El talento como nuestra mejor exportación. Por Sebastián Sáez

El talento chileno tiene la capacidad de destacar a nivel global; sin embargo, es necesario investigar y medir mejor este fenómeno, no con un ánimo meramente fiscalizador, sino como una herramienta para potenciar nuestra presencia en los mercados internacionales.


En los últimos años, el talento chileno ha consolidado un liderazgo excepcional en disciplinas que van desde la ingeniería y la arquitectura hasta las artes y la creación audiovisual. Esta excelencia técnica y creativa no solo ha obtenido un sólido reconocimiento dentro de nuestras fronteras, sino que también ha proyectado a Chile al escenario global, validándose a través de hitos históricos y prestigiosos galardones internacionales, como los premios Grammy y Oscar, entre otras distinciones de primer nivel como Premios Pritzker.

Un modelo de exportación invisible

El éxito de nuestros talentos fuera del país es un ejemplo claro de cómo Chile exporta servicios. Estas exportaciones suelen desplegarse en tres niveles:

  • Diseño conceptual: creado desde oficinas ubicadas en Chile (presencia comercial).
  • Supervisión directa: viajes temporales para dirigir y supervisar la construcción o implementación en terreno.
  • Gestión digital: uso de tecnologías para la comunicación diaria y la realización de transacciones internacionales (comercio transfronterizo).

A lo anterior se suma el denominado consumo en el extranjero, que incluye servicios como hotelería y turismo utilizados durante la ejecución de proyectos fuera del país. Todo este conjunto de actividades conforma lo que se conoce como comercio de servicios.

El nuevo motor de la economía

Lo que ha cambiado radicalmente son las reglas del juego. La revolución tecnológica y la digitalización han reducido de manera significativa las barreras geográficas, permitiendo que el talento chileno compita en las ligas más exigentes del mundo. Hoy, el comercio de servicios es uno de los sectores más dinámicos a nivel global. Representa cerca del 66 % del Producto Interno Bruto (PIB) mundial y más del 50 % del empleo total. Además, se ha vuelto esencial para la competitividad y la diversificación de las exportaciones chilenas.

Pese a este auge, enfrentamos un desafío invisible: la falta de datos. Las estadísticas actuales de la balanza de pagos son insuficientes y solo capturan una fracción de la realidad. Se sabe poco sobre emprendedores que se instalan en el extranjero manteniendo su vínculo con Chile, o sobre proveedores que viajan de forma independiente. Una posible explicación —que requiere mayor investigación— es la combinación de desinformación y de marcos regulatorios que no han sido adaptados a la realidad actual de los proveedores de servicios. Por ejemplo, el Servicio Nacional de Aduanas, una institución diseñada originalmente para el comercio de bienes físicos, califica la exportación de servicios y exige la contratación de agentes de aduanas para operaciones superiores a US$ 2.000. Con todo, según estima Subrei, Aduanas contabiliza solo entre el 24 % y el 35 % de las exportaciones de servicios no tradicionales reportadas en la balanza de pagos.

Chile en el contexto global

A nivel mundial, el comercio de servicios —exportaciones e importaciones, medido en valor bruto— representa cerca del 27 % del comercio total de bienes y servicios, con un valor aproximado de US$ 8,7 billones en 2024, según datos de la OMC. Sin embargo, cuando se mide en términos de valor agregado —es decir, descontando el costo de los insumos importados— la participación de los servicios supera el 50 % del comercio mundial. De hecho, entre un 30 % y un 35 % del valor de las exportaciones manufactureras proviene de insumos de servicios, de acuerdo con la OCDE.

En el caso de Chile, el comercio de servicios aún no alcanza su potencial. Medido en valor bruto, representa apenas un 11 % del comercio total; no obstante, bajo la métrica de valor agregado, su importancia asciende al 40 %. Esto se explica principalmente por el rol fundamental de los servicios como insumos del comercio tradicional de bienes, a través de exportaciones indirectas, más que directas.

