Economía local: ¿A qué hora juega Chile?

Para nuestra proyección previa de crecimiento de 2% para este año, el balde de agua fría se reafirmó con los datos más recientes. Para que la economía alcance siquiera un crecimiento de entre 1% y 1,5% en 2026, sería necesario observar una recuperación significativa durante el segundo semestre.


Cerrando el primer semestre, las cifras de actividad y empleo acumulan un desempeño bastante pesimista. La economía habría crecido prácticamente cero en el periodo, la tasa de desempleo supera el 9% y la creación de empleo anota un magro avance. Más aún, los datos de alta frecuencia a junio vinculados a demanda interna, principalmente a la inversión, indican que la situación no mejoraría para el último mes del semestre.

Lamentablemente, para nuestra proyección previa de crecimiento de 2% para este año, el balde de agua fría se reafirmó con los datos más recientes. Para que la economía alcance siquiera un crecimiento de entre 1% y 1,5% en 2026, sería necesario observar una recuperación significativa durante el segundo semestre.

Para ponerlo en perspectiva, las encuestas de expectativas de analistas, realizadas a inicios de este año, apuntaban a un crecimiento en torno al 2,5%. Si algo ha cambiado en estos meses, el precio del cobre hoy es más alto y, a pesar del salto en el precio del petróleo por el conflicto en Medio Oriente, los términos de intercambio se han corregido al alza.

Las condiciones financieras globales son similares o, en el peor de los casos, marginalmente más restrictivas, y el crecimiento global algo más bajo a causa del shock de costos de los combustibles.

Es cierto que hemos visto anuncios y ejecución de recortes de gasto público, que el shock de petróleo se traspasó casi íntegramente a hogares y empresas, y que las tensiones geopolíticas pueden haber añadido incertidumbre a las decisiones de consumo e inversión. Pero con todo esto en la mesa, ¿hubiésemos apostado a crecer casi 1,5 puntos porcentuales menos que en la proyección previa?

Se puede levantar una serie de causas y razones detrás de este débil desempeño, puede ser la ya conocida combinación de trabas a la inversión, desincentivo a la contratación por costos laborales más elevados, shocks por entrada de nuevas tecnologías y otras más ligadas a sectores específicos como minería, pesca, agro y construcción.

Con suficientes diagnósticos a la mano y una agenda que al menos se ha corrido hacia crecimiento, inversión y empleo, la discusión de temas estructurales ya está instalada y veremos en los próximos meses que forma toma luego de su paso por el Senado. Pero eso es estructural y tomará tiempo que muestre frutos, mientras que la coyuntura (y la urgencia) se toma rápidamente la agenda.

¿Hay espacio para tener algo de esperanza en una recuperación en el segundo semestre e inicios del próximo año, más allá de que la base de comparación del segundo semestre del 2025 es más débil?

El ritmo y montos que están entrando a revisión al Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) pareciera ser una fuente de optimismo. A riesgo de cometer errores con la proyección (muy de moda en estos tiempos), tomando de base lo ingresado y aprobado entre enero y mayo de este año, los proyectos ingresados podrían acumular cerca de US$90.000 millones, respecto de unos US$60.000 millones en 2025.

El ritmo de aprobación que ha tenido la autoridad a la fecha podría llevarnos a montos superiores a US$50.000 millones este año, superando un muy buen número de aprobados en 2025. Y si esto se traduce en un incremento adicional de proyectos dentro del catastro de la Corporación de Bienes de Capital (CBC), junto a lo que esto implica para la inversión de la economía (siguiendo un recuadro del Banco Central publicado en junio de 2025), quedan luces de esperanza.

Las condiciones externas podrían dar un impulso más parecido a patrones históricos. Una eventual resolución del conflicto en Medio Oriente podría devolver algo de estímulo a hogares y empresas, una vez deshecha una parte relevante del shock al alza del precio del petróleo. Pero falta evidencia para sopesar de mejor manera cómo están impactando estos factores en el margen.

Quizás sea el minuto de evaluar la postura de política económica, fiscal y monetaria. Para generar efectos más inmediatos sobre inversión, empleo y actividad de sectores no ligados a los shocks de oferta, podrían barajarse algunas medidas fiscales bien focalizadas.

Esto claramente pone algo de tensión sobre el espíritu con que se instaló la nueva administración, pero pareciera ser que los tiempos actuales ameritan congeniar el corto con el largo plazo.

Por el lado de la política monetaria, la visión de que los shocks de oferta no han generado una mayor holgura de capacidad o, dicho de otra forma, espacio para recortes de tasas, pareciera perder algo de terreno con las nuevas cifras. Está claro que una política económica para hacer frente a este ciclo no resolverá los problemas estructurales, pero parafraseando a un gran economista, si el contexto cambia, vale la pena revisar la hoja de ruta.

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