No teniendo nada que ver con eso que llaman “prosa poética”, la novela “Vida de Hannah Coulter” es de esas que capturan la belleza en estado puro. Un relato diáfano, impecable, lleno de detalles reveladores y que, en muchos sentidos, nos hace cambiar las perspectivas con que a veces afrontamos la vida.
Hay novelas que te conquistan porque te dan los cachos y no hay manera de eludir la forma en que te emplazan. Hay novelas donde lo que más admiras es la arquitectura de la trama. O la consistencia de los personajes. O el punto de vista desde el cual está contada la historia.
Vida de Hannah Coulter es otra cosa. Aquí lo que te impresiona, lo que te emociona, lo que te conmueve muchas veces hasta el borde de las lágrimas es pura y simplemente la belleza del relato. A ver, a ver. ¿Belleza por la construcción de las frases? ¿Belleza por sus fugas líricas? ¿Belleza porque está escrita en esa práctica un tanto sospechosa que se llama “prosa poética”?
Por favor, no. Belleza porque hay belleza en este mundo y porque una de las grandes responsabilidades del arte, bueno, es descubrirla, transparentarla, capturarla para que la podamos sentir.
Vida de Hannah Coulter es una novela muy simple. Una mujer ya bastante mayor pero todavía lúcida recuerda lo que ha sido su vida de granjera en las inmediaciones de Port William, Kentucky. La verdad es que el pueblo como tal no existe. Es una invención del autor. Es como el Macondo de García Márquez, como el condado de Yoknapatawpha de los libros de Faulkner, como Santa María, la ciudad ficticia de Onetti. Pero, para concebirla, Wendell Berry se inspiró en Port Royal, su pueblo natal, ubicado también en el cruce de los ríos Kentucky y Ohio.
La narración de la protagonista recupera su infancia, que fue difícil y desdichada desde el día que murió su madre y, más que eso, desde que su padre volvió a casarse y llevó a casa una mujer que le hizo la vida imposible. El relato también recoge su magnífica relación con la abuela, que fue su gran escuela de sentimientos y de contención. Sus esfuerzos por superarse en la escuela. Sus esfuerzos por ser alguien y bancarse un destino propio al salir de casa. Su enamoramiento y matrimonio con un chico bueno, sencillo, inocente, que termina convocado al frente europeo en los días de la Segunda Guerra. La tragedia de su muerte. El golpe devastador de lo que fue ese duelo (en esta parte, recuerda títulos canónicos como Una muerte en la familia, de James Agee, o El año del pensamiento mágico, de Joan Didion).
El relato luego cubre su segunda oportunidad de la protagonista, con otro muchacho campesino, también pobre, también sencillo, que la acoge no solo a ella sino también a la hija pequeña que quedó del matrimonio anterior. Todo esto en el contexto del trabajo duro, constante, inacabable, siempre exigente, de una granja que demanda atención, podas, cosechas, siembras, riegos, animales, reparaciones, alimentos, preparaciones en la cocina, desvelos, contratiempos, emergencias y sudores todas las semanas y todos los días del año.
Estamos frente a un rescate de lo que fue la vida de los granjeros estadounidenses en gran parte del siglo XX, antes que la industrialización acabara con el estilo de vida del mundo rural americano y mucho antes que la modernización convirtiera, tras el desarraigo, a gran parte de del estamento campesino, en pasto de la pobreza, de la disociación y, en las peores derivadas, de la white trash.
Lo que narra este libro es cómo eran las cosas antes de todo eso. Vida de Hannah Coulter sitúa el punto de inflexión del cambio económico y cultural que se produjo en el campo norteamericano cuando el gobierno de Nixon instó a explotar la tierra en mayor escala por razones de eficiencia. O crecen o desaparezcan, les dijeron a los granjeros. Eran dos maneras equivalentes de morir. Y es lo que iba a terminar ocurriendo en el sector, vía la mecanización, la introducción del concepto de empresas agrícolas y la ruina de un sistema de vida de preparaba e incluía a todos para todos los desafíos de la vida, desde el nacimiento hasta la muerte. No solo hasta la muerte. Hasta mucho más allá de la muerte porque los que partían -padres, hijos, animales, vecinos, pastores, almaceneros, profesoras- seguían siendo parte de la memoria colectiva de esas comunidades por largas décadas.
Era difícil, claro, que ese mundo pudiera competir con los nuevos tiempos, con el magnetismo de las ciudades e incluso con los crecientes niveles de educación de la población. Una vez graduados, los y las jóvenes difícilmente volvían a sus granjas de origen. Preferían las nuevas oportunidades de la ciudad, del empleo, de contrato de trabajo, de la disco el fin de semana, de conexión con los fastos de la modernidad.
Hannah Coulter nunca salió de su terruño y el testimonio de su experiencia de vida, en los términos que traza Wendell Berry, es glorioso. Glorioso porque está asociado a las verdades de la tierra, a los ciclos de las estaciones del año, a los misterios de la concepción y el parto, a los rigores del desgaste, de la enfermedad y de la vejez. También a las ancestrales leyes de las expectativas, de los ideales, del fracaso y de la decepción, que al fin y al cabo son consustanciales a la vida.
Si Wendell Berry logra un retrato especialmente conmovedor de lo que fue el mundo de los granjeros americanos es porque proviene de ahí. No solo eso: porque hizo de ese espacio geográfico, cultural y ético el centro de su narrativa, al punto que la editorial que publica el libro en español, Chai Editora, ha abierto toda una franja de “novelas de Port William” en la cual deberían tener espacio sus ocho novelas y las decenas de cuentos que el autor dedicó a la vida rural.
Como todas las grandes novelas, Vida de Hannah Coulter interroga sobre los dilemas del deber y la evasión, de la responsabilidad y el trabajo, del esfuerzo y la felicidad, del sacrificio y el amor, del dolor y el placer, de la guerra y la paz. A pesar de algunas digresiones que a veces resienten la lectura, puede estar entre los libros más hermosos y conmovedores que he leído en mucho tiempo.

Vida de Hannah Coulter. Wendell Berry. Chai Editora. 2025. 260 pp.
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