Por ello, resulta clave impulsar el desarrollo de este sector. Si bien las exportaciones de servicios han mostrado dinamismo reciente —especialmente en los ámbitos empresarial y digital— persisten desafíos relevantes. En primer lugar, existe un déficit comercial que ha promediado cerca del 1,7 % del PIB en los últimos 20 años. Si bien esto no es intrínsecamente negativo, implica que el superávit de bienes se utiliza para financiar dicho déficit. En segundo lugar, las exportaciones de servicios de transporte han caído respecto de su máximo alcanzado en 2011. En tercer lugar, aunque las exportaciones “modernas” parten desde niveles bajos, lo que explica altas tasas de crecimiento, el desafío es escalarlas a cifras significativas. Finalmente, existe una alta concentración de mercados: el 60 % de las exportaciones se dirige a solo tres destinos —Estados Unidos (34 %), Perú (17,5 %) y Colombia (7,8 %).

China es el principal socio comercial de Chile en bienes, mientras que Estados Unidos lidera el destino de las exportaciones de servicios, especialmente en tecnologías de la información, asesorías y finanzas. Esto revela una vulnerabilidad estratégica y diplomática, por lo que se requiere prudencia, profesionalismo y diversificación de mercados al gestionar relaciones con ambos países. Más sencillo de decir que de hacer.

Mirando hacia adelante

En materia de apertura del sector de servicios, los antecedentes disponibles indican que este sector es más abierto que el promedio de la OCDE, pero resulta necesario revisar las restricciones identificadas por organismos como el Banco Mundial, la OCDE y la OMC y determinar su impacto en su desarrollo. Dado que el sector servicios es intensivo en capital humano avanzado, el crecimiento de las exportaciones dependerá directamente de la capacidad del país para identificar y cerrar brechas de competencias laborales, especialmente en idiomas y especialización técnica.

Más allá del software: el potencial de los intangibles

Mantener el foco solo en los servicios digitales y tecnologías de la información es un error. Chile cuenta con un ecosistema desarrollado de servicios audiovisuales y creativos, con casos de éxito global como las productoras Fábula y Punkrobot, así como artistas de proyección internacional como Mon Laferte y Ana Tijoux. A esto se suman servicios profesionales de consultoría, gestión empresarial e ingeniería. También es conocida la experiencia de Cornershop, plataforma de personal shoppers para compras de supermercado y tiendas especializadas. Analizar en profundidad los éxitos y fracasos de estas experiencias es clave para diseñar políticas de fomento efectivas.

El impulso a estas áreas debe priorizar la permanencia por sobre la transitoriedad. El diseño de incentivos debe evitar errores del pasado, como ocurrió con la industria de los call centers, donde la falta de anclaje estructural permitió la salida de empresas transnacionales ante cambios menores en sus estrategias globales. El objetivo debe ser la creación de ecosistemas resilientes y no meras plataformas de paso. Una revisión del marco normativo debe evaluar si la legislación sobre comercio de servicios responde a su naturaleza intrínseca o si la homologación con el comercio de bienes constituye una barrera para la formalización.

Logística y turismo: pilares subutilizados

En el corto plazo, sectores como el turismo continúan siendo vectores de crecimiento, siempre que exista inversión sostenida en infraestructura hotelera, conectividad y seguridad. En paralelo, la logística representa una oportunidad estratégica que permanece estancada en el discurso: captar carga proveniente de Argentina y Brasil. Convertir a Chile en un hub regional requiere una modernización decidida de la infraestructura portuaria y aeroportuaria, avanzando desde las promesas hacia la ejecución efectiva de proyectos de conectividad intermodal.

No resulta sorprendente que los desafíos del sector servicios coincidan con los problemas estructurales de la economía chilena: marcos regulatorios, cantidad y calidad del capital humano, y desafíos legislativos. El talento chileno tiene la capacidad de destacar a nivel global; sin embargo, es necesario investigar y medir mejor este fenómeno, no con un ánimo meramente fiscalizador, sino como una herramienta para potenciar nuestra presencia en los mercados internacionales. El futuro de la economía chilena ya no depende solo de lo que extraemos, sino de lo que somos capaces de crear.

Para más columnas en Ex-Ante, clic aquí.

Leer a continuación