Mayo 6, 2022

Baja del Apruebo y crisis de orden público sacan a Boric de su zona de confort. Por Jorge Schaulsohn

Abogado y ExPresidente de la Cámara de Diputados

Presionado por la crisis de violencia, Gabriel Boric está pagando el precio inevitable en credibilidad que conlleva haber cambiado su discurso respecto del orden público y decir hoy lo contrario de lo que decía antes y proponer lo que rechazaba. Algo similar al giro que se vio obligado a hacer sobre el plebiscito de salida, donde con la baja del Apruebo se abrió a considerar legítima la opción del Rechazo.


El Presidente Gabriel Boric es un hombre de izquierdas; un anti reformista, un revolucionario que en su brevísima carrera política no ha escatimado palabras para expresar su lejanía con el orden establecido y su distanciamiento con la transición y sus protagonistas.

El uso de la fuerza por parte de las policías no era lo suyo y su relación con los carabineros siempre fue hostil, como es natural para quién se enfrentó con ellos al otro lado de las barricadas. En ninguna circunstancia les dio el beneficio de la duda, siendo el primero en acusarlos de violar los derechos humanos.

Así ocurrió en el caso del malabarista de Panguipulli, del joven “arrojado” al Mapocho, del centro de torturas en Plaza Baquedano y muchos casos más. Pidió reiteradamente la renuncia del director de Carabineros y le imputó al ex presidente Piñera ser culpable de violaciones sistemáticas de derechos humanos, advirtiéndole que sería llevado a los tribunales internacionales.

Ha defendido la desobediencia civil y calificado como presos políticos a los procesados y condenados por delitos graves durante el estallido social, e impulsó una ley de amnistía para ellos. Como diputado se opuso al del estado de excepción en la Araucanía, a que las fuerzas armadas puedan proteger la infraestructura crítica, a la ley de control de armas, a penalizar el robo de madera y a la ley anti-barricadas. Antes de ser ungido como candidato presidencial, jamás condeno la violencia durante el estallido social ni en La Araucanía. Tampoco solidarizo con las víctimas.

El Presidente y sus aliados execraron al gobierno anterior por usar todas la herramientas constitucionales y legales del Estado para intentar controlar la situación de desorden público y terrorismo en la macrozona sur, como Ley Antiterrorista y la de Seguridad Interior del Estado. Destituyeron a un ministro del interior después de que había dejado el cargo solo para inhabilitarlo por cinco años en el ejercicio de empleos públicos.

Hago este recuento para contextualizar y entender lo difícil que es para este Gobierno verse enfrentado a una crisis de orden público gigantesca, que lo está consumiendo por dentro y de la cuál sólo puede salir con éxito si cuenta con la colaboración de carabineros y las fuerzas armadas que tanto castigó, y aplica las leyes vigentes sin cargo de conciencia.

Con las carreteras ocupadas por los camioneros, la Araucanía en llamas y la delincuencia desatada, se observa al Gobierno desesperado buscando formulas alternativas para no cometer el “sacrilegio” de recurrir a las fuerza armadas para que, en colaboración con las policías alivien en sufrimiento y la inseguridad en el sur.

Se esgrime el argumento absurdo de que el estado de excepción que existió hasta hace poco “no resolvió” el problema. ¿Por qué habría que esperar que la presencia de las FF.AA. resuelva el problema? ¿Acaso no basta con que hayan disminuido los actos de violencia y que los ciudadanos se sientan más seguros? No veo qué podrían hacer los militares que resulte más útil en este momento que apoyar a los carabineros. Sin embargo, eso implica arriesgarse a ser acusados de “militarizar” el conflicto mapuche, estigma intolerable para este gobierno.

Tengo claro que el Presidente Boric ha modificado su discurso y su manera de pensar en el tema del orden público y su relación con carabineros y ya no se habla de refundar; que asumió el rol de presidente de todos los chilenos con espíritu republicano y democrático; pero desgraciadamente la gente, en este tema, no le cree, ni a él ni a su gobierno.

Hay un cuestionamiento a la sinceridad, a la falta de convicción de personeros que hasta hace solo unos meses decían todo lo contrario. Y de consecuencia entre lo que se dice y se hace. Ahora vemos al Gobierno en un esfuerzo desesperado tratando de aprobar una ley que permita a las Fuerzas Armadas resguardar la infraestructura crítica incluyendo las carreteras que denominan “estado intermedio”. Es decir, exactamente lo mismo que ayer como oposición rechazaron.

Las encuestas no son buenas para el Gobierno en general y para el Presidente en particular; además del problema del orden publico y la delincuencia lo está afectando el gran descontento con la Convención y el fantasma del Rechazo.

El Presidente se jugó el destino de su gobierno al triunfo del Apruebo lo que hasta hace poco parecía una apuesta bastante razonable pero que hoy no lo es tanto. Una seguidilla de encuestas y estudios de opinión muestran una inclinación al Rechazo. El pánico cunde en el Gobierno que también conoce y maneja sondeos.

Gabriel Boric cruzó el “Rubicón” y corto el cordón umbilical entre el Gobierno y el resultado del plebiscito al declarar que ambas opciones son legítimas y que él seguiría gobernando, cualquiera que fuese el resultado. Un gesto difícil, doloroso y audaz que fue muy mal recibido por sus partidarios en la Convención porque, según ellos, le presta ropa al rechazo. Lo que en cierta medida es cierto, ya que destruye el discurso catastrofista de un sector de la izquierda.

La situación está fluida y es perfectamente posible, incluso probable que se revierta cuando se polarice el tema durante la campaña en que veremos al propio Lagos llamando votar por el Apruebo.

El triunfo del Rechazo, que al día de hoy vaticinan todas las encuestas sería el equivalente a un misil hipersónico “Kinzhal” de esos que tienen los rusos, bajo la línea de flotación del régimen. Dejaría a Boric sin ninguna posibilidad de implementar su programa salvo el acuerdo con la derecha -pues continuarían vigentes los quorum calificados- y con una crisis existencial en Apruebo Dignidad de proporciones épicas.

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