La más macro de todas las brechas, que no es ahorro, sino que el flujo de donde vendría la capacidad de generar y acumular recursos para periodos complejos, es nuestro bajo crecimiento. Algunos podrían alegrarse con el 2,5% del 2025 y un promedio cercano a 2% de la última década, pero claramente no son los mejores números.
Cuando ya han transcurrido cinco semanas de conflicto en Medio Oriente, la región, el flujo de comercio internacional y buena parte de los mercados han mostrado sus efectos negativos. Más allá de las reacciones y recomendaciones de corto plazo, en una mirada más estructural surgen ciertas preocupaciones que, necesariamente, se debieran abordar para tomar nota de los estragos que provocan conflictos de esta naturaleza, de manera de atenuar o protegerse, al menos en parte, de sus efectos. Estos incluyen dependencia energética, diversificación de exportaciones en productos y destinos, y los ya habituales ahorros públicos y privados para periodos de estrés.
En la columna anterior revisamos la necesidad y nostalgia por el “colchón fiscal” que Chile tuvo en el pasado para enfrentar las crisis externas que suelen impactar el crecimiento global, los precios de nuestras exportaciones y el costo y acceso a financiamiento externo. No vale la pena insistir demasiado en esto, si el Banco Central analizó estos factores (y escenarios) con detalle en su último Informe de Política Monetaria.
Y siguiendo la línea de recomendaciones del Consejo Fiscal Autónomo, que a costa de algunas “funas” de sectores políticos, instaló como una brecha muy relevante a cerrar el reconstruir fondos soberanos. Difícil, pero no imposible.
Pero al escuchar esta semana al Ministro del Trabajo, Tomás Rau y a un panel de expertos sobre mercado laboral, queda en evidencia una segunda brecha que tiene al menos un par de aristas. La primera es la divergencia entre crecimiento de la actividad que, si bien ha sido pobre, ha sido superado por una dinámica aún más mediocre de la creación de empleo (sobre todo en empleo formal).
Y la segunda que preocupa tanto o más que la anterior, es que se crea empleo solo en grandes empresas, mientras que las pymes, que generan más de la mitad del empleo, han venido destruyendo puestos de trabajo. Más aún, si miramos nivel educacional, son las personas con menor escolaridad quienes más pierden en este ciclo. Si el Estado tiene escasos ahorros y una gran cantidad de familias difícilmente puede acumularlos con este mercado laboral, el tema se complica aún más.
Hay que considerar que estas brechas se han construido sin una crisis cerca. Es cierto que avanzamos en el ahorro para el larguísimo plazo con la reforma de pensiones, pero acá hablamos de temas de mediano plazo que generen una red de contención para superar crisis, que por supuesto no nos lleven de vuelta a los nefastos retiros de fondos de pensiones.
Ante los dos puntos anteriores, una crisis extensa o profunda llevaría, dada la ausencia de ahorros, a mayor endeudamiento, un tema que se ha tornado especialmente sensible para el sector público y que siempre ha sido complejo para las familias.
Y, la más macro de todas las brechas, que no es ahorro, sino que el flujo de donde vendría la capacidad de generar y acumular recursos para periodos complejos, es nuestro bajo crecimiento. Algunos podrían alegrarse con el 2,5% del 2025 y un promedio cercano a 2% de la última década, pero claramente no son los mejores números.
Respecto de nuestros socios comerciales y el mundo, en números gruesos, hace un par de décadas atrás Chile crecía en torno a 1 punto porcentual por encima de ellos. La última década nos muestra una expansión 1 punto por debajo del mundo. Todos los países hacen esfuerzos por acumular y renovar capital, crecer también de la mano del empleo y, si hay algo de suerte, anotar ganancias en productividad.
Es cierto que Chile mejoró algo en este aspecto en el último tiempo, luego de años perdidos, pero lo que viene hacia adelante se vuelve aún más desafiante en un contexto donde países como EEUU y China logran avances sustantivos a través de la inteligencia artificial. Como referencia, el recuadro sobre crecimiento tendencial del PIB que publicó el Banco Central se ubica en 1.9%. Más bajo imposible. Si el país como un todo crece a ese escuálido ritmo, que queda para la dinámica de hogares y empresas.
En este sentido, se hace clave que nuestro capital humano adquiera nuevas competencias, que permitan que seamos más productivos, con mayor flexibilidad para nuevas tareas, y que impulse el crecimiento a un ritmo similar (y ojalá superior) al del resto del mundo.
Quizás sea una de las claves más relevantes para movernos hacia los equilibrios que tuvimos en el pasado, con un Chile más pobre, pero mucho más dinámico. Si no hacemos nada, es posible que estas brechas se amplíen aún más.
El conflicto en Medio Oriente: La necesidad de un colchon fiscal. Por Felipe Jaque https://t.co/9ZPawbugGl
— Ex-Ante (@exantecl) March 2, 2026
