Ascanio Cavallo y Antonio Martínez han escrito varios libros sobre la pantalla grande, pero probablemente ninguno tan divertido y sorprendente como “50 películas viejas” (Uqbar editores). Repleto de filmes entrañables, es de esos textos que dan ganas de correr a revisar cada título mencionado.
-Es una lista fascinante de 50 películas. ¿Cuál fue el criterio de selección?
Antonio Martínez: La base fueron 250 películas que comentamos, a lo largo de cinco años, en otros tantos programas en Teletrece Radio. Elegimos 50 y el orden en el libro es el que tuvieron en el programa, es decir, así fueron apareciendo. Son películas entrañables, es el primer criterio: cariño por el cine, por las películas en todo su arco y sin prejuicios: prestigiosas, raras, caras, desconocidas, baratas, célebres o despreciadas.
Ascanio Cavallo: Agreguemos que las seleccionábamos cuando tenían aniversarios importantes, de una o media década. Eso rebaja otro poco la arbitrariedad.
-No abundan los clásicos (ni Kane ni El Padrino, por ejemplo). Hay películas célebres (Cleopatra, Terminator). Pero la mayoría son poco conocidas. ¿Cuál fue el origen y el motivo de este libro?
AM: Los clásicos no necesitan más libros ni elogios, tampoco más créditos y referencias. En lo ignorado o en lo que se pasó por alto, también en lo incomprendido o incluso en lo despreciado, en ocasiones, hay tanto cine como en los clásicos.
AC: A veces conviene dejar descansar a los clásicos de academia y salir al patio del recreo…
-¿Por qué decidieron estas películas y qué atributos estaban buscando? ¿Por viejas en vez de clásicas?
AM: El cine no vive solo de lo clásico, vive de las películas, de todas ellas, y de películas que se hacen viejas con la rapidez del sonido y la tecnología. Son 50 películas viejas que cada una a su manera buscan lo que tanto cuesta encontrar: la tierra prometida, el horizonte de grandeza y el tesoro escondido.
AC: Viejas son todas, hasta la del mes pasado. ¿Un atributo? Que fuesen buenas películas, buenas sin condiciones, sin importar origen, género o fama.
-¿Cómo es posible mantener una amistad de cinéfilos tanto tiempo?
AM: Es posible cuando no se le busca explicación.
-¿Cuáles han sido las mayores divergencias que han tenido? ¿Hay directores que provoquen discusiones álgidas?
AM: De las divergencias no nos acordamos y a estas alturas ninguna discusión es álgida.
AC: Eso sí. Nada es álgido ahora último.
-¿Cómo conectaron de jóvenes como fanáticos del cine y de qué manera ha influido en su amistad?
AM: Nos gustaban las películas e influyó, claro que sí: las películas nunca se acaban.
AC: Nos conocimos en Madrid, hace más de cuarenta años, y Martínez pasó todas las pruebas que un cinéfilo le hace a otro para saber si es de los nuestros. El resto, como ves, es muy largo…
-¿Cómo van al cine si siguen yendo? ¿Les gusta ir juntos? ¿En qué posición de la sala les gusta colocarse?
AM: Cuando íbamos a las privadas (proyecciones especiales para la prensa), pero de esto hace mucho, en las filas de atrás. Ahora no vamos a las privadas, y cada uno va al cine por su cuenta.
AC: En las de atrás, porque entonces había críticos vehementes que de repente lanzaban cosas a las filas de adelante. El pensamiento crítico en acción, se podría decir.
-¿Creen que youtube o el streaming han mejorado o empeorado la experiencia de ver cine?
AM: Todo cambio mejora y empeora la situación previa, en una palabra: la modifica, eso es verdad. Sucedió con el traslado del cine silente al sonoro y del cine en blanco y negro al color. Conocimientos que se aprenden y oficios que se pierden. Sensaciones que se olvidan y percepciones que aparecen. Lo mismo ahora. No hay que exagerar.
AC: La experiencia de la sala oscura, el público callado, la pantalla grande y el gran sonido es muy singular y se ha reducido mucho. A mí me parece que esa forma del cine agoniza. Ahí tienes una divergencia.
-¿Han tenido discusiones sobre la mejor película de todos los tiempos?
AM: No.
AC: Ningún cinéfilo serio se plantea esas cosas. Hasta que te piden un odioso ránking. El consejo es no responder.
-¿Hay géneros que no aprecien tanto como el terror?
AM: La situación con el terror es la siguiente: Martínez aprecia el género,
Cavallo no lo desprecia.
-¿Quién es el más grande director vivo y por qué?
AM: Martin Scorsese. Se podría decir que para el cine es como la Biblia: ahí está todo.
AC: De acuerdo. Los demás se han muerto.
-¿Pueden elegir tres películas de este libro y por qué?
AM: “El pisito” (1958) de Marco Ferreri. Es gente de una España pobretona y cruel que piensa que cambiando de departamento le cambiará la vida. Probablemente no.
“Campanadas a medianoche” (1966) de Orson Welles. Es un genio, pero uno feliz, que protagoniza, dirige y adapta a otro genio: Shakespeare.
“El desafío” (1958) de Francesco Rosi. Es una historia que está en el título de otra película: la tragedia de un hombre ridículo.
AC: De acuerdo. Yo agregaría otras dos, para que sean cinco:
“La carreta fantasma”, de Victor Sjöström, un prodigio sueco que anticipa a Bergman, Tarkovski e incluso a Kubrick.
“Tuyo es mi corazón”, de Alfred Hitchcock, la película más desgarradora de un director que nunca fue tímido con el desgarro.
-¿Que valoran más en una película?
AM: Las mejores son las que empiezan después de terminar y se quedan contigo y nunca más se van, por lo que sea: por la historia o un asunto de belleza, algún descubrimiento, una secuencia o acaso un par de frases. No importa la razón, lo que importa es que se quedan. No hay mayor valor.
AC: Un romántico, Martínez. A mí a veces se me quita el habla, entonces uno sabe que he entrado en otra dimensión. Pasa poco, pero cuando pasa es como si vieras el Cielo. Según María Gaínza, Cézanne decía que ciertas montañas te hacen gritar “¡me cago en Dios!”. Pero después agregaba que, para el día a día, con un simple cerro hay de sobra.
FICHA DEL LIBRO

50 películas viejas
-Autores: Ascanio Cavallo y Antonio Martínez
-Uqbar Editores, 2025
-172 Páginas
