¿Quiere ayudar o no la centroizquierda a que Chile salga del estancamiento?

Una política genuinamente progresista debe anteponer el interés nacional a las servidumbres del partidismo. Es lo que se jugará en los próximos meses, cuando el país procure salir del estancamiento y estimular el crecimiento económico en un contexto difícil, agravado por los enormes daños causados por los temporales.


Es evidente que los partidos de la antigua centroizquierda no saben hacia dónde quieren ir. No consiguen definir un horizonte que muestre que algo han aprendido de los gruesos errores de los últimos años. Lo prueba su zigzagueante posición en el debate parlamentario sobre el proyecto de ley de Reconstrucción Nacional aprobado por el Senado y que ahora vuelve a la Cámara. Lo peor es que no aclaran cuáles son los valores a los que conceden prioridad. Los bochornosos episodios de desacuerdo dentro del PS y el PPD lo han dejado de manifiesto. 

No está en discusión la legitimidad del examen crítico de este o cualquier proyecto del Ejecutivo por parte del Congreso. Era, además, indispensable en el caso de una iniciativa tan ambiciosa como la referida, que se orienta a romper la tendencia que condujo al estancamiento de la economía y al incremento del desempleo. El país necesita imperiosamente volver a crecer de manera sostenible, lo cual supone un esfuerzo por eliminar amarras y alentar la inversión. El punto es si los opositores comprenden tal necesidad y cooperan para crear los mejores instrumentos legales posibles para enfrentar dicho desafío o, por el contrario, hacen lo posible para que se frustre tal perspectiva.

El PC y el FA tienen las cosas perfectamente claras. Su reaccionario enfoque clasista ya determinó que, como el gobierno de Kast es de ultraderecha y solo quiere favorecer a los ricos, hay que combatirlo en toda la línea. A lo mejor, los dirigentes del FA, que ahora dicen querer el socialismo, creen que su percepción de la sociedad es novedosa, pero en realidad es antiquísima. El principio movilizador es “tanto peor, tanto mejor” o, como se decía antes, agudizar las contradicciones. En otras palabras, si Kast fracasa, es bueno para la causa del pueblo.

Lo que cuesta entender es que los exconcertacionistas sigan condicionados por ese izquierdismo primitivo, que los lleva a actuar como si tuvieran que rendir examen ante el PC y el FA para no ser calificados de traidores. ¿Y examen de qué sería ese? ¿De combatividad anticapitalista, tal vez? ¿De reciedumbre contra los enemigos de los trabajadores? Algo como eso, aunque quizás sea excesivo buscar razones ideológicas para esa línea, que más bien puede responder a vulgares motivaciones de poder. Paulina Vodanovic, presidenta del PS, quien ha buscado favorecer una disposición dialogante de su partido, dijo que se equivocan los que dicen que en el PS hay 2 almas, porque en realidad son 10.      

Las motivaciones de la izquierda comunista/frenteamplista son transparentes: en primer lugar, está la necesidad de tener al frente a un enemigo aborrecible, que encarne la insensibilidad social y el egoísmo, contra el cual corresponde concentrar todos los fuegos. De allí se deriva que cualquiera que dialogue y establezca acuerdos parciales con los representantes de ese enemigo, está traicionando a las “fuerzas progresistas”.

Hay que reconocer la destreza que ha desarrollado esa izquierda arcaica para ejercer presión moral sobre los exconcertacionistas. Por ejemplo, no son pocos los parlamentarios socialistas, pepedeístas y democratacristianos que comparten la idea de rebajar el impuesto de primera categoría a las empresas, como lo establece el proyecto del gobierno, con el fin de favorecer el ahorro empresarial, la inversión productiva y la creación de empleos, pero al final votan en contra porque los fiscales de la izquierda están vigilando. Como es obvio, esto vuelve cada día menos probable que surja una corriente de centroizquierda liberada de complejos.   

Una política genuinamente progresista debe anteponer el interés nacional a las servidumbres del partidismo. Es lo que se jugará en los próximos meses, cuando el país procure salir del estancamiento y estimular el crecimiento económico en un contexto difícil, agravado por los enormes daños causados por los temporales. Se probará en este período quienes están dispuestos a contribuir al empeño por el progreso real y quienes buscan poner obstáculos a ese empeño con distintos pretextos, incluyendo el de que todo lo hacen por el pueblo.   

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