra parte, sin embargo, es imposible ignorar que haber llegado a La Moneda cambia todo. Pues, aun si el presidente quisiera avanzar por la pista izquierda, no será necesariamente posible (de hecho, ese es parte del “problema” que los constituyentes están tratando de “arreglar”). Gobernar no es fácil, pero no por la mal interpretada idea de restricciones políticas (e.g., “la oposición no permite avanzar”).

Gobernar no es fácil porque las personas no son ni de izquierda ni de derecha. Por lo tanto, ganar con una etiqueta de izquierda (o derecha) no asegura nada. De hecho, es posible que en algunos casos sea un problema, sobre todo cuando la etiqueta que viene cargada de expectativas.

Este es el dilema de Boric hoy. Llega como un político de izquierda dura y choca con la realidad de que a las personas no les importa si el presidente es de izquierda o de derecha. Les importa llegar a fin de mes, como muestran las encuestas.

Es esa tensión, entre lo que Boric esperaba hacer y lo que finalmente se verá obligado a hacer, lo que explica las varias vueltas de carnero que se ha dado el presidente recientemente. Quiso diálogo en La Araucanía, pero terminó reforzando los sistemas de vigilancia policial. Quiso rechazar los retiros de fondos de pensiones, pero terminó mandando su propio proyecto. Así ha sido, y así seguirá siendo. Habrá más continuidad de lo prometido.

A pesar de cumplir recién un mes en el cargo, es evidente que el presidente se verá forzado a escoger uno de dos caminos, una situación no tan diferente a la de sus antecesores.

Por una parte, está el camino de quienes creen que deberá ser fiel a sus raíces y gobernar el país de la misma manera que fue oposición, y, por otra parte, está el camino de quienes creen que deberá ser práctico y comprometer su apoyo a proyectos que garanticen el bienestar de la mayor cantidad de personas posible.

En corto, el camino de los movimientos políticos de la izquierda radical o el camino de la socialdemocracia concertacionista. Boric deberá decidir si endosa la “primera línea” de plaza dignidad o de la tercera vía de los “amarillos”.

Para algunos esto puede parecer una dicotomía falsa. Pues, es verdad que gobernar implica por definición conceder y sin duda que se puede ser de izquierda y conceder. El problema es que la vecina de Cerro Navia no lo ve así. Para ella, toda concesión es traición. No entregar el quinto retiro es traición y aplicar el rigor de la ley en La Araucanía es traición.

Y aunque la inmensa mayoría del país no piensa como la vecina, es evidente que las minorías organizadas ejercen más influencia sobre el poder que las masas amorfas. Y, dado que Boric fue elegido en buena parte gracias a esas minorías organizadas, les debe lealtad. No ser leales con ellos lo dejará automáticamente en el casillero de los amarillos, lo quiera o no.

Esta lógica propone un desafío mayor para el gobierno de Boric. Si gobierna de forma responsable, concediendo cuotas de poder a sus opositores, para negociar y avanzar en la medida de lo posible, se le encasillará con los amarillos. Si no obra en consistencia a las expectativas de la calle, terminará llevando al país a una crisis mayor.

El mejor ejemplo es la reciente demanda por un nuevo retiro. La calle terminó doblándole la mano a Boric, y obligándolo a comprometer una nueva entrega. ¿Cuál es la idea del presidente, si sabe que hacerlo solo contribuirá más a la ya alta inflación? No hay una idea. No hay nada. El proyecto se mandó solamente porque el gobierno quedó acorralado y a contrapié.

Lo más preocupante, sin embargo, es que esas mismas presiones vendrán también de su coalición, que tal como el presidente, le deben su ascenso a la calle. En su momento, romantizaron, defendieron y justificaron a la primera línea y a las minorías organizadas del estallido social, y ahora no les pueden dar la espalda. Si ellos no responden serán tratados de amarillos. Y porque responderán (como respondieron con el quinto retiro), Boric terminará entre la espada y la pared.

Qué duda cabe que Jadue, Cariola y tantos otros lo tendrán ordenado bajo la amenaza de abandonarlo y “exponerlo” frente al pueblo si no ejecuta ciertas demandas. En fin, una situación en que el mismo presidente se metió para ganar la elección y de la cual ahora difícilmente podrá escapar.

 

 

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