El académico Pablo Ortúzar, doctor en teoría política por la U. de Oxford, cree que no habrá grandes sorpresas en la cuenta pública del lunes. Sobre la aprobación al Gobierno, comenta: “Lo interesante es que parece haber cierta comprensión y paciencia popular, porque uno habría esperado un juicio y una caída mucho más severa, y no ha sido el caso”.
-¿Cuál es tu opinión de la idea de acusar constitucionalmente a Nicolás Grau por la medición del déficit fiscal y la deuda pública?
-Depende. Si la acusación es evaluada de acuerdo al sentido que tiene dicho mecanismo, creo que es un abuso del mecanismo. Si es evaluada desde la práctica establecida por el propio Frente Amplio para su uso, que ha sido básicamente el matonaje político, tendría pleno sentido. En mi opinión se requiere una tregua de élites para sacar adelante al país, pero debe construirse en base a la verdad de lo que pasó durante el estallido, pandemia y proceso constitucional. Y no sé si la izquierda, y en particular rostros como Nicolás Grau, están dispuestos a reconocer lo que hicieron, pedir disculpas, y terminar con el ciclo de venganza que, si nadie lo detiene, seguirá hasta que triunfe el populismo contra ambos bandos.
-¿Piensas que una herramienta excepcional para sancionar infracciones graves a la Constitución o a las leyes se ha convertido en un recurso para obtener ventajas comunicacionales y políticas?
-Sin duda, y el Frente Amplio, junto con algunos otros sectores de la izquierda, son los principales responsables de la degeneración de este mecanismo, que se remonta a la oposición al segundo gobierno de Sebastián Piñera. Miguel Crispi, Yasna Provoste y Carlos Montes, entre otros líderes de la oposición, coordinaron una verdadera caza de brujas en contra del gobierno para unir a su propio sector. Recojo esa historia en la primera parte del libro “Dignos”.
-¿Cuál es tu evaluación de estos dos meses y medio del gobierno de Kast?
-Ha sido un proceso de constatación del desajuste entre las expectativas generadas por la campaña y la realidad de lo que saben y pueden hacer. De ahí la caída en las encuestas, impulsadas también por los embates de la política mundial. Lo interesante es que parece haber cierta comprensión y paciencia popular, porque uno habría esperado un juicio y una caída mucho más severa, y no ha sido el caso. En ese sentido, algo de la expectación sigue vigente, y hay que ver si el gobierno logra estar a la altura de ella.
-Una de las frases más comentadas del Presidente es que un libro puede costar 500 millones y no generar empleo. Como académico, ¿temes que haya cierto anti intelectualismo en Kast?
-No lo temo, lo asumo. Siempre han habido sectores de derecha que desconfían profundamente de las ideas, de la academia y de los intelectuales. Yo, por cierto, discrepo totalmente con ellos. Pero creo que también la fricción con ellos le entrega una oportunidad a esos agentes y espacios para revisarse, evaluarse y reflexionar. Una academia acrítica de sí misma, autocomplaciente y vanidosa termina justificando y validando ese antiintelectualismo.
Y la reacción a los dichos de Kast, hasta ahora, ha sido principalmente eso. Un gremialismo ciego y pedigüeño que no se atreve a tratar de responder en serio la pregunta respecto al buen uso de los recursos públicos, del que yo tengo serias dudas, especialmente en humanidades y ciencias sociales. Hace poco algunos voceros de izquierda se quejaban de que la izquierda no tenía buenos think tanks por un tema de financiamiento, pero ¿cuántos proyectos y claustros académicos financiados con dineros públicos, mirados de cerca, no son más que think tanks de izquierda? Por cierto, hay sólidas excepciones, pero no por ello tienen derecho a mirarse el ombligo y contentarse con eso en este debate.
-¿Qué te parece lo que hasta ahora ha hecho el ministro Arrau en seguridad, la gran promesa de José Antonio Kast? ¿Falta un foco o plan?
-Claramente no había plan en un sentido fuerte, sino la idea de gestionar mejor lo existente. De ahí la frase sobre la suficiencia del marco jurídico heredado de Boric. Está por verse si son capaces de cumplir con eso. Hasta ahora, lo hecho por Arrau parece promisorio.
-¿Qué esperas de la cuenta pública? ¿Crees que el Presidente puede dar un impulso o un giro a su administración?
-Asumo que Kast volverá a sus fenicios y tratará, desde ahí, de ordenar el relato y la praxis del gobierno, que se ha ido un poco en collera. Los cambios de gabinete previos a la cuenta tienen el fin de llegar a ella con la carga ordenada. No creo que haya grandes sorpresas.
