Cuba en su hora más oscura: ¿Cómo la “tierra prometida” se convirtió en Estado fallido?

La crisis cubana no es solamente económica. Es moral, política y humana. Un país que alguna vez despertó admiración mundial hoy depende de las remesas y el turismo, cada día más escaso. Una sociedad educada y talentosa fue condenada a vivir haciendo filas interminables para conseguir pan, combustible o medicamentos básicos.


Ofensiva de administración Trump. La noticia que golpeó al mundo esta semana fue la formulación de cargos criminales, por un Gran Jurado del Estado de Florida, contra Raúl Castro Ruiz, líder indiscutido del gobierno cubano.

  • Se le imputa haber ordenado la destrucción de dos avionetas tripuladas por cubanos residentes en La Florida en aguas internacionales durante una misión humanitaria de apoyo a compatriotas que intentaban escapar de la isla, cruzando el mar. Hecho ocurrido hace más de treinta años y que copó las primeras páginas de la prensa internacional.
  • Desde luego no es casualidad que después de tanto tiempo se haya “desenterrado” el incidente y que, el Fiscal de La Florida, en coordinación con el Departamento de Justicia dirigido por el exabogado personal de Donald Trump, hayan convocado un Gran Jurado que, tras conocer los antecedentes decidió imputar a Castro por el asesinato de los cuatro tripulantes de las naves.
  • La acción se inserta en el contexto de una ofensiva brutal de la administración Trump para desestabilizar al gobierno cubano; una operación que tiene todas las características de lo ocurrido en Venezuela, que culminó con la extracción de Maduro a Nueva York. El próximo paso será la emisión de una orden de captura en contra del imputado para que comparezca a la audiencia de formalización.

Una cruel dictadura. Hubo un tiempo en que la Revolución Cubana representó para millones de personas la promesa de un mundo distinto. La entrada triunfal de Fidel Castro a La Habana, en enero de 1959, fue celebrada como el nacimiento de una nueva era para América Latina.

  • Intelectuales, artistas, estudiantes y dirigentes políticos de izquierda encontraron en la isla un faro ideológico comparable, en impacto histórico y emocional, a lo que significó la Revolución Bolchevique de 1917.
  • Durante décadas, la épica revolucionaria cubana cautivó a generaciones enteras. La figura romántica de Che Guevara se convirtió en un ícono global. La alfabetización masiva, la expansión de la salud pública y la resistencia frente a Estados Unidos fueron exhibidas como pruebas de la superioridad moral del régimen.
  • Cuba exportó médicos, entrenó guerrillas y promovió una visión heroica de la revolución socialista. La izquierda latinoamericana, desde partidos tradicionales hasta movimientos armados, encontró allí inspiración, financiamiento y legitimidad.
  • Pero en el camino todo se fue distorsionando, torciendo; la revolución que prometía liberar al hombre terminó convertida en una cruel dictadura donde no se respetan los DDHH, condenando a su pueblo al hambre, el miedo, a la pobreza.
  • Desde 1959 que no hay elecciones libres, libertad de prensa, pluralismo político, libertad de reunión, derechos sindicales, independencia del poder judicial. Miles de opositores han sido encarcelados, torturados, perseguidos o forzados al exilio o al ostrasismo.

Doble moral. Cuba ha desarrollado uno de los sistemas represivos y de control más perfectos del mundo. Cada protesta social es respondida con detenciones masivas; en los barrios operan los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) encargados de espiar cada movimiento de los habitantes y denunciar las “conductas contra revolucionarias”. Lo que además trae como sanción la pérdida del empleo.

  • Y, sin embargo, durante años buena parte de la izquierda mundial se ha negado a reconocerlo. En latinoamericana romantizaron la experiencia cubana, justificando lo injustificable con el argumento de la resistencia antiimperialista.
  • Se condenaban las dictaduras de derecha mientras se relativizaban las cárceles políticas cubanas. Se denunciaban las violaciones a los derechos humanos en unos países, pero se guardaba silencio frente a la represión en La Habana. Esa doble moral terminó contribuyendo a prolongar una tragedia histórica.
  • En nuestro propio país el tema ha sido contencioso, factor de división entre el socialismo democrático y el partido comunista, que nunca ha cejado en su apoyo incondicional a la dictadura cubana. Como dijo Camila Vallejo “para nosotros lo que “Fidel Castro diga, reflexione, es una hoja de ruta”.

Ceguera ideológica. La excusa permanente para justificar la miseria reinante en ese país ha sido el embargo norteamericano, que sin duda ha tenido efectos económicos y políticos importantes. Pero convertirlo en la única o la principal causa del desastre constituye una forma de negacionismo y ceguera ideológica.

  • Porque la tragedia de Cuba no comenzó con el embargo, sino con la destrucción sistemática de la iniciativa privada, con la planificación centralizada de la economía, con la persecución al disidente, con el monopolio absoluto del poder y con la incapacidad estructural del “socialismo real” para generar prosperidad. Décadas de control estatal absoluto terminaron destruyendo los incentivos, la productividad y la capacidad del país para sostenerse sin subsidios externos.
  • Cuba sobrevivió siempre colgada de la ayuda de otros regímenes aliados. Nunca logró construir una economía funcional y autosuficiente. Primero fue la Unión Soviética, y después el petróleo venezolano. Cuando desaparecieron esos salvavidas, el colapso se transformó en irreversible.
  • En 1995, tras la caída del comunismo, Rusia le cerró la llave y comenzó lo que los cubanos llamaron “el período especial”, es decir la carencia de todo lo necesario para una vida digna; una etapa “transitoria” según los jerarcas, pero que nunca terminó, hasta el día de hoy.

Una crisis moral, política y humana. El éxodo masivo de jóvenes refleja la pérdida absoluta de esperanza. La revolución que prometía construir al “hombre nuevo” terminó expulsando a generaciones enteras que ya no creen en nada. Hoy, para muchos cubanos, el sueño no es defender la revolución, sino escapar de ella.

  • La crisis cubana no es solamente económica. Es moral, política y humana. Un país que alguna vez despertó admiración mundial hoy depende de las remesas y el turismo, cada día más escaso. Una sociedad educada y talentosa fue condenada a vivir haciendo filas interminables para conseguir pan, combustible o medicamentos básicos.
  • Una gran tragedia en la que se sacrificó a todo un pueblo en nombre de una utopía que nunca llegó: ya no representa la esperanza sino más bien es la radiografía de un fracaso; un país que vive su hora más oscura, con su “némesis” golpeándole a la puerta.
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