Economía plateada: de “carga” a motor del crecimiento. Por Nancy Silva.

Lograr que los chilenos vivamos más fue un éxito del siglo XX. El reto del siglo XXI es lograr que vivamos mejor, con autonomía, dignidad y seguridad financiera. Entender adecuadamente la Economía Plateada nos permitirá construir una hoja de ruta para convertir el desafío demográfico en bienestar y crecimiento compartido.


Históricamente, el debate público en Chile ha abordado el envejecimiento poblacional bajo una lógica de contingencia, como una “tormenta perfecta” que amenaza la sostenibilidad de nuestros sistemas de pensiones y de salud. Sin embargo, esta visión reduccionista ignora una transformación estructural que ya está en marcha, la longevidad, que lejos de ser un problema es el nuevo motor de desarrollo económico del siglo XXI, un mercado que no solo crece en volumen, sino en sofisticación y capacidad de consumo.

La Economía Plateada se define como el conjunto de actividades económicas, productos y servicios diseñados para satisfacer las necesidades de las personas mayores de 50 años. Abarca desde el turismo y el consumo tecnológico hasta los servicios financieros y la formación continua.

En Chile, este segmento ya representa el 31% de la población y, siguiendo las tendencias actuales de expectativa de vida y natalidad, se proyecta que para 2050 representará casi la mitad de los habitantes en el país.

Este grupo no es solo un segmento demográfico en crecimiento, es un pilar económico con una base patrimonial estratégica. Según datos de la Encuesta Financiera de Hogares del Banco Central, el 86% de la mediana de la riqueza neta de los hogares en Chile se concentra en personas mayores de 50 años. Esta riqueza se encuentra fundamentalmente en activos reales, donde la vivienda propia representa más del 90%, otorgándoles una solvencia estructural que el mercado aún no termina de dimensionar. De hecho, esta población es intensiva en ahorro e inversión, más que otras cohortes poblacionales.

Casi 3 millones de personas mayores de 50 años participan activamente en el mercado laboral chileno, lo que representa un tercio de la fuerza de trabajo, aportando experiencia y resiliencia críticas que no siempre son correctamente valoradas. Según datos recientes de Clapes UC, el tiempo promedio de búsqueda de empleo para los mayores de 50 años supera los 10 meses (versus un promedio nacional de 7,6) y puede acercarse a un año en el caso de puestos con alta calificación.

Asimismo, el dinamismo ocupacional de la economía plateada es vulnerable, pues su inserción laboral ocurre frecuentemente en el mercado informal, lo que limita su protección social y estabilidad. Más aún, según datos de la Encuesta de Capacidades Financieras de CAF-CMF, la economía plateada concentra el 76% de los microemprendimientos del país.

Este segmento no es homogéneo y enfrenta brechas operacionales profundas. Los adultos de 60 años y más exhiben los puntajes más bajos en conocimiento y comportamiento financiero. Esta situación se ve agravada por un déficit digital crítico, con un bajo uso regular de herramientas tecnológicas y casi nula capacitación digital formal. La complejidad de las plataformas financieras actuales, sumada a la falta de un diseño gerontológico —botones pequeños, interfaces confusas y lenguaje técnico—, genera frustración y abandono. Como consecuencia, la inclusión financiera real es baja, lo que restringe su capacidad de respuesta ante eventos adversos.

Para capitalizar los desafíos y oportunidades que ofrece la economía plateada, las políticas públicas deben transitar desde un enfoque asistencial hacia uno de desarrollo económico. Los desafíos más urgentes incluyen:

  • Incentivos al empleo senior: Es imperativo modernizar la legislación laboral para fomentar jornadas flexibles y programas de reciclaje de habilidades. La longevidad debe ser un eje central de la planificación estratégica del país, permitiendo que quien quiera seguir aportando pueda hacerlo sin las barreras rígidas de la jubilación. El sistema debe fortalecer el emprendimiento senior, reconociendo este segmento como un actor económico capaz de incrementar el valor agregado de todo el ecosistema.
  • Transición digital inclusiva: Ante la reducción de sucursales y cajeros, es imperativo que la transición digital no profundice la exclusión. Se requiere una capacitación integral que incluya instrucciones paso a paso, seguridad digital y, críticamente, apoyo humano accesible como alternativa a los canales puramente digitales. Las instituciones deben segmentar y simplificar sus productos y enfocar la educación financiera no solo en la teoría, sino en reducir el miedo al error y fomentar la confianza práctica en el uso de servicios.
  • Gobernanza institucional: Coordinar esfuerzos para ver el envejecimiento no como un gasto fiscal, sino como un ecosistema de innovación que requiere ciudades amigables e infraestructura de cuidados. Es urgente desarrollar mecanismos que permitan mutualizar los riesgos de pérdida de autonomía, incluyendo el impulso a seguros de dependencia, sistemas públicos de cuidado y herramientas financieras que permitan transformar la riqueza acumulada (como los activos inmuebles) en flujos de ingresos sostenibles.

Lograr que los chilenos vivamos más fue un éxito del siglo XX. El reto del siglo XXI es lograr que vivamos mejor, con autonomía, dignidad y seguridad financiera. Entender adecuadamente la Economía Plateada nos permitirá construir una hoja de ruta para convertir el desafío demográfico en bienestar y crecimiento compartido.

